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El pitido del transmisor me hizo despertar con gran sobresalto y agradecí por un momento poder escapar de mis pesadillas. Creo que continuaré escribiendo en la computadora todo lo acontecido durante la última misión, ¿qué otra cosa puede hacer un solitario naufrago espacial vagando por el espacio inexplorado? Lo único que me mantiene relativamente cuerdo es dejar testimonio de todo lo ocurrido en mi diario de a bordo y juro que absolutamente todo es cierto.

Primer día:

El despegue ha sido un éxito y navegamos por el espacio sin problemas. Las comprobaciones de la nave han dado los resultados previstos. Se me ha puesto al mando de la misión Génesis con cinco tripulantes. El ingeniero Andrew Hopkins, la botánica espacial Mary Lee, los pilotos Frank Deep y Sergey Ivanov y por última la lugarteniente Elizabeth Brave, que ocupaba paralelamente el puesto de médico. Todos se muestran muy colaboradores y participativos, son profesionales que se entregan apasionadamente a su oficio. 

Nuestra misión consiste en aterrizar en el planeta Omega, allí deberemos encontrar la Nueva Esperanza que dejó de dar señales de actividad a las pocas horas de su aterrizaje. Debido a la escasez de recursos del planeta Tierra no podemos perder ni una sola perforadora que nos proporcione agua y según los estudios mas recientes el planeta Omega es quizás el más rico en la posesión de este preciado líquido, así como en otros minerales y materias de primera necesidad.

Segundo día:

Sin incidentes. Todo transcurre normalmente y hemos recorrido una distancia superior a la prevista, por lo tanto los resultados son óptimos. 

Tercer día:

Sin incidentes. Cumplimos con las estadísticas previstas.

Octavo día:

Por fin hemos llegado a Omega. Es enorme, su superficie rojiza es tremendamente similar a la de Marte, en realidad a nivel físico es muy parecido. Y pensar que cerca de la Tierra, al borde del Sistema Solar teníamos un planeta tan abundante en recursos de primera necesidad. Que ironía, el que había sido llamado El desierto inerte pronto se convertiría en nuestra mayor fuente de abundancia.

Noveno día:

Hemos finalizado las comprobaciones y tras procesar las mediciones realizadas por el ordenador hemos comprobado la estabilidad gravitacional y térmica del planeta. No hemos tenido problema en encontrar la perforadora Nueva Esperanza que estaba a pocos kilómetros del punto de aterrizaje y había caído dentro de una especie de cráter. 

Hemos terminado el informe de daños, tiene varias aberturas en los costados. Ha debido aterrizar forzosamente y rozar bruscamente con la superficie pues presenta daños en ambos laterales que parecen haber sido infligidos con una afilada cuchilla. Según Andrew los daños son serios, pero en dos días estará arreglada y en funcionamiento.

Décimo día:

Santo Dios, hemos encontrado lo que podría ser una forma de vida extraterrestre. Casualmente la lugarteniente Elizabet Brave descubrió una especie de colonia compuesta por cientos de huevos. Estos parecen no albergar vida alguna dentro pues se hallan prácticamente congelados o al menos cubiertos por una superficie semejante al hielo. A pesar de la insistencia de la lugarteniente en llevar una muestra a la base, me he negado categóricamente a llevar a cabo tal acción por la falta de información de que disponemos y la nula relación que guarda con nuestro objetivo primordial. 

Undécimo día:

Las reparaciones de la perforadora Nueva Esperanza han sido un éxito. Andrew está realizando las últimas comprobaciones, junto con Sergey y Frank, antes de ponerla en marcha.

He supervisado las reparaciones, la hemos arreglado y puesto en marcha. Lo conseguimos, lamentablemente nuestra compañera Elizabeth no parece compartir nuestro entusiasmo y más bien se dedica a contemplar aquellos extraños huevos. Ahora defiende fervientemente que podría tratarse de una forma de vida en estado larvario o prenatal, aunque creo que no es más que un jugoso cebo para que entre en su juego. No conseguirá quebrar mi autoridad ni me hará cambiar de opinión.

Esta noche podremos descansar tras la agotadora jornada y permaneceremos aquí cuarenta y ocho horas para revisar el funcionamiento de la perforadora y comprobar de esta manera que hemos completado correctamente nuestra misión.

Duodécimo día:

Santo Dios. Están por todas partes… han destrozado Nueva Esperanza y Lee está, joder… la han descuartizado. Esto es un infierno, menuda mierda, esos cabrones la han descuartizado… Nos hemos atrincherado en la nave, nos largamos de aquí en cuanto Andrew ponga el último motor de propulsión a punto.

Esas bestias son enormes, al menos dos metros. Sus chillidos eran horribles, parecía como si el silencio sepulcral del espacio permaneciera inalterable y aquellos horribles gritos estuvieran solamente en el interior de nuestra cabeza golpeando nuestras sienes. Joder eran abominables, sus cuerpos se asemejaban a una musculatura humana desprovista de piel que dejaba al aire libre músculos y venas. Tenían dos extremidades inferiores que les permitían andar a grandes zancadas debido a su excesiva longitud, contaban también con dos extremidades en forma de brazos y dos manos enormes de las que salían cuatro garras. Esas cosas tenía en su espalda una especie de joroba o yo que coño sé… les salía, no sé, una especie de extremidad en forma de tentáculo al que se anexionaba una cuchilla semicircular de un grosor desigual al resto de su cuerpo, como si fuese una pesada arma que no guardara relación alguna con su anatomía. No tengo tiempo para seguir, ya vamos a despegar.

Decimotercer día:

Oh gracias a Dios, estamos a salvo. Nos hemos alejado de aquella locura y ya navegamos por el espacio exterior. Todos los miembros de la tripulación están cumpliendo con sus tareas pero es evidente que este shock emocional nos ha impactado a todos y sin duda vamos a tener pesadillas con esto. La botánica, Mary Lee, no…ella…

La lugarteniente Elizabeth Brave queda suspendida de todas sus funciones con respecto a la toma de decisiones y podrá ejercer únicamente como médico, su puesto será ocupado ahora por Sergey Ivanov. Los cargos contra Elizabeth son desobedecer una orden directa y poner en peligro la vida de la tripulación al esconder a bordo uno de los huevos que encontramos en aquel maldito planeta. La ex lugarteniente ha alegado en su defensa que se trata de una especie que ha de ser estudiada y por lo tanto es necesario llevar un ejemplar para que sea analizado en la civilización, defiende fervientemente que el huevo no supone amenaza alguna. Como sus razonamientos se apoyan en teorías injustificadas y sin fundamento mi decisión es firme, queda relevada de sus funciones y el huevo será expulsado al espacio. 

Menudo día, ahora se ha roto el conducto de ventilación, durante el despegue golpeamos con algo, quizás eso haya provocado la pequeña abertura. Tardamos dos horas y media en arreglarlo entre Andrew y yo.

Decimocuarto día: 

El huevo ha desaparecido, nadie de la tripulación lo ha expulsado al espacio pues todos esperaban mi orden y la principal sospechosa asegura no haberlo tocado. Joder, oímos ruidos… parecen provenir del conducto de ventilación. Mierda, mierda… parece que tenemos un polizón a bordo. 

Elizabeth ha quedado en estado de shock, comenzó a culparse a si misma y hasta ahora nos ha sido imposible conversar con ella, es como si no pudiera escucharnos. Vamos a preparar una nave auxiliar y dejaremos la nave principal vagando por el espacio con lo que sea que nos acecha en su interior. 

Nos hemos armado con lo que tenemos a mano, desde un cuchillo de cocina a una llave inglesa, Andrew ha improvisado con sus herramientas una especie de lanzallamas. Quizás esta sean las últimas palabras que escriba en mi diario y…joder… no sé que decir, solo que espero poder volver con vida para ver crecer a mis pequeños y, bueno, yo…

Vigésimo primer día:

Definitivamente estoy en el espacio inexplorado, el radar de la nave auxiliar sigue sin dar señales de alguna Estación Espacial cercana. La soledad me está matando y las pesadillas son constantes. Cada vez que cierro los ojos oigo los desgarradores gritos de mi amada tripulación, veo sus cuerpos destrozados, el olor a sangre me sobreviene y hace que la bilis se agolpe en mi garganta y despierte con los ojos inyectados en sangre y gritando hasta que mis pulmones se quedan sin aire y acabo tendido boca arriba en el suelo respirando apresuradamente. 

No sé porque sigo escribiendo en el diario de a bordo, no tengo tripulación, ni soy ningún capitán, ni he de realizar misión alguna. Quizás escribir sea la única forma de mantener la cordura por eso empleare la computadora para explicar todo lo acontecido minuciosamente y aunque me pase algo, si encuentran esta nave podrán saber la verdad, quien sea…

Hace unos días lance una Baliza de Emergencia, la única que tenía, y grabe un mensaje pidiendo auxilio. Aunque si mi nave se ha desviado fuera del espacio controlado por los hombres nada me asegura que la baliza no haya sufrido la misma suerte y aunque la encontraran es posible que me dieran por muerto y ni siquiera iniciasen una búsqueda. Mi única esperanza es que encontraran la baliza y creyeran el mensaje grabado en ella, al menos así habré servido para algo y nadie más tendrá que pagar por mi incompetencia.

Jamás olvidaré los horrores que contemple en la apresurada carrera por llegar a la nave auxiliar. Elizabeth fue la primera en morir, ni siquiera se inmutó cuando una bestia como las que habían matado a Lee en aquel puto planeta se plantó ante ella…esa cosa la decapitó con la maldita cuchilla. Andrew fue el más valiente, cubrió nuestra retirada intentando calcinar a aquel cabrón con el lanzallamas pero este lanzó una llama demasiado pequeña y aquella monstruosidad empleo sus garras para… joder, lo descuartizó, fue horrible. Sergey tropezó, cuando estábamos a unos pocos metros de la nave auxiliar, cuando se levantó el alienígena le cercenó las piernas y se lanzó hacía nosotros para impedir nuestra huida. Cuando estaba introduciendo el código de acceso a la nave vi como ese monstruo se abalanzaba sobre el pobre Frank… joder, sus gritos, ojala nunca nadie tenga que ver a un hombre luchando por su vida, es tan cruel que, no sé….

Ojala nada de esto hubiera pasado. Sólo espero que encuentren la Baliza de Emergencia y nadie se vuelva a acercar a ese lugar infernal, sólo espero que sepan la verdad.

Seis meses después

El carguero espacial se desplazaba por el Borde Externo transportando una pesada carga de metales para la fabricación de naves. Su rutina quedó radicalmente interrumpida por un hecho bastante insólito.

- Capitán, hemos detectado una Baliza de Emergencia muy cerca de nuestra posición- el tripulante hablaba apresuradamente. ¿Qué hacemos, capitán?

- Es evidente inútiles, recogedla- el capitán hacía intranquilos movimientos con las manos a la par que lanzaba ordenes a toda la tripulación. Vamos, panda de gandules e ineptos coged esa maldita cosa.

Una vez que consiguieron recoger la baliza tardaron un par de horas en conseguir escuchar el mensaje que contenía pues había sufrido daños leves, parecía llevar mucho tiempo navegando por el espacio exterior. Cuando por fin pudieron activarla toda la tripulación pudo escuchar aquellas terribles revelaciones:

Aquí el Capitán John Bennett. Me hallo vagando en el espacio inexplorado, probablemente me he desviado en algún punto cercano a la zona nordeste del Borde Exterior. 

Toda mi tripulación ha sido bestialmente asesinada, tan solo quedo yo. Hemos descubierto formas de vida hostil en el planeta Omega, nuestra misión era reparar la perforadora Nueva Esperanza pero tanto esta como mi tripulación han sido victimas de esos alienígenas genocidas. Os aseguro que todo es real, a quien reciba esta información que la mande directamente a una Estación Espacial del gobierno y por favor, se lo suplico… que nadie vuelva a pisar jamás ese sitio, jamás. 

Sigo a la espera…