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No muchos conocen la verdad del misterioso caso de Angel  Sorrentino y de lo que sucedió con sus padres por allá por la cada vez más lejana década del 2000. Para poner la historia en contexto debemos situarnos en Rosario, Argentina… más específicamente a finales del año 2003.


En una calurosa tarde de aquel verano una patrulla de policía llegó hasta una modesta casa de dos pisos ubicada en una zona casi rural, alertados por una llamada anónima que daba cuenta de un nauseabundo y pestilente olor proveniente de la aislada casa. Los policías llamaron varias veces, pero no hubo respuesta desde el interior. Dado los constantes llamados telefónicos que habían tenido lugar aquella semana por el asunto del mal olor y de lo que aquello podía significar los oficiales rápidamente consiguieron una orden de allanamiento y forzaron la puerta de entrada. Al entrar una hediondez horrible les recibió y tuvieron que esperar varios minutos para poder seguir avanzando pues uno que otro oficial tuvo que salir al exterior nuevamente para vomitar a causa del asco. Los demás hombres que lograron tolerar la putrefacta atmósfera realizaron una leve inspección del lugar, allí se encontraron con varios platos quebrados en el suelo, sillas desordenadas, y una mesa con los restos podridos de lo que al parecer se trataba del cuerpo de un perro. El olor era verdaderamente insoportable, aún más acentuado por el sofocante calor de aquel día de verano. Uno de los oficiales buscó el cuarto de baño para refrescarse un poco y al hacerlo se encontró también con una macabra sorpresa, allí en la tina del baño estaba la cabeza decapitada del perro. A esta altura los oficiales no sabían que pensar… todo parecía confuso. Hasta donde sabían aquella casa no era un lugar abandonado, ni refugio de vagabundos o anti-sociales… no entendían qué pudo haber pasado como para encontrarse con tan escabrosos detalles, sin embargo aún faltaba más…

Al llegar al segundo piso el repugnante y asqueroso olor se volvió aún más insoportable. Los oficiales fueron revisando las habitaciones una por una. El cuarto de baño se encontraba hecho un desastre, cientos de pedazo de espejo roto se encontraban desparramados en el suelo… alguien sin duda lo había hecho trizas de un golpe. Otro cuarto (al parecer el matrimonial) daba cuenta de un lamentable estado, restos de comida ya podrida sobre la cama y en el suelo eran parte del decorado… restos óseos de lo que más tarde se descubrió eran partes faltantes del perro yacían también ahí desparramados junto a horribles charcos de sangre seca. Los oficiales desconcertados por cierto, pero aún con la mente clara y entrenada para enfrentar esta clase de escenarios continuaron con la inspección hasta llegar a una habitación herméticamente cerrada, y no solo cerrada con llave, los hombres se dieron cuenta que hasta puntas de clavo salían desde el marco de la puerta  del interior hacia fuera… dando a entender que desde adentro había sido clausurada, ¿pero quién lo había hecho y porqué? Ante este obstáculo los oficiales echaron mano a todo recurso posible para poder destrabar la puerta y así poder entrar, pero la tarea resultaba más difícil de lo esperado. A medida que continuaban con la laboriosa tarea más terrible era el olor que emanaba desde el interior de aquel cuarto…

Finalmente y tras casi tres cuartos de hora la puerta cedió abriendo paso a los policías, pero cuando quisieron entrar un mueble puesto deliberadamente en medio impidió el paso, redoblando los esfuerzos los hombres lograron por fin correrlo con puerta y todo hacia un lado, y así finalmente lograron entrar. Solos tres de los cinco hombres entraron al cuarto… los otros dos producto del asco tuvieron que descender hasta el primer piso pues se sentían ya muy enfermos. El terrible y macabro hallazgo no dejó indiferente a ninguno de los policías… allí, acurrucado en un rincón permanecía inerte un conjunto de huesos y piel podrida casi cayéndose a pedazos, se trataba del cadáver de un joven,  detalle curioso es que junto a  él habían uno pedazos grandes de espejo quebrado. De todas las demás habitaciones… aquella era la única en la que no había tanto desorden, ni comida podrida en el suelo.

Bueno, ese cadáver era el de Angel Sorrentino…  ese era su cuarto y aquella era su casa donde vivía con sus dos padres. La terrible escena de la tragedia conmocionó a la ciudad de Rosario ese año, no así tanto a Argentina pues el país venía saliendo de una aguda crisis social y económica por lo tanto habían otras cosas de que ocuparse, pero el enigma fue alimentando cada vez más el morbo a nivel local sobre todo por tantos detalles extraños en el caso. El primero y más importante ¿Dónde se encontraban los padres de Angel Sorrentino?, ¿acaso habían huido de algo?, ¿algo de lo que Angel no alcanzó a huir y se encerró en su cuarto?, ¿Por qué los padres hasta el día de hoy no fueron jamás encontrados? Otro detalle curioso era el del perro…  el cadáver sobre una mesa del comedor y la cabeza decapitada en la tina del baño ¿por qué alguien haría eso? La comida desparramada por toda la casa, los peritajes indicaron que el refrigerador había sido vaciado y toda la comida se encontraba dispersa por la casa, salvo en el cuarto de Angel, lo cual tiene algo de coherencia ya que la autopsia indicó que Angel sorrentino había muerto por hambre y deshidratación. Esto nos lleva a Las circunstancias en las que fue encontrado su cadáver… ¿por qué se encerró en su cuarto tan desesperadamente? Clavó una improvisada tablas y hasta puso un mueble tras la puerta, ¿qué clase de peligro acechaba en su casa que lo llevó a tomar tal decisión?

Todas estas interrogantes se hicieron durante muchos meses, pasaron años y finalmente (aún cuando se trataba de un caso policial fascinante) la gente fue perdiendo el interés al no encontrar respuestas.  Esto, hasta el año pasado cuando un periodista llamado Joaquin Mutis en su video-blog dio a conocer una evidencia asombrosa. Según el mismo ha dicho, una persona anónima se puso en contacto con él para entregarle una evidencia increíble del caso de la familia Sorrentino, esta persona luego se supo era uno de los policías que participó en el allanamiento a la casa quien “accidentalmente” se había quedado con la evidencia al creer que solo eran servilletas sucias encontradas en el cuarto del chico

Esta evidencia era ni más ni menos que unos apuntes hechos por Angel Sorrentino durante sus últimos días antes de morir. La letra era irregular y su caligrafía, según Mutis, concordaba ampliamente con la del muchacho al compararla con los escritos de sus cuadernos escolares. Eran 8 hojas sucias y arrugadas las cuales tenían unas entradas similares a las de un diario de vida. Gracias a los sucesos narrados en las hojas se pudo establecer un orden cronológico ya que no tenía página numerada y es posible de que algunas otras hojas se hayan perdido, pero  finalmente lograron darle un orden coherente. El resultado es una narración delirante y completamente extraña sobre lo que Angel percibía en esos momentos, nadie, salvo Mutis y el oficial de policía, ha podido leer con detención todo el texto, pero según se sabe la catástrofe y la tragedia llegaron a esa casa desde arriba, desde el cielo. En el texto Angel cuenta que una noche algo pesado se dejó caer en el techo de la casa… sus padres dormían profundamente, pero él lo sintió y escuchó unos murmullos y pasos en el tejado  durante gran parte de la noche que no lo dejaron dormir. Los días siguientes ocurrió un fenómeno similar… a veces las puertas se abrían solas durante la madrugada. Luego, Angel pasa a describir el extraño comportamiento que su madre va adoptando a veces… tarareando  canciones para luego quedarse en silencio contemplando una pared. Los días pasan y Angel  comienza a escribir cosas muy tristes como por ejemplo que su único mejor amigo ya no quiere ir a verle a casa porque le da miedo su madre, o que a veces entre su padre y él han tenido que encerrar a la mujer  en el cuarto porque comienza a gritarle al perro de la casa. Posteriormente hay un segmento bastante extraño y delirante en el que el pobre Angel narra un escalofriante acontecimiento… según el texto, bien tarde por la noche el muchacho había ido al baño sin poder pegar un ojo a causa de los constantes llantos de su madre, allí, frente al espejo vio un movimiento en la ventanita que daba al exterior, al fijarse se dio cuenta que se trataba de una manita pequeña y gorda como de niño… que llevaba un guante blanco y al parecer le estaba saludando. Algunos dicen que en este punto la locura ya había contagiado al muchacho. Las hojas siguen tristemente con Angel narrando como puede la serie de acontecimientos que siguieron después. Ya no era solo su madre la que actuaba raro, su padre fue adoptando también un comportamiento desquiciado, a veces ambos lloraban a gritos muy tarde por la madrugada enloqueciendo de terror al chico. Un día Angel quiso salir de casa y se dio cuenta que su padre había clausurado la puerta principal como así también la del patio… luego le descubrió descuartizando al perro sobre la mesa del comedor. En ese punto Angel narra que huyó hasta el segundo piso y se encerró primero en el baño, al no tener algo con que defenderse dio un golpe al espejo y cogió unos pedazos filosos para defenderse. Tras varias horas salió del baño y sigilosamente fue hasta su cuarto para terminar encerrándose allí, ya que en la planta baja sus dos padres rompían platos y devoraban lo que había en el refrigerador. Pasaron varios días más y Angel fue narrando cómo a veces sus padres forzaban la puerta  de su habitación para entrar, que caminaban de un lado para otro por la casa desesperados. Por las noches a veces deambulaban lentamente por el pasillo y se detenían frente a su cuarto haciendo un extraño y gutural sonido. Fue una lenta agonía, una dolorosa y triste muerte… quizás la más triste de toda, encerrado sin saber qué estaba sucediendo con sus padres. El texto termina con Angel suplicando y rogando por su vida…