FANDOM


Se oyó un ruido que venia de la parte trasera del vehículo, trató de darse vuelta y no había nada, ni en los asientos ni en el maletero. Al cabo de varios minutos, se volvió a escuchar con una intensidad mucho mayor, pero esta vez estaba bajo sus pies; el hombre frenó el coche y se bajó muy despacio.

Rodeó el coche examinándolo de arriba a abajo con mucha precisión, no tenia arañazos, marcas o algún signo de maltrato, observó a su alrededor pues no sabía exactamente dónde estaba o cuánto le faltaba para llegar a su hogar. Se sentó de nuevo dentro del coche sin cerrar la puerta, pensando en cómo habia llegado hasta allí.

Horas antes...

- ¿¡Eh! ¡Mich! No te vayas aún, tenemos un juego muy interesante por probar.

- ¿Ah, sí? ¿Y cuál es ese "juego"? -respondió Mich, intrigado.

- Vamos a llamar un espíritu... Según he escuchado, una vez sea invocado te perseguirá durante toda tu vida, o lo que quede de ella. Si me entiendes, je...

- Oh. ¡Adelante! Pero, creo que será muy peligroso.

- No tengas miedo Mich, yo te protegeré como tu príncipe azul -dijo su amigo con un tono burlón.

Ambos se dirigieron al ático, pues según ambos y sus conocimientos estúpidamente básicos sobre esos temas, cuanto más oscuro y tenebroso más efectivo será el conjuro; se sentaron sobre un colchón arruinado, lleno de moho, y cada uno colocó una tabla sobre sus piernas.

Debían, antes de comenzar, colocar una hoja de papel negro ante sus pies. Posteriormente, tallar una estrella en las tablas y poner, de la misma forma, otro folio, blanco. Los pasos los tenían en un anotador junto a ellos, por si olvidaban algo.

Antes de proseguir, posaron velas moradas sobre las puntas de las hojas. Utilizaron su cera para sellarlas y que quedaran pegadas en la madera.

-Bien... ahora, Mich. Escribe lo que sea que le quieras preguntar en tu hoja y yo haré lo mismo en la mía.

Así lo hicieron. Por su parte, Mich preguntó: "¿Cuándo será el día de mi muerte?" Su amigo: "¿Cuándo ganaré suficiente dinero para ser millonario?"

Ambos apagaron sus velas y aguardaron, luego de unos minutos en silencio el suelo se estremeció, esto los invadió de terror, por lo que encendieron la luz y vieron que la hoja del suelo estaba sobre la pared. Mich, temblando, cogió la hoja y vio que estaba ligeramente dividida en dos por lápiz rojo. En un lado, colocaba "02-12-1995" y en el otro, exactamente el mismo número.

Mich era alguien de dinero, gracias a la grandiosa empresa que manejaba, pero no podía creer que su amigo también iba a serlo dentro de poco y sólo por acto de magia.

Poco después de haber terminado el ritual, Mich se despidió de su amigo y salió de su casa, dirigiéndose a su auto con el cual podría ir a la suya propia. Por lo que le había informado su madre, su hermano iría allí a pasar algún tiempo.

Una vez estuvo recostado en el asiento del vehículo y tuvo tiempo de pensar en todo lo que había pasado, sólo supo interpretar que había sido una pequeña broma de su amigo, lo que le hizo relajarse un poco; al fin y al cabo, ¿por qué él habría de morir el mismo día que su amigo se volvería millonario? Así fue, hasta que se percató de una serie de pequeños golpes bajo las ruedas del coche.

Al principio no les prestó atención y prosiguió su camino como lo haría normalmente, pero...

La cabeza estaba doliéndole intensamente, tanto, que no se fijó en la figura que se dibujaba a medida que el coche se acercaba a ella; la máquina lo golpeó con una fuerza bestial, a lo que Mich sólo supo responder dando un frenazo, dejando el coche de costado.

Miró hacia atrás, por si acaso veía a su víctima, cosa que no sucedió. Por segunda vez, sintió una presencia escalofriante cerca de dónde él estaba; salió del auto y dio varias vueltas, a ver si había sangre, un cuerpo, lo que sea... pero no había nada, ni un animal, ni siquiera algo que podría considerarse humano. Por un segundo, sintió su piel revolverse junto a la locura y estar rozando el borde de ella, pero un pequeñísimo detalle lo devolvió a la realidad.

Una mano delgada, casi esquelética, y ensangrentada sobresalía por debajo del auto. Mich casi no se atrevía a fijarse quién era la pobre alma que había asesinado, pues estaba ocupado imaginando qué haría ahora, aunque se vio obligado a ausentarse cuando la extemidad se movió escondiéndose debajo del coche lentamente.

El pobre hombre, aún asustado pero con algo de esperanza de salvarse, sólo pudo pensar en su propia vida al mismo tiempo que se arrodillaba mirando debajo del coche... su estómago estaba a punto de estallar por la visión aterradora que se imponía ante él, aquel ser salido del abismo que llamaba a su miedo no era una persona, no era un fantasma, y desde luego no era una criatura que habitara este mundo: era un ser deforme, cuya piel era blancuzca, que sostenía firmemente una rueda, mirándole con ojos resentidos.

Cicatrices cruzaban un rostro deforme (¿eso era un rostro?), sus "ojos" tenían un pequeño brillo amarillento, rodeados de las grandes bolsas que significaban sus ojeras. A través de una cavidad similar a una boca, sangre surgía a chorros. Obviamente estaba herido, pues apenas fue capaz de mover un par de músculos pude verse entre ellos huesos partidos.

Mich, aún en estado de shock por el escenario terrible que acababa de presenciar, cayó inconsciente en medio de la carretera.

Una vez se hubo levantado, prácticamente no recordaba nada; sólo que había terminado allí luego de una borrachera en casa de su amigo... ¿eso era? ¿O no? No lo sabía con precisión, pero la sangre negra que rodeaba las llantas de su auto revelaban que algo peor había sucedido por allí.

En su interior, prefirió no saber nada acerca de los sucesos que se habían dado en ese sitio, y buscó debajo del coche las llaves que se le habían caído, pues no estaban en su bolsillo. Muy a regañadientes, arrastró su mano entre la masa deforme y muerta, viscosa, que reposaba en el asfalto para recuperar lo que era suyo. Y las encontró, por suerte.

O eso creía, hasta que entre todo lo asqueroso que había allí abajo hizo ruido en el piso del coche, y tomó por los pies a Mich sólo para arrastrarlo debajo de su propio vehículo.

Curiosamente, ese mismo día, el mejor amigo de Mich cobró el dinero que le correspondía gracias al testamento de este, donde le dejaba los dos millones de dólares que había obtenido a lo largo de los años en su trabajo.