Wiki Creepypasta
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Corría el mes de mayo de 1997 y llegaba el segundo reemplazo del año. Los reclutas del primer reemplazo esperaban con ganas a sus nuevos compañeros, ya que así dejarían de ser el blanco de las bromas pesadas que habían sufrido durante tres meses por sus compañeros más veteranos.

Así era el servicio militar obligatorio, los nuevos aguantaban las bromas de los que llevaban más tiempo, y en la base militar del ejército de tierra situado en la pequeña población de Marines no iba a ser diferente.

- ¡Mira, ahí llegan los pollos! – se decían entre ellos al ver llegar a los nuevos reclutas -¡Que se vayan preparando! 

El nombre de “pollos” era un mote que se les ponían a los nuevos soldados. Unos soldados que en su mayoría llegaban con cara de circunstancias ya que todo aquello era un cambio de vida para ellos, aunque solo fuera por unos meses.

Habían pasado varios días y las novatadas empezaron a centrarse en un joven chaval de aspecto lánguido llamado Rodríguez. Este poseía un diario en el que después de cada jornada anotaba todas sus experiencias. Tal vez por este hecho, las burlas hacia él fueron mayores.

Era la noche del 30 de mayo sobre las once de la noche cuando todo comenzó. Rodríguez escribía en su diario bajo las sábanas con la luz de una pequeña linterna cuando de repente alguien dio un tirón a sus sábanas, eran los veteranos. Crespo, García, Pinto y Gómez se habían plantado en el cuarto de Rodríguez con no muy buenas intenciones.

- A ver pollo ¿Qué tienes ahí? – le decía Crespo en voz baja mientras le quitaba el diario de un manotazo - ¡Dámelo por favor, es algo íntimo! – le dijo Rodríguez apesadumbrado - ¡Vamos Crespo devuélvemelo! - ¡Chicos! ¿Queréis darle un vistazo? – Crespo le pasó el diario a García y este a los demás mientras que Rodríguez intentaba cogerlo - ¡Mirad las hojas, son de color rosa! ¡Seguro que es marica! – se decían entre ellos.

Crespo se percató de que la taquilla de Rodríguez estaba entreabierta y se le ocurrió la idea de meterle dentro. Le agarró del cuello y de un un empujón lo metió dentro de la taquilla.

- ¿Pero qué hacéis, sacadme de aquí? - ¡Silencio, cállate o te rompo la cabeza! ¿Me has entendido? – le contestó Crespo enfurecido.

En ese momento su compañero de habitación se despertó. - ¿Qué está pasando aquí? ¿Qué estáis haciendo? – les recrimino Serrano. - ¡Tú cállate! Enseguida te lo devolvemos, como digas algo… - Y tú… toma esto y escribe algo por el camino – le dijo Crespo a Rodríguez metiéndole el diario dentro de la taquilla.

Entre los cuatro sacaron la taquilla del cuarto, y en total silencio y con la ayuda del imaginaria que hacía guardia esa noche pudieron llegar hasta la piscina cubierta que estaba situada a pocos metros de allí.

La idea estaba clara. Tirarían a Rodríguez a la piscina, este saldría empapado y todos se echarían unas risas. 

Mientras, Rodríguez dentro de la taquilla pensaba en qué momento le dejarían salir, sin conocer todavía las ideas que tenían. 

Una vez estaban en la piscina pusieron la taquilla al borde y contaron hasta tres. - ¡Uno! ¡Dos! ¡y… tres! Al agua pollo… - los cuatro desalmados lanzaron la taquilla y con ella a Rodríguez al agua. Durante unos segundos estuvieron riendo, pero las risas se tornaron en silencio al observar que no salía de la taquilla - ¿Por qué no sale? 

Está tardando demasiado ¿no creéis?

Los cuatro se agacharon y observaron la taquilla en el fondo de la piscina. Entonces el miedo a lo que habían hecho les hizo salir corriendo de allí, y con la sangre fría se acostaron en sus cuartos pensando en lo ocurrido ¿Se habrá ahogado? ¿Habrá podido salir? Al día siguiente todas sus preguntas se resolverían.

A las ocho de la mañana tocó diana y todos los soldados se levantaron. Serrano, el compañero de Rodríguez se dio cuenta que su compañero no estaba en su habitación, incluso faltaba la taquilla, así que se acercó al cuarto de los veteranos a preguntarles por lo sucedido la noche pasada y cuando entró, Crespo le recibió y antes de que Serrano dijera nada le hizo un gesto, se puso el dedo índice en la boca pidiendo su silencio y después se pasó el dedo pulgar por el cuello como amenazándole si dijera algo.


Serrano se acabó de vestir y se acercó al comedor y allí se puso a desayunar. No dejaba de darle vueltas a lo sucedido con Rodríguez cuando se percató de algo que estaba ocurriendo fuera. Soldados de la policía militar corrían hacia el recinto donde estaba la piscina. Un mal augurio invadió la mente de Serrano ¿se trataría de Rodríguez? Corrió sin pensarlo hasta la piscina.

Cuando llegó, varios militares custodiaban la puerta de entrada, pero a través de una ventana lateral pudo observar algo espantoso, el cuerpo de Rodríguez yacía extendido y sin vida en una orilla de la piscina.

Pasaron varios días y la policía militar seguía investigando lo sucedido con el joven recluta. Habían preguntado a todo el mundo, oficiales, compañeros y al imaginaria, pero por no saber nada o por miedo, nadie se atrevía a pronunciarse, así que el trabajo cotidiano seguía su rutina, incluso para los asesinos de Rodríguez, que se habían conjurado en no hablar bajo ningún concepto de lo sucedido.

Entre los cuatro verdugos cada uno tenía un trabajo en la base y el trabajo de García era el de camionero. Su labor era la de tener a punto el camión que tenia otorgado desde que entró. Por eso tuvo que entrar en el foso para hacerle la revisión a los bajos del camión como hacía todas las semanas. 

Mientras que revisaba el camión con su linterna sintió una presencia, una sensación que le hizo girarse hacia atrás, pero no había nada ni nadie. Prosiguió su labor cuando, sin darse cuenta, detrás de él comenzó a derramarse gasolina como por arte del demonio. García centrado en su trabajo pudo ver un papel pegado a los bajos.

- ¿Esto qué es? – Cogió el papel que le resultaba familiar - ¡no puede ser, esto es una broma pesada! 

García tenía en sus manos una hoja idéntica a las del diario de Rodríguez, en la que había algo escrito. Su rostro palidecía a medida que leía su contenido.

- ¡esto no puede ser! - Se decía una y otra vez, cuando entonces escucho una voz rota llamándole. - Garcíaaaaa.

El joven recluta se giró entonces y pudo ver el horror ante él. Era el cuerpo empapado de Rodríguez al final del foso, estaba allí llamándole cuando de repente la gasolina prendió fuego. García sólo pudo gritar durante unos segundos mientras veía la silueta de Rodríguez entre las llamas. 

Los gritos alertaron a los demás soldados que solamente pudieron observar cómo ardía el foso bajo el camión. Tardaron casi una hora en extinguir el fuego dentro del hangar, y una vez apagado el fuego, sólo pudieron rescatar el cuerpo de García totalmente carbonizado.

La gente en la base estaba sobrecogida por los hechos ocurridos a Rodríguez y García. La policía militar todavía no había resuelto el primer caso y ya tenía un segundo por resolver. Mientras tanto Crespo, Gómez y Pinto, todavía conmovidos por lo sucedido, intentaban seguir adelante y no hablar de lo sucedido con su amigo, aunque en ocasiones les fuera imposible evitar el tema. 

Esa misma noche Gómez y Pinto cumplían una guardia nocturna, una guardia en la que debían vigilar la base a bordo de su Land Rover. 

- ¡Eh, Gómez! ¿Qué piensas sobre lo que ha pasado con García? - No lo sé. Me parece todo muy extraño – le dijo Gómez emocionado al hablar de su amigo, cuando entonces desde el cuerpo de guardia alguien les llamó al receptor… - ¡García, tenéis que ir al polvorín, alguien se ha dejado la luz encendida, comprobar que todo está en orden! - A la orden, enseguida subimos. 

El polvorín era una caseta militar situada en la montaña que contenía munición y armas. Gómez y Pinto subían hacia el polvorín en total silencio, sus mentes permanecían absortas por todo lo sucedido. Una vez en el polvorín, los dos soldados bajaron del coche y entraron dentro de la caseta.

- ¡Quién habrá sido el capullo que se ha dejado la luz encendida! – dijo Pinto irritado, cuando entonces se fijó en una nota que había encima de la mesa - ¡Gómez, mira esto! ¿No te parece que sea una hoja como las del diario que tenía Rodríguez?  Gómez y Pinto se acercaron a la mesa, y cogieron la nota en la que había algo escrito. Los dos comenzaron a leer la nota en total silencio. Sus rostros perdían el color por momentos.

- ¿Quién ha sido? ¿Quién ha escrito ésto? – Gritaba Gómez totalmente desquiciado, cuando entonces se cerró la puerta de golpe. - ¿Quién hay ahí? ¡Sal, da la cara!  De repente un machete que había en una estantería salió volando y se le clavó en el cuello a Pinto. García, aterrado por la escena intentó salir por la puerta, pero ésta se atrancó e intentó salir por una ventana, y cuando se situó delante de ella el pánico le dejó perplejo, al otro lado de la ventana se encontraba la figura de Rodríguez observándole totalmente inmóvil, cuando las hojas de las ventanas se cerraron de golpe. García intentó salir otra vez por la puerta y esta vez se abrió sin problemas.

Salió corriendo hacia el coche y se subió en él, intentaba no mirar hacia atrás, pues el pánico a ver a Rodríguez le aterrorizaba. Arrancó y puso marcha a la base, el miedo a todo lo ocurrido no le dejaba pensar, estaba totalmente bloqueado, cuando de repente por el estrecho camino se le apareció Rodríguez en medio de la carretera y de un volantazo se estrelló contra un árbol. Todavía con un soplo de vida pudo mirar su mano en la que se encontraba el papel que habían leído en el polvorín.

Murió casi instantáneamente.  Ya sólo quedaba uno de los cuatro asesinos con vida, Crespo. Un joven que hacía guardia esa misma noche en la garita de entrada de la base. Crespo no dejaba de darle vueltas a todo lo ocurrido cuando una hoja de papel de color rosa cayó lentamente desde el cielo a sus pies.

- ¿esto qué es? – se dijo para sí mismo mientras se agachaba a por el papel – esta hoja es como la del diario del pollo.

Crespo cogió la hoja y leyó su contenido en el que decía…

Lunes 30 de mayo: Crespo, tú serás el último en morir, morirás ahorcado y pagarás por todos tus actos.

- ¡Pero… ¡esta es la fecha en la que tiramos a Rodríguez a la piscina! ¡no puede ser…! ¡eres tú Serrano! ¡sal de donde estés!, ¡te mataré!

En el instante que acababa de leer la nota sintió una presencia detrás de él, y al girarse ahí estaba, era el pobre muchacho al que le hicieron la vida imposible y después acabaron con su vida. Era el cuerpo lánguido de Rodríguez, que pondría así fin a su venganza. Un grito de pavor dejó impregnado todo el lugar.

Cuando amanecía y la gente acudía a sus compañías pudieron ver el cuerpo del joven Crespo colgado de la torre del reloj que se encontraba en el área de maniobras. Rodríguez pudo vengarse así de sus verdugos y descansar en paz.

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