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Aquella mañana era tan fresca como suelen ser en los ventosos y lluviosos otoños de la ciudad de México, mientras caminaba por la acera esquivando a los madrugadores transeúntes pensaba en mi pasado y mi situación actual.

Mi nombre es Eder y desde que tengo uso de memoria siempre he sido un tímido consumado, esto como es lógico me acarreado un sinfín de amarguras con mis congéneres de edad ya que nunca he tenido amigos de verdad, salvo algunos colegas de tropelías infantiles que intentaron con poco éxito hacerme cometer actos perversos y deleznables para un niño.

Como ya lo dije siempre fui un tímido, por lo tanto jamás tuve novia, es mas, de hecho las pocas chicas que me hacían caso era mas bien para molestarme y para reírse de mi que para tratar de ser amistosas conmigo.

Mi vida desde la mas tierna infancia era muy solitaria, recuerdo que siempre miraba los rostros de mis compañeros y me preguntaba ¿Por qué se ven tan felices? ¿Por qué yo no me siento igual a ellos?

El único bálsamo en esas etapas tan aciagas de mi vida fue mi familia, mí mama es una mujer que me da, a su manera, su cariño y apoyo, mí hermana menor, Dulce, me quiere de un modo muy especial ya que a pesar de que de niña sentí celos por ella y la hice sufrir mucho, con el tiempo le demostré mi cariño y arrepentimiento y ahora nos llevamos muy bien.

Fueron ellas con su amor las que evitaron que me hiciera un ser atormentado y lastimado, pero a pesar de eso ahora en mi etapa en la preparatoria seguía siendo el tímido y feo del salón.

Recuerdo que esa mañana después de tanto pensar, por fin mis pasos dieron con mi destino rutinario de todas las mañanas la preparatoria 7, y mas concretamente el salón 4 y el grupo 6, crucé la entrada sin mucho animo, alce la cabeza y mientras caminaba hacia el salón de clase observe mi alrededor, grupos de chicas reían sin parar mientras caminaban hacia los baños, en el patio grupos de chicos se sentaban en las bancas y en el suelo fumando y dando sonoras risotadas por alguna broma, otros veían y alentaban o en muchos casos se burlaban de los errores de los chicos que jugaban basquetball o fútbol en el centro de el patio.

Caminé deprisa a las escaleras hacia el segundo piso antes de que sonara el timbre anunciando el inicio de clases, pues detestaba la aglomeración que suele hacerse ahí y por los empujones y bromas que suelen hacerse en esa situación, cuando llegué al segundo piso éste estaba desierto y me enfilé al salón de clases, al llegar comprobé, con enojo que estaba cerrado, yo quería sentarme ya por mi larga caminata.

Mientras estaba sumido en estos pensamientos, no me percate de que alguien se me acercaba, una cantarina voz me preguntó: -¿Este es salón 4 de el grupo 6?- Yo asentí torpemente pues quede totalmente aturdido de la belleza de la chica que tenía al frente mío -¿Tomas clase aquí?- Preguntó con aquella voz tan sensual, yo como un perfecto imbécil solo contesté con un movimiento afirmativo de cabeza, para mi asombro y por experiencia propia en vez de que se alejara de mí o simplemente me ignorara se puso al lado mío y sin dejar de mirarme con sus profundos ojos azules me dirigió una sonrisa cargada de sensualidad y erotismo.

A pesar de mis vanos intentos por ver solo su hermoso rostro no pude evitar dirigir miradas fugaces hacia su generoso busto aprisionado en una sensual camiseta negra, tampoco pude evitar mirar sus largas y blancas piernas y mucho menos su minifalda de mezclilla, para disimular veía su hermoso rostro, con una bonita y pequeña nariz; labios finos, rosados y delicados con una dentadura impecable; sus pómulos eran ligeramente redondos y cundo sonreía se abultaban ligeramente dándole un aspecto amistoso y agradable; sus ojos eran azules y grandes, había algo en ellos que me asustaba, quizá era su aparente dominio total de la situación o quizá el hecho de que parecían los ojos de un depredador que a elegido su presa, su cabello negro azabache caía lacio hasta sus hombros, cubiertos con una pequeña chamarra de mezclilla, contrastando con su piel blanca nácar que le daba una belleza casi exótica.

Un murmullo familiar me sacó de mi contemplación, eran los demás chicos llegando a el pasillo, muchos también se molestaron al ver cerrado el salón pero su enojo desapareció a el darse cuenta de mi hermosa compañía, inmediatamente empezaron a acosarla con toda serie de preguntas sobre si era nueva, si tenia novio, etcétera.

Ella les contestó sonriente y amable, pronto ella parecía un panal de abejas pues muchos chicos empezaron a acercársele para conocerla, yo la observaba a distancia pensando en lo afortunado que fui al tenerla tan cerca y lamentaba que probablemente sería la última vez que la tendría tan cerca, cuando la busque con la mirada entre todos los tipos llegue a su rostro y observe que me miraba, pero su mirada era distinta, era cargada de sexualidad, era como si me advirtiera que era suyo para siempre.

Estaba embelesado mirándola, cuando el sonido de el timbre me saco de mi trance, el profesor Martínez lleo resoplando por el esfuerzo hecho al subir a toda carrera y mientras abría la puerta de el salón escuché el chismerío hecho por mis compañeras de clase sobre la hermosa chica nueva, unas la calificaban de "facilota" otras de "golfa" y otras lindezas, de pronto mi mirada se posó en otra chica que no conocía y que esperaba también que el profesor abriera la puerta.

Esta chica era también hermosa pero era mucho mas discreta y natural, era alta mas que yo, su rostro era afilado y atractivo, sus ojos eran de un azul mas apagado, pero ¿como decirlo? transmitían paz, tranquilidad, alegría, enojo, tristeza, pasión, lujuria, etcétera... Era como si todas las emociones humanas estuvieran contenidas en ella y las reflejara en su mirada sin el menor remordimiento, su nariz algo respingada le daba un aspecto algo mayor, su cabello castaño claro y algo rizado caía sobre sus delgados hombros, vestía con una blusa de aspecto hippie dejando ver algo de su blanca espalda, quizás su figura no fuera tan atractiva como la otra chica, pero debajo de su blusa se adivinaba un cuerpo firme y bien formado, un pantalón de mezclilla común y corriente y un morral amarillento complementaban su aspecto de estudiante de los años sesentas.

En contra de mi timidez me le acerque, la saludé y me presenté, ella sonriente me saludó con una voz algo grave para ser mujer, dijo su nombre, que nunca olvidare: Rossana, una especie de descarga me sacudió de pies a cabeza, al ver sus ojos era como ver a alguien muy querido que tiene mucho tiempo que no vez, era como si yo supiera desde siempre quien era. Una voz quebró nuestro encanto era el profesor indicándonos que podíamos pasar, cuando intenté volver a verla no pude, un horrendo escalofrío recorrió mi nuca y entonces se interpuso entre Rossana y yo la chica de cabello negro.

Ella le dirigió una mirada de odio asesino, mientras Rossana sólo endureció ligeramente su mirada, la barrió con sus ojos de pies a cabeza y acto seguido se metió a el salón, la chica de pelo negro se quedó frente a mí, de repente uno de los chicos de la clase le paso un brazo por el hombro y se metió al salón, al notar que yo iba atrás de ellos, ella me dirigió la más sensual mirada, me sonrío y empezó a exagerar su ya más que sensual caminar.

Aquella clase fue un martirio, pues la chica de cabello negro se sentó justo delante de mí y tuve que soportar a toda la bola de tipos que se acercaban a querer ligársela, ella se hacía la difícil y durante horas tuve que soportar los mas variopintos métodos de conquista, pero los momentos más incómodos fueron cuando la dejaban en paz y entonces ella centraba toda su atención en mí, por extraño que parezca mientras estábamos en el salón no me dirigió la palabra, pero tuve que aguantar sus sensuales miradas y sus descarados y oportunos lápices que se le caían y que la obligaban a agacharse y poner frente a mí sus hermosas caderas, mientras Rossana se sentó muy lejos de mi y veía como tomaba apuntes atentamente y de vez en cuando platicaba con sus compañeros mas cercanos.

Cuando sonó el timbre casi salí corriendo de ahí, llegué a la puerta de salida como una exhalación y caminé hacia la lejana esquina donde pasaba el autobús que me dejaba en casa, al llegar ala esquina un sentimiento de seguridad me inundó, la verdad deseaba llegar a casa lo más pronto posible. Mientras esperaba el autobús una cantarina y temida voz me habló a mis espaldas:

-Hola ¿por qué huyes de mí? No te voy hacer nada -Una sonrisa poco agradable fue lo que vi al voltear, para mi estupor y sin la menor vergüenza la chica de pelo negro se me acercó hasta casi abrazarme y me dijo:

-¿O qué?, ¿no te gustan las mujeres?.

Yo lo negué nervioso, y ahí al tenerla tan cerca percibí algo que no me gusto, esa chica era muy extraña, un aura de perversión la rodeaba y mi intuición casi me grito que debía alejarme de ella lo mas pronto posible, me pregunto:

¿Y cómo te llamas, guapo?- Yo nervioso contesté: -Eder- Ella sonrío y me tomó de las manos y en un tono demasiado meloso dijo:

-¡Qué lindo nombre! Yo me llamo Edith.