FANDOM


Aula-223

El sueño empieza conmigo siendo acusado de algo, pero por alguna razón creo con absoluta seguridad que yo no lo hice, pero no me creían. Llegamos a un pasillo, un pasillo muy tétrico, lo raro de ese pasillo era que había un aula 224 pero no un aula 223, seguro que estaba en muy mal estado y que era irreparable, o algo parecido, pero quien sabe, yo quería entrar lo mas rápido posible al aula de castigo que era normalmente la 222, ya que el pasillo era como dije antes, muy tétrico.... también se me olvidaba mencionar que el pasillo en el final en frente del aula 224 estaba lleno hasta el final de puros casilleros, lo que era curioso y espeluznante a la vez.

Por fin llegamos al aula de castigo, había sido el recorrido más lento del mundo como si el tiempo fuese ido mas lento a propósito, pero en fin ya estaba en el aula, donde me sentía menos incomodo pero aun así me sentía intimidado por aquellos que estaban haya antes que yo. Eran los típicos que eran cool, rompían las reglas en fin no eran lo que podríamos decir alumnos modelos, pero tampoco eran tan malos.

En aquella aula estaban unos “amigos” que conocí en una antigua escuela y ellos eran así, eran un tipo al que le decían Picasso era un gran artista del grafiti, estaba "El Jefe" le decían así porque prácticamente era el rey de la escuela, nadie se metía con él y era el mas antiguo en la escuela había repetido ya 2 veces 2 grados, pero el se encargaba de proteger a los demás de los abusadores de 6°, y al ultimo le decían... bueno el no tenia sobre-nombre el era Montenegro,(ellos eran así cuando estudie con ellos en 6°, es raro que ellos estén en mi sueño).

El profesor se sentó en la silla y empezó a hablar con ellos, les estaba sermoneando... luego de un rato no estoy seguro porque me aburría, al profesor lo vienen a buscar en un asunto urgente, por lo pocos que escuchamos era algo sobre un aula 223, el profesor parecía obviamente asustado y dijo “vuelvo en seguida” y salió caminando con un paso muy acelerado, después que salió yo le pregunte a los demás “¿Es verdad lo del aula 223?” a lo que “El Jefe” respondió “pues lamentablemente es verdad”.

-“¡No hables de eso!” exclamó Picasso

-“¿Por qué? ¿Qué Pasa?” “si hablamos de eso no sabemos lo que podría pasar” dijo Montenegro yo les insistí con el tema durante un buen rato, hasta que El Jefe se resignó a contarme.

Esta bien te lo contaré pero no puedes decirlo a nadie, en mis primeros años aquí en esta escuela ocurrió un evento espantoso del cual nadie o casi nadie recuerda nada, en el aula de al lado, la 223, siempre se quedaba una niña muy estudiosa, adelantando trabajos, estudiando más de lo que debía, lo que no era malo, o eso pensaba, antes el conserje de aquí era alguien sumamente inestable que en una que otra ocasión había agredido a algunos profesores.

Un dia que la chica cuyo nombre no recuerdo se quedo como siempre hasta tarde, ese fue un error muy grande, porque ese día el conserje andaba borracho y muy enojado sin razón aparente, él vivía en la escuela, yo lo vi dirigirse al aula donde se encontraba la aquella niña estudiando yo me asuste pero no por miedo sino más bien porque aquella niña era buena con todos, indiferentemente de lo que hiciera, ella era buena con todos y los ayudaba a todos.

Yo trate de llegar hacia donde se encontraba el aula 223, empecé a escuchar gritos, mucho gritos desesperados, corrí con todas mis fuerzas pero cuando llegué era tarde ella estaba en un charco de sangre agonizando y el conserje se había suicidado decapitándose el mismo, la niña decía porque no me ayudaste, me abandonaste, yo hice lo que pude pero le habían cortado el cuello y se estaba desangrando por allí, y murió en mis brazos. Eso fue lo que pasó en el aula 223”.

En lo que él termina de decir eso se empiezan a escuchar gritos, gritos desesperados de agonía y de dolor, y venían de afuera, todos nos miramos las caras y salimos corriendo a ver que pasaba afuera, cuando salimos nos dimos cuenta que en el pasillo del lado que estaba en frente al aula 224 ya no estaba lleno de casilleros, ahora había una puerta y sobre ella en vez de estar grabado el nombre en una placa metálica fijada a la pared, estaba escrito sobre la pared 223 en sangre, luego de ver esto empezaron otra vez los gritos desesperados y venían del aula 223.

Corrimos sin pensarlo a ver si podíamos hacer algo pero en aquel aula en el centro exacto estaba una niña arrodillada, que decía entre sollozos, porque no me ayudaron, porque no me ayudaron, me abandonaron y por eso la pagaran, en eso la niña se voltea y su cabeza cae decapitada al suelo y la habitación se oscurece por completo. Debo admitirlo, en este punto estaba bien asustado, pero mis pensamientos de pavor y pánico se vieron interrumpidos por la voz de aquella niña, la cual dijo “son cuatro, jajajaja, cuatro juguetes nuevos con los que entretenerme, jajajaja”.

Al encenderse de nuevo las luces Montenegro se estaba retorciendo de dolor en suelo diciendo “quema, quema mucho, aahhhhhg” lo vimos como poco a poco se iba volviendo puras cenizas, y escuchamos la risa de la niña y luego dijo “Ese juguete no duro mucho que lastima, pero por suerte tengo otros tres, jajajaja” lo cual me dio mucho miedo haciendo que empezase a temblar descontroladamente en eso El Jefe me sujeta por los hombros y me dice no tengas miedo” lo cual me tranquilizo un poco pero la niña interrumpió de nuevo “jajaja Que valiente, creo que te dejaré sufrir un rato, jajajaja” .

En eso las luces de nuevo se pagan y nos dejan en esa oscuridad tan absoluta que desorientan, al encenderse las luces Picasso cae de rodillas ante nosotros y luego empieza a sangrar por todas partes como si estuviese siendo cortado de adentro para afuera y cae completamente descuartizado en el suelo, en eso la niña comenta “Estos juguetes de ahora son de muy mala calidad” entonces El Jefe me abraza y me dice “se que soy el siguiente, recuerda nunca tengas miedo”.

Las luces se apagan y se encienden por última vez para ver a aquel gran sujeto caer de rodillas ante mi decapitado, cómo podía alguien ser así de perverso, mis pensamientos se interrumpen de nuevo por la voz de la niña que dice: “sólo quedas tú”. Tras decir eso se materializa frente a mi y empieza a caminar en dirección hacia mi y mientras va avanzando todo el lugar se empieza a incendiar y el fuego avanza a su ritmo y antes de llegar completamente a mi, me pregunta: “¿Le temes a la muerte? Parece que no” y yo le respondo: “No le debo temer a nada”.

Luego decir eso la niña empieza a reírse e introduce su mano en mi pecho y me dice: “Pues deberías temerme”.