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La obscuridad se cierne sobre mí, la soledad azota mi alma, y el silencio total reina. Las puertas cerradas me cuidan del aire que en cualquier momento pudiesen apagar para siempre las velas que alumbran mis letras.

Hoy, 30 de marzo de 1945 escribo esta carta, sabiendo que será la última, porque he de perecer esta misma tarde, y me alegro por ello.

Ella se quedó sin aliento antes de poder hacer algo para ayudarla, el recuerdo de su adiós todavía me atormenta, y sin embargo, los atesoro con mi alma.

Todavía recuerdo las palabras del Dr. James, “Está muerta”, sin embargo, las confundo con las que me digo yo mismo, tratando de asimilar que ya no está a mi lado. La noche se cierne rápidamente sobre la tierra mientras escribo estas letras sangradas con mi sangre, con mi resignación, con mi desesperación y con mi felicidad.

Cierto día lluvioso conocí al Dr. james, sin embargo, nunca imaginé que seria el amigo que ha sido ni mucho menos el que dejó de ser. Fue un medico renombrado desde hace casi 50 años, ya que su precoz inteligencia le permitió entrar a la universidad a la temprana edad de 16, con un promedio increíblemente alto, sin relaciones sociales ni ningún otro tipo de conexión con las personas que lo rodeaban, sólo con su padre, su gran mentor y mi antiguo salvador. Terminó la universidad con 26 años, con un doctorado en medicina forense, se dedico arduamente a su trabajo. Sin embargo, los conocimientos que buscaba habían sido de mayor importancia que sus estudios, ya que estaba obsesionado con la muerte de su padre, se embarcó en una búsqueda de 15 años, con una sola motivación, buscar el elixir eterno. 

La santa vida e inmortalidad corporal y espiritual, atesorada por los humanos desde tiempos remotos. Sin embargo, su búsqueda quedó frustrada desde el principio, ya que no estaba predestinado a encontrarlo, pero gracias a unos antiguos manuscritos escritos en cuneiforme y cuyo posterior desciframiento le costó 2 años de su vida.

Los monjes ascéticos y con eternos conocimientos ancestrales, revelaron el contenido de los manuscritos sin nombre. James quedó asombrado de tal manera al ver que coincidían con la segunda parte de un antiguo ritual egipcio, encontrado hace 3 años en la casa de un personaje muy peculiar, apodado El Loco, nombre que recibió debido a su condición mental, y porque usualmente decía, cuando algún turista ignorante de su condición le preguntaba sobre alguna dirección, este respondía frenéticamente: “nos están observando! Ellos, nos están observando, paga en sangre y obtendrás lo que quieras!”.

Relacionado con el Necromicon, estos manuscritos daban las instrucciones para invocar a un demonio llamado Balakastar, cuyo poder era inimaginable, y al cual, si pagabas con sangre, podrías obtener lo que quisieras, incluso vida eterna.

El ritual estaba incompleto, le faltaba una parte, pero ahora la había encontrado, escribo estas letras el día de hoy ya que su padre, me ayudará a traerla de regreso, esta tarde, a las 6 en punto, cuando el sol se oculte y la sombra de la gran pirámide apunte el altar que de antaño ha estado oculto de los ojos humanos, un altar escondido en las eternas arenas y olvidado en el tiempo.

Hoy ella volverá, al igual que el padre de mi amigo volvió, ella volverá, y entenderá que no puedo vivir sin ella, y pagaré mi deuda eterna, y sabrá que lo que le pasó fue solo un accidente, no podré vivir sin ella sabiendo que murió por mi culpa.

Hoy, 30 de marzo de 1945, yo desapareceré y ella volverá, porque no tengo el derecho a decir que quiero vivir si no puedo hacer que vuelva, y pensar que por mí se ha ido. Hoy, 30 de marzo de 1945 escribo esta carta, sabiendo que será mi última, porque he de perecer esta misma tarde, y me alegro por ello.