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Dick Mason, un joven que estudiaba en la escuela superior, de un aprovechamiento moderado y de un carácter inoportuno y efusivo estaba sentado en la sala de espera, frente al área de rehabilitación del hospital de Alabama, movía sus manos con una inquietud impotente, las juntaba, las separaba, entrelazaba los dedos, las cerraba, pero sus ojos se mantenían frente a la puerta de rehabilitación.

Estaba esperando que su padre saliera, o que al menos lo dejaran entrar a verlo, pues lo habían operado recientemente del apéndice y se encontraba en reposo. Su madre lo había obligado a ir al hospital para ver cómo estaba su padre de salud, pero Dick lo había aceptado a regañadientes, y fue a paso pesado hasta el hospital, que se encontraba a 5 kilómetros de su casa.

Dick se sentía irritado, pues le fastidiaba tener que esperar. Se levantó para entrar por su cuenta en la sala, cuando, de repente, una enfermera salió de esta sala y casi chocan, ésta le pidió disculpas y Dick, con falta de cortesía simplemente le preguntó:

-¿Cómo está el señor Mason?

-Al parecer estará en reposo  por unas horas, debería esperarlo hasta que lo demos de alta, pues parece que es usted el único familiar cercano que viene a verlo hoy-. Le contestó con amabilidad la enfermera.

Dick, sin darle las gracias se dio la vuelta y comenzó a rondar el hospital para matar el tiempo que le quedaba hasta que su padre saliera de este. Subió y bajó escaleras, recorrió pasillos, jugueteó con los elevadores, cuando una puerta abierta en la sala de Pediatría le llamó su atención, estaba entreabierta y él, sin tocar, asomó la cabeza.

Era un cuarto con una sola cama y pocos aparatos, sobre la cama había una niña que castañeaba de frio y temblaba por todas sus extremidades, aunque estuviera tapada muy bien con las cobijas del hospital, se estremecía de un lado a otro fuertemente,  sufría mucho a causa de una fiebre que la asolaba y desesperadamente la pequeña quería tocar el botón de emergencia en el panel de control que tenía a su derecha. Se estiraba con sus pequeñas manos debilitadas y con toda su energía para tocarlo, estuvo a punto de hacerlo, pero el panel se alejó de ella deslizándose bruscamente, eliminando toda esperanza de la pequeña.

Y allí estaba Dick, él había entrado y había retirado el panel del alcance de la pequeña niña con un rápido movimiento con su pie y sin inmutar una expresión divertida. Le emocionaba verla sufrir, verla retorcerse sobre sí  misma, la observó hasta que le dio un ataque y las máquinas con sus sonidos monótonos avisan que el fin está cerca. Se le crisparon los ojos que se fijaron en un punto específico, en Dick, la niña no dejó de verlo, como si no quisiera olvidar su rostro nunca, intentó levantar un brazo para hacerle un ademán o señalarlo, pero se le acabaron las fuerzas y quedó inmóvil.

-Dulces sueños -. Murmuró Dick que sonrió satisfecho por ver como se retorcía la pequeña criatura y como pasaba sus últimos momentos de vida.
Al poco tiempo acudieron los médicos y los enfermeros, la pequeña había muerto de un paro cardiaco. Dick, inmóvil, dejó entrar a los médicos, le interrogaron, pero él no les dijo nada, quitándose la carga de la muerte de la pequeña. Mientras la atendían, Dick vio caer de la mano inmóvil y débil de la niña una nota que había estado sosteniendo desde mucho tiempo atrás que decía: “Mis mejores deseos a L. B.”

-Vaya, una niña en fase terminal que sujeta un papel, tal vez son unas iniciales-. Pensó Dick al acercarse y tomar el papel, para después salir tranquilamente de la habitación en dónde había dejado morir a la niña y también un rastro de maldad, perversiones y un ambiente enfermizo.

………………
Era curioso, sí, un tipo muy curioso. Dick investigó en el hospital las iniciales L. B. que significaban Lillith Benson, una pequeña de 8 años que sufría de Fiebre Tifoidea y en un momento de descuido de los médicos, que no pudieron tratarla debidamente, ella sufrió mucho en sus últimas horas de vida.

-¿A quién le importa una niña morir? Se retorcía como gusano, fue tan divertido... Murmuró Dick después de investigar a la niña y en seguida regresó al área de rehabilitación con su padre, pues lo darían de alta a esa hora.

Después de esperar un poco, Dick y su padre salieron del hospital caminando lentamente, tomaron un taxi y  fueron a la casa de los Mason, donde al señor Mason le esperaba una bienvenida calurosa por su recuperación. Sin embargo, Dick se sentía incómodo, como si alguien estuviera con ellos, como si lo siguieran, como si lo observaran.

Pasaron las horas y se hizo de noche, las luces alumbraban la pesada oscuridad de las calles y el día comenzó su fase oscura, una fase fúnebre, una fase aterradora o encantadora, dependiendo de los ojos con que se mire.

 Dick estaba acostado en su habitación, perdido en sus pensamientos, no podría olvidar como se removía y cómo se retorcía esa pequeña a la que dejó morir en el hospital, no podría olvidar sus espasmos y no podría olvidar esa mirada, esa última mirada que con todas sus fuerzas hizo hacia él. Por alguna razón, solo pensaba en el nombre de Lilith. ¿Qué le preocupaba? Realmente nada, podía vivir tranquila y plenamente su vida.

-Venga, es solo una simple niña, no hay porqué angustiarse-. Pensó antes de cerrar los ojos e intentar dormir, pero incluso en su habitación se sentía observado… e incluso podía escuchar una débil, pero audible risita de alguien jugueteando. Y con estas preocupaciones, Dick se quedó profundamente dormido.

A la mañana siguiente, Dick realizó su rutina como lo más normal del mundo. Se levantó, desayunó, se fue a la escuela, sin embargo, el sentía que algo no iba bien, pues sus padres se habían comportado muy indiferentes con él. Pensó que habían discutido, pero lo rechazó, porque ellos hablaban bien y sólo cuando él se acercó hacían como que no lo veían.

No le tomó importancia y así transcurrieron varias horas. Sentado, en la escuela, comenzó a tener malestar, le empezaron zumbando los oídos y la vista le pesaba. Después de un rato, presentó dolor muscular y dolor de cabeza, todo en unas horas. Pensó que se había refriado, pero se contuvo de ir a la enfermería por temor a perder clases.

Unas cuantas clases más tarde no podía poner atención, comenzó a marearse y a debilitarse gradualmente, como si fundieran el hielo a una temperatura altísima.

-¿Qué demonios pasa? ¿Por qué me enfermo tan de repente?-Se preguntó estresado porque aún le faltaban varias horas antes de volver a casa.

En las siguientes clases se sentó hasta atrás, para que el profesor no lo viera mal y lo mandara a la enfermería. Fríos tremendos le recorrían la espalda y temblaba, como si el clima estuviera a 0 grados, combatía por poner atención, pero el aturdimiento le ganaba y terminó cayéndose del asiento.

-Joven Mason ¿le importaría no interrumpir mi clase?-Protestó su profesor al verlo en el suelo. Normalmente Dick le respondería poco educad amente, pero se sentía abatido y solo pudo decir:

-Disculpe, me…. siento…  un poco mal.-
-Si te sientes mal, deberías irte, no quiero que fastidies mi tiempo- Respondió su profesor.

Dick tomó sus cosas y sin mediar palabra o mirada salió del salón. Le costaba caminar, y mantener el equilibrio, se apoyaba contra los muros de la escuela y se dirigió a la enfermería, se tocó las mejillas, su cuello y su frente,  estaba ardiendo.

-¿Fiebre? ¿Por qué aquí y ahora?-se preguntó y no vio un pilar que sobresalía en el pasillo, chocó con él y tropezó, se golpeó fuertemente el brazo y a causa del dolor muscular le dolió muchas veces más.
Mientras se incorporaba, escuchó una risita, pequeña, casi audible, levantó la cabeza, pensando que era alguna chica que pasaba por allí casualmente y que se burló de él, pero su sorpresa fue que no vio a nadie.

-Debe… ser la fiebre-Dijo y llegó a trompicones a la puerta de la enfermería después de caminar unos momentos.

No tocó la puerta, simplemente entró y su desconcierto fue encontrar vacía la enfermería. Nunca estaba sola, por esto le extraño que no hubiera nadie.

-Menuda…. suerte la mía, qué mal servicio-. Protestó con voz baja y salió de la enfermería. No pudo ir a otro lugar que no fuera su casa, así que se encaminó lenta y dolorosamente.

En el camino la gente lo veía, pero no le prestaba atención realmente. Se burlaban de él, en especial los niños, por verlo tan extenuado que causaba lástima y pena. La cabeza estaba a punto de estallarse, pues le dolía tremenda mente y apenas podía mantenerse consiente.

Con las extremidades temblando, con la mandíbula castañeteado y con su agudo dolor muscular tocó por fin la puerta de su casa y nadie salió a recibirlo. Sacó las llaves de su mochila y abrió la puerta, atravesó el patio y llegó a la puerta principal, la abrió y se encontró con una casa vacía, pero había una nota en la mesa:

“Dick, fuimos de viaje, volvemos en 2 días”

Era la letra de su madre, no decía nada más, ninguna otra referencia. ¿Comida? ¿Deberes? No decía nada.

Dick suspiró y se dejó caer en el sillón de su sala, estaba ardiendo, tomó un termómetro y se tomó la temperatura, el resultado fue 41.2 de fiebre, él sabía que estaba muy mal. Quiso quedarse dormido, pero no pudo y solo ganó perder tiempo, cerraba y abría los ojos. Cuando creyó que se iba a dormir, la carta de sus padre cayó al suelo y aunque era un papel liviano y como estaba solo en casa, lo escuchó claramente caer, sin abrir los ojos supo qué era, pero después escuchó otra vez esa risita, la de la escuela y un escalofrío recorrió su espalda. Era una niña, sin lugar a dudas ¿Cómo entro a su casa? ¿Eran sus paranoias y la enfermedad? Se levantó precipitadamente del sofá y se acercó a la puerta. Miró su reloj y vio que eran las 7:00 PM

-¿Qué es esto? Cuando… llegué a casa….  eran las 3:00 PM ¿Cómo…. pasaron 4 horas tan rápido?- Se preocupó, pero no tenía tiempo para eso, debía llegar al hospital, era la única esperanza, sentía que su piel ardía cada vez más y apresurándose cerró las puertas de su casa y se encaminó rápidamente  a este. Debía recorrer 5 kilómetros, quiso pedir algún transporte, pero la calle estaba desolada tanto de autos como de personas, y la calle oscurecía rápidamente.

-Joder, el mundo está contra mí…-suspiró tristemente y se apresuró con paso tambaleante por las calles anaranjadas que en unos minutos serían oscuras, como un alma corrompida.
......................
Caminó mucho, ardía, se quejaba, a lo lejos vio el hospital de Alabama por el que un día antes había salido sanamente, resbaló varias veces, temblaba, le pesaba el cuerpo, pero tenía una decisión extraordinaria. Debía llegar.

Pasó frente a un parque, a lo lejos vio a una niña sentada en el columpio, meciéndose lenta y constantemente, adelante y atrás,  le resultó familiar aquella niña que se le quedó viendo a los ojos, Dick se detuvo y la contemplo.

-No… no puede ser ella…. ¿Lilith?-. La miró un momento y esta le sonrió macabramente, Dick abrió los ojos de par en par, retrocedió, parpadeó y ya no estaba. Le faltó el aire y la cabeza le pesó más. Aun así apuró el paso, cayó otra vez en la entrada del hospital y a rastras abrió la puerta.

El recepcionista llamó a los médicos y en menos de un cuarto de hora Dick estaba en una camilla de hospital siendo transportado a una habitación, apenas estaba consciente de sí mismo, le daba vueltas el mundo. Percibió como subían por el ascensor y como movían rápidamente la camilla.

-Ya no hay habitaciones disponibles.-. Dijo un médico que no traía puesto su cubre bocas.

-Debe de haber alguna, busca en el expediente-. Le ordenó el que dirigía la camilla.

El primero movió rápidamente los papeles de su agenda, desprendió algunos, dobló otros y le respondió al segundo:

-Nada más queda libre una habitación, en la sala de pediatría.-Respondió secamente y siguió un silencio profundo…
Dick se imaginaba lo que vendría, un giro inesperado de sucesos que lo conduciría a una habitación que él conocía muy bien. Abrió un poco los ojos y reafirmó sus predicciones: Iba a quedarse en la habitación en donde antes había estado la pequeña Lilith Benson.

Sudor frió cayó por su espalda, otro escalofrío y un miedo intenso lo acompañaron mientras lo instalaban en esa cama, polvorienta y poco cómoda. Tragó saliva, pero le costó trabajo, la enfermedad y el miedo lo dominaron, comenzó a temblar inconscientemente y  se desmayó.

……………

Despertó unas  horas después, había llegado al hospital a las 8:30 pm y eran ahora las 12:00 pm, su habitación estaba oscura, iluminada por el panel que estaba a su lado. Él estaba conectado a este y suspiró profundamente, se sentía terrible.

Hacía un viento gélido, el aire golpeaba las ventanas y se percibía el olor a humedad, a lluvia, mientras se sumaban los relámpagos que encendían unos momentos la habitación.

Dick temblaba, recapacitaba y se daba cuenta de que era un completo patán. Sabía que no le quedaba nada, se sintió peor, la cabeza le dolió aún más y todo el cuerpo palpitaba, gemidos y lamentos repercutían en la habitación, articuladas por su boca ¡¿Cómo había dejado morir a aquella pobre niña!? ¡¿Por qué había sido tan insensato?! Era una basura, él se sentía una basura.  Lloriqueó y retorció las manos una y otra vez, no se controlaba, el pesar de sus actos era extremo, estaba muriendo lentamente.

Un relámpago y luego otro irradiaron la habitación, Dick pudo ver a una figura pequeña y menuda en la puerta, parada, sonriendo… una niña. De repente, comenzó a temblar más y más, la niña le sonrió diabólica mente, vio el fulgor de sus ojos, tan letal, lleno de muerte y satisfacción. Se dio cuenta de que no habían sido los sucesos lo que lo habían llevado allí, sino que fue la niña, ella controlo a su manera los hilos su vida para ponerlo en una situación horrenda.

Eso fue más de lo que puso soportar su cuerpo y su mente,  presa de todos sus males se estiró en último esfuerzo por tocar el botón de emergencia del panel, extendió sus manos, estaba a punto de tocarlo, cuando, de la nada, el panel cayó de lleno en el suelo, tirando todo. Dick levantó la vista y allí seguía la niña, sonriendo y este cayó también al suelo, sufrió arcadas, una convulsión mortal y una tensión de todos sus músculos.

En el suelo, lo último que su mente pudo procesar, lo último que vio, fue a  la niña sonriendo satisfactoriamente, frente a frente y Dick escuchó un último, triste y leve: Dulces sueños.

Instantes después, Dick murió de un ataque al corazón.