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Días, meses, años, tras el brutal homicida Ricky, que hace mucho tiempo asesinó a mi hermano y a varios de mis compañeros en una cacería que incendió los medios de comunicación durante horas. Me obsesioné desde entonces con su captura, como una poderosa motivación que ha pesado sobre mis espaldas incesantemente, recordándome qué implica y en qué extremos he de desembocar. Pero ese sujeto no se reduce a un mero "criminal" que debe expiar sus pecados, por muy estético que se expresase en sus maniobras bien premeditadas. No se trata tampoco de dignificar a mis caídos... Esto es más que personal. ¡Se ha burlado de mí tantas veces, se ha reído a mis expensas aunque jamás diese con su rostro engreído, creyendo yo que lo había atrapado!

Y hoy, por fin, cosecharé mi verdadera venganza.

Acabo de subir al coche patrulla junto a otro compañero. Es un amigo no muy cercano, no muy inteligente. Me lo asignaron como carne de cañón.

Todas mis hipótesis apuntan a un sitio. Resaltaban un patrón en sus movimientos, que cada fracaso especulativo confirmaba. Páginas arrancadas de un diario, hallado sobre el cadáver de la víctima más reciente. Un hombre atravesado en su silla de madera por un machete aguzado contra la mesa. El código astutamente modificado era persuasivo, entre líneas; el clímax de una batalla cerebral. Ricky quería jugar una vez más.

Han pasado horas. Acabo de despertar, desperezándome de un fuerte desmayo. Recuerdo un golpe, precedido de la desaparición de mi compañero, un olor en el aire que adormecía al leve contacto con las mucosas nasales. Esto es nuevo.

¿En dónde estás, demonio? ¡Sal y enfréntame! Escudriño el ambiente. Borroso. Me siento débil. Esto definitivamente es nuevo. ¿Por qué?

Ricky podría matarme si le antojase, con un arma tan ridícula como su apodo, lo que fuere que ingeniase para decidir radicalmente esta contienda. Oh, no creas que lo pondré fácil, me conoces demasiado bien. Esa madrugada en el puerto, la metralla no cesaba de vomitar su fuego. Ven, esto debe acabar aquí. Donde todo comenzó, la noche en que mi hermano fue decapitado frente a mis ojos, en que las balas se inutilizaron. Querías probarme. Ambos nos divertimos cuanto pudimos; sin embargo, acontece como con las montañas rusas: tarde o temprano, el motor se apaga, el recorrido llega a su fin.

Puede que no seas humano, pero razonas como uno. Tus hábitos lo reflejan, tu respeto hacia el rival digno. No... ¿El antídoto...? Soy precavido. Tu sangre es venenosa. De modo que reservaste tu fatídico hedor para este día. Comprendo. ¿Creías que lo desapercibiríamos? ¿Lo aplastaste, te ríes con sorna?  Allí estás, torre oscura. Te atrapé al fin. Pero mi victoria pronto cerrará... Volverás a las profundidades de la tierra. Te cansaste de jugar conmigo, como yo contigo.

Oh, sí, quebraste la aguja..., activaste la señal. Mis superiores han desplegado ya una formidable estrategia de contención que abarca todo tu dominio. Luces furioso a juzgar por esas rojas pupilas desorbitadas. No veo por qué no. Vamos, me encuentro indefenso. Ese era un compañero algo inútil, pero tenía fe en sus actos. Sin cabeza ni brazos parece un triste montón de carne.

Estás muy cerca. ¿Que si ameritaba un destino más elevado? No espero tanto. Me prometí que purgarías tus rabietas. Por supuesto que sabía que romper una de las cláusulas implícitas del juego significaría la muerte, pero no auguraba que perdieras los nervios con tanta efusividad. Demasiado cerca. ¡Acaba de una vez, maldito!

El dolor es indescriptible. Sensaciones e imágenes giran en vértigo aniquilador. La bomba purificadora caerá pronto. No te matará, solo obtendrá tiempo para confinarte por siempre. El dolor... no puedo dejar de sentir este horrible dolor, no entiendo como el arsenal de todo el equipo no acabó con él. Sólo se quedó de pie y retrocedió un poco, luego, con una velocidad increíble, mató a todos y cada uno de los integrantes del equipo. Despellejó a uno de ellos quitando el cráneo, lo puso frente a mi, como si quisiese que yo viese ese esqueleto al desnudo... y de un solo golpe lo destrozó como si fuese un simple y miserable huevo, arrojó el cráneo, con un enorme hoyo en la cabeza al suelo, para destrozarlo de un pisotón. Me levantó con ambas manos y me arrojó metros y metros lejos de el, desmayándome... él quiere que documente su caso, pero no lo haré. Luego de escribir esta nota, la quemaré y no quedará nada de ella... es lo más que puedo hacer.