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Las leyendas del Choko son tan comunes para los moradores de Morelos, que nunca se confían en un pequeño niño; tal es el caso de Francisco, un viejo pastor que todavía en estos días lleva su rebaño al monte:

Francisco estaba, como de costumbre, cuidando su rebaño, pero ese día la noche cayo mas temprano, recuerda que de regreso a casa, se puso furioso por que una de sus ovejas se había extraviado, así que volvió al monte en busca de ella. El largo camino le hizo olvidar el tiempo, y muy cerca de la media noche, escucho que lloraba desesperada la oveja, por lo que no dudo en ir a salvarla.

El sonido aumentaba cada vez que se acercaba a las barrancas. Después de un rato vio que un niño vestido de indito llevaba su oveja.

-“Pero ,¿Cómo puede cargarla?-se pregunto-. No importa esa oveja es mía.”

Y comenzó a perseguir al niño, quien corría con gran facilidad. Seguro estaba Francisco de que la oveja era suya; si no, ¿por que corría el pequeño?

Francisco al ser una persona de edad, ya no veía bien por la noche pero se percató que andaba muy cerca de las barrancas por lo cual se detuvo. Fue entonces cuando su sorpresa aumento al mirarse en la orilla de la barranca mas profunda de la zona.

-"Pero, ¿Cómo pudo pasar ese niño?-" se preguntaba al mirarlo del otro lado sonriendo.

Francisco que es mas terco que una mula, grito molesto al niño:

-¡Devuélveme mi oveja!-

Y justo en ese momento se dio cuenta que el niño no llevaba tal animal; por el contrario, solo llevaba colgando del lado izquierdo un morral. Don Francisco recordó que ese era el atuendo del Choko; el mismísimo demonio en niño.

Muchos cuentan que al encontrarse con él, si uno pone atención, salen de su morral los aterradores gritos de almas de las personas que este ser se ha llevado, engañándolos a cruzar por las barrancas y a otros tantos por tentarles la codicia de mostrarles el oro que carga en su viejo morral.