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Iba por el bosque cansado y herido, sin ningún rumbo en mente. De repente, vi algo. ¿Era un edificio? Al acercarme me di cuenta de que se trataba de una cabaña.

Fui a la morada en busca de ayuda. Me encontraba en tales condiciones que requería una mano, y lo mejor era estar allí. Era una cabaña pequeña en medio de un claro; había una zona vallada con algún animal en el interior, aunque no pude detallar qué era. Al menos, no en ese momento.

Llamé a la puerta y un hombre me abrió: se le veía muy delgado, como si no hubiese comido en toda su vida. Él trató de disuadirme, diciéndome que me quedara, pero no fue necesario; me desmayé allí y me desperté horas después como se acercaba el amanecer. Mis heridas habían curado y yo estaba mucho mejor. No quería molestar al hombre, así que decidí irme en silencio dejando una nota de agradecimiento en la puerta.

Al salir, vi la valla y me dio curiosidad. Parecía haber un ciervo atado a ella. Extraño... Me acerqué un poco más para ver mejor, y efectivamente, era un ciervo. Se estaba comiendo algo. Me fijé en él para detallar su cara y me encontré con un espectáculo horrible.

El hocico y los dientes putrefactos: un animal grotesco retorciéndose en arcadas. Me estremecí ante ello, pero había más; tenía la boca llena de sangre. Giré los ojos al suelo: había una niña, o lo que quedaba de ella. Completamente mutilada, ensangrentada; claramente, la comida menos indicada para los dientes del ciervo, pero su comida, al fin y al cabo.

- Oh, lo siento, -Oí una voz detrás de mí- es mi mascota. La chica era mi hija, ella debía alimentarle.

- ¿Cómo? -Le dije- Una muchacha... ¿Para alimentar... eso?

- Sí, a mi ciervo le gusta la gente y sin lesiones. Por esa razón te traté. -Algo me golpeó en la nuca y caí inconsciente. Poco después, me desperté con un dolor horrendo en mi ojo: había sido mutilado, dolió horriblemente pero no quería ser devorado por aquel monstruo.

Escapé como pude y corrí a la aldea, en donde la gente me miraba de forma extraña. Me llevaron al hospital y sanaron mis heridas. Le dije a la policía lo que había visto, todo, pero al principio no me creían. Terminaron por pedirme que les llevara a la cabaña.

Sólo encontramos los restos de un hombre, una niña y la cerca abierta. Además de los cuerpos, encontré una nota que instantáneamente me hizo entregarme a la policía en el pánico.

La nota decía: "Solté a mi ciervo. Él puede cazar solo."