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Moonlight Shinobi by SpAzZnaticShuRIken
La fría lluvia caía sobre la ciudad insistentemente, repiqueteando sobre los tejados de las casas, los edificios, las tiendas y la catedral, como si de un sudario transparente se tratase, anticipaba la carnicería que se avecinaba, arriba, subida en el torreón de una iglesia, una sombra encapuchada estaba en cuclillas sobre una de las gárgolas, mirando hacia la calle inferior, esperaba a su próxima victima.

El muchacho parecía calcular las posibilidades, y recordaba aquel lejano día de su sexto cumpleaños, cuando su padre había llegado ebrio al hogar, como ya era costumbre, el hombre había perdido el trabajo, y se pasaba el día entero en la cantina, bebiendo hasta embriagarse y luego regresaba a su casa para golpear salvajemente a su mujer y a su hijo para desahogar su frustración.

La mujer, que sin tantos golpes cubriendo su rostro debería ser muy bella, era tímida y reservada, trataba como mal podía de tapar las marcas que los golpes le dejaban a ella y a su hijo, y ocultaba ante la gente el alcoholismo y la violencia de su marido, el niño temía a su padre con el alma, pero también le odiaba, y tenia un solo deseo en la mente: librarse por siempre de ese monstruo.

Tres meses habían pasado ya, y el hombre había hecho la típica promesa que nunca se cumplía “voy a cambiar” pero todo seguía igual, su esposa estaba cada vez mas débil por las continuas palizas, y su hijo mas resentido, esa noche fue el colmo, el hombre llegó ahogado en alcohol, y había usado los puños y su cinturón para propinarle la golpiza de su vida a la indefensa dama que era su esposa.

El hombre, con descaro, estaba gozando la golpiza, hasta que la brillante hoja de una navaja de mariposa de unos 10 cm. se le incrustó en la nuca desde atrás, y se desplomó lentamente al lado de su mujer en el suelo, en su lugar, apareció el niño, bañado en sangre, era él quien había asesinado a su padre, cansado del maltrato y abuso, la mujer lloraba y miraba a su hijo llena de agradecimiento, juntos enterraron el cadáver y se mudaron al día siguiente.

Desde ese día, el muchacho había jurado que nunca permitiría que nadie sufriera si algo podía hacer por evitarlo, pero ante la incompetencia de la policía local, había decidido tomar la justicia en sus manos, era así que cada noche deambulaba por la ciudad, vestido de negro, cubriendo su cara con una capucha, y armado con un impresionante arsenal de navajas y cuchillos, una espada antigua que había comprado, y un hacha de leñador.

A lo lejos, en un callejón cercano, escuchó los gritos de una mujer, el encapuchado bajó del torreón de la iglesia de un salto, aterrizando el tejado del edificio mas cercano, y corrió a la dirección de los gritos, era una bella chica de no mas de 20 años, acorralada por 8 tipos, que intentaban arrancarle la ropa, sin dudarlo, el muchacho sacó dos de sus navajas, y saltó desde el tejado, aterrizando sobre uno de ellos y apuñalándolo con violencia.

Los violadores sin comprender nada de lo que sucedía se vieron casi imposibilitados para defenderse, el hábil asesino sacó rápidamente ambas navajas del cuerpo inerte ante él, y las arrojó a las frentes de los dos mas cercanos, quienes no tuvieron tiempo de nada antes de caer fulminados, un cuarto cayó con la cabeza hendida por un hachazo, y otros dos con el pecho abierto en canal por la hoja de la espada.

El séptimo tropezó en su intento de huída, y terminó con el cuello rebanado por un cuchillo de supervivencia, y el último tuvo tiempo de sacar un revólver y disparar tres tiros contra el atacante, dos de ellos erraron, el tercero le golpeó en el pecho de lleno, pero el parecía no darse cuenta, ante la atónita mirada del criminal, la herida se cerró en un segundo, el joven asesino clavó un cuchillo en cada una de sus manos clavándolo a la pared del callejón.

-Dios, por favor, ten piedad te lo suplico- rogó el violador aterrorizado y presa de un gran dolor.

-¿Y tu ibas a tenerla a ella? No lo creo infeliz, prepárate, por que no harás mas daño.

Dicho esto, el joven encapuchado le dio un seco golpe en el cuello con el hacha, segando su cuello de un solo corte limpio, tantos años de hacer esto le habían dado una gran habilidad, luego de esta carnicería, recuperó los cuchillos lanzados y le tendió la mano a la chica, para ayudarla a levantarse, luego le dio dinero y la envió a una tienda de ropa cercana, y de ahí a reportar lo sucedido a la policía.

Después del combate, desapareció en las sombras, trepando por un tejado, y volviendo a su vigilancia, esa era la rutina de este Ángel Oscuro, castigar al culpable y ayudar al inocente, luego miró la piedra rúnica en su bolsillo, aquella poderosa magia que le otorgaba su regeneración acelerada, hasta que un nuevo grito se escuchó en el siguiente callejón, llamando a nuestro asesino a su siguiente acto de justicia.