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Está atardeciendo en la ciudad y lentamente el sol se retira para que dentro de unas horas la noche despliegue sus alas y cubra todo a su paso, desde los orgullosos e imponentes rascacielos hasta los más insignificantes y humildes  hogares. Es la hora también donde la mayor parte de las jornadas laborales y escolares  terminan y una enorme cantidad de personas acude al transporte público.

En una de las tantas estaciones de metro que recorren la ciudad, cuatro chicos adolescentes vestidos con el uniforme de la escuela a la que acuden a diario se disponen a abordar el tren que los llevará de regreso a sus respectivos hogares. Una vez en el interior del vagón los cuatro muchachos se sientan juntos y permanecen en total y absoluto silencio hasta que uno de ellos (un chico pelirrojo de melena mas o menos larga) observa detenidamente a uno de sus compañeros. Finalmente el tren se pone en marcha.



-Hoy te he visto navegando por otros mundos, Álvaro ¿Acaso las fantasías de tu imaginación son más reales que las clases de geografía? – Pregunta el chico pelirrojo al otro muchacho que venía observando.

Sin embargo el chico aludido (Álvaro) solo sonríe y continúa observando por la ventana hacia fuera sin ánimos de nada.

-Daniel, no jodas a Álvaro– Aconseja otro muchacho.- tiene derecho a disfrutar del regreso a casa en silencio.

-Pues, que nadie le quite ese derecho.- Responde Daniel.- ¿Pero quién de ustedes… Gabriel y Cristóbal, ha reparado en el derecho que tengo de preguntar…y más aún, que me respondan?

Álvaro levanta su mirada y sus penetrantes ojos verdes observan a Daniel, quien lejos de sentirse intimidado sostiene la mirada con firmeza y seguridad en busca de una respuesta.

-Pero ¿qué es más importante, Daniel? ¿El individuo que busca respuestas o el que no quiere que lo jodan? ¿Cuál sería más importante para ti, Cristóbal?- Pregunta Gabriel a otro chico quien no aún no emitía opinión alguna.

-Sin duda que no me jodan.- Responde el otro muchacho llamado Cristóbal.- sobre todo si guardas algún secreto, pero si tú y tu consciencia conviven en paz, ¿por qué deberías ser tan antipático?.

Daniel sonríe al darse cuenta del apoyo prestado por Cristóbal, apoyo que Gabriel no esperaba de ninguna manera. Finalmente Álvaro decide hablar.

-Basta ya.- Dice Álvaro.-… Gabriel, agradezco tu nobleza al preocuparte, pero ya no es necesario que hables más por mí. Y tú Daniel… si pides respuestas sinceras te desafío a que preguntes de manera sincera.- Álvaro inclina su cuerpo hacia delante en el asiento y fija su mirada en Daniel.- Dime, amigo mío ¿qué es lo que realmente deseas saber?

-Tan solo lo que he venido temiendo, mi buen Álvaro…- Responde Daniel de manera desafiante.- la disolución de nuestro circulo… por culpa tuya. Tus ojos nos ocultan algo.

Álvaro no evita  sentirse acorralado, ahora las miradas de sus tres compañeros  se vuelcan sobre él y ya no siente la protección de su fiel amigo y confidente Gabriel. Siente que ha llegado el tiempo de hablar con verdad.

-Pues… si es voluntad de los dioses que éste sea el instante en que la verdad sea revelada, entonces no seré más un obstáculo. Amigos míos, debo pedirles que acepten a una mujer en el círculo, ustedes ya la conocen… es nuestra compañera de clases Valeria.

Cristóbal y Gabriel quedan atónitos ante las palabras de Álvaro.

-Lo sabía…-Concluye Daniel.

-Pero, Álvaro… lo que propones tu bien sabes que no alcanza siquiera para la más mínima consideración. ¡Tú conoces y sabes bien sobre qué pilares de nobleza y lealtad fue forjado el círculo!- Exclama Gabriel.

-Lo sé, lo sé…, pero díganme ¿no son acaso esos pilares expresiones de amor y amistad? ¿Porqué entonces negarle a un prójimo la posibilidad de unírsenos?.

-¡Patrañas! – Responde Daniel con el ceño fruncido.-  El círculo es sagrado… ¡sagrado! ¿Comprendes el peso de esa palabra? ¿es capaz tu mente de dimensionar lo que ello significa?…no puedes venir ahora con un capricho a moldear el sagrado juramento a tu antojo.

-¿Qué dices?…-Pregunta Álvaro incrédulo ante el rechazo.- ¡Es por amor!… ¡es por el amor que siento hacia ella que pido que consideren su inclusión! ¿¡qué es más sagrado que el amor!?.

-¿ Y tu amor a nosotros?…-Pregunta Daniel.-.¿tu amor al círculo? Eso estaba desde mucho antes… ahora vienes y nos cambias por una niña…¡los dioses se avergüenzan de ti, Daniel!

-Es igual para mí. -Responde Álvaro ya resignado a abandonar el círculo.- Quizá deba dar un paso a un lado. No es de mi interés permanecer en un grupo que pasa por alto el amor.

En aquel instante Daniel encolerizado busca algo de entre sus ropas hasta que finalmente lo encuentra, es un cuchillo. Se abalanza sobre Álvaro y se lo clava en el estómago tres veces hasta que Gabriel logra detenerlo y forcejea con  él ayudado de Cristóbal.

-¡Traidor!… ¡ya no nos ama!… ¡Álvaro, la ira de los dioses caerá con toda su fuerza sobre ti y tus hijos!… ¡y los hijos de tus hijos!…

Daniel continúa vociferando y maldiciendo a Álvaro mientras es reducido por Gabriel y Cristóbal en el suelo. Sin embargo Álvaro comienza a perder el conocimiento lentamente producto de la pérdida de sangre.




Cinco días después, dos médicos del instituto psiquiátrico de la ciudad beben un café  y fuman en una terraza aprovechando el instante libre que les ha quedado luego de un arduo día de trabajo.

-Bueno dime, ¿cuál es la historia del chico de la habitación 207?- Pregunta una doctora mientras bota la ceniza de su cigarrillo.

-Ah, él es Álvaro Sandoval.- Responde el médico.- llegó ayer tras ser derivado del hospital. Sufre de una rara esquizofrenia de edad escolar, lo puse bajo observación y medicamentos para controlar sus severas alucinaciones.

-¿Es cierto que se quiso quitar la vida?- Pregunta la doctora.

-Así es. Un guardia de una de las estaciones de metro lo encontró desangrándose en el último vagón del tren donde viajaba de regreso a casa hace unos días. No había ningún otro pasajero con él y en el cuchillo que encontraron en el suelo tenía solo sus propias huellas digitales. La madre nos contó que siempre se encerraba en su cuarto, a veces lo escuchaba riéndose solo y hablando solo, pero nunca le dio la importancia que ameritaba, pues siempre fue un niño tranquilo que gustaba de leer libros sobre cosas épicas, religiosas y medievales.

-Pobrecillo…-Se lamenta la doctora.- tiene una mirada tan triste y perdida bajo esos ojos verdes.

Álvaro se encuentra acostado en una cama  en su habitación acolchada y se da cuenta que sus brazos están atados. Al mirar a su derecha puede ver a Gabriel vestido con el mismo uniforme escolar de siempre. Permanece sentado en una silla que hay junto a una pared y se ve bastante preocupado.

-Gabriel… mi fiel amigo… ¿acaso nunca te quitas ese uniforme? Ésta no es la escuela.- Dice Álvaro con una dulce sonrisa.

-¿Cómo te sientes, Álvaro? ¿Tus heridas ya sanaron?

-Es lo que dicen.- Responde el muchacho.- ¿Qué ocurrió con Daniel?

-Logró huir… -Responde Gabriel.- más ya no te preocupes por él… sino de ti.

Álvaro sonríe a la vez que una fuerte tos le sobreviene.

-Mi querido y fiel Gabriel…- comenta Álvaro una vez ya repuesto.- siempre tan preocupado por mí. ¿Qué haré cuando ya no estés a mi lado?

-No lo sé, Álvaro. He oído que te darán unos medicamentos para que no nos vuelvas a ver más. ¿Es eso justo?

-Quizás sea la manera en la que los dioses han decidido castigarme….- Responde Álvaro desconsoladamente.- Por favor, Gabriel… quédate junto a mí hasta que me duerma… ¿puedes?…

-Por supuesto, amigo mío…-Responde Gabriel con una prestancia digna de un mayordomo.

Finalmente Álvaro cierra sus ojos contando los segundos para que las luces de su cuarto se apaguen automáticamente, tal como ha venido sucediendo en las últimas noches a una determinada hora. “debe ser una orden de los dioses para todos los cuartos que hay en este piso”, piensa el muchacho antes de que el peso del cansancio y del sueño inunde su mente y de a poco caiga en un abismo onírico. Finalmente  a lo lejos escucha ese “click” ahora ya tan familiar. Eso más la ausencia total de luz que nota a través de sus ojos cerrados le indican que han apagado las luces de su cuarto.

-Gabriel ¿estás ahí?…- Pregunta el muchacho esperando la respuesta de su fiel amigo desde la más completa oscuridad



-Aquí estoy aún… -Le responde la voz de Gabriel.



Confiado ahora el pobre muchacho se entrega totalmente a su descanso.