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Rita se encontraba ocupada quitando las malas hiervas de su jardín de flores, cuando escuchó gritos de auxilio que provenían de los bosques de detrás de su casa. Al principio pensó que se trataba del canto de un extraño pájaro, después de todo, su oído no era muy bueno a sus 57 años, sin embargo, con el pasar del tiempo se dio cuenta de que era el sonido de alguien en problemas, alguien que necesitaba ayuda. Normalmente hubiera entrado a su casa y hubiera llamado a su marido Stanley para ir a investigar, pero teniendo en cuenta el hecho de que sonaban como los gritos de una niña, ella lanzó la precaución al viento y se dirigió al bosque por si sola.
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Las súplicas parecían urgentes y ella no quería perder tiempo yendo dentro para llamar a Stanley si la vida de alguna niña pudiese estar en riesgo. Sabía que él estaba durmiendo una siesta en el sofá y ya que era muy difícil despertarlo, pensó más en la pobre niña, la cual probablemente estaría muerta para cuando llegaran allí. Se adentró en el bosque y se dirigió hacia la dirección en la que los gritos de auxilio provenían. A pesar de que ella y Stanley habían vivido cerca de los bosques durante varias décadas, todavía no conocían muy bien la zona y comenzó a preocuparse de que terminaría perdida. El hecho de que tuviese una horrible sensación de la dirección hacia donde se dirigía tampoco ayudó mucho.

Cada vez que se adentraba más y más en lo profundo del bosque, consideraba la idea de regresar a su casa, pensando en aumentar sus probabilidades al despertar a Stanley. Pero cada vez que oía el terror en otro de los gritos de la niña, se obligaba a seguir adelante. Caminó varios minutos más y se sintió un poco mejor al darse cuenta de que las súplicas de la chica eran cada vez mas fuertes, lo que significaba que estaba yendo en la dirección correcta. Sólo esperaba que fuese capaz de encontrar el camino fuera del peligro después. Tener que estar toda la noche perdidas en la oscuridad, rodeadas de espeluznantes arboles no sonaba muy divertido para ella.

Después de hacer su camino a través de una espesa mancha de arboles, se encontró con un escenario que le provocó un fuerte jadeo. Había una niña de alrededor de 6 o 7 años que había sido golpeada sin piedad y atada a un árbol. Su cara estaba amoratada y hinchada, con el pelo rubio manchado de sangre, y con la ropa rasgada y fangosa. Solamente la visión de aquella niña, la prueba viviente de que alguien pudiera hacer tal cosa, hizo que Rita tuviese ganas de llorar. Ella no era capaz de comprender como alguien pudo cometer esos horribles actos contra una niña tan linda. Y cuanto más pensaba en ello, su tristeza era cada vez más y más grande. 

- Oh, Dios mio, pequeña...

Dijo Rita, mientras ponía una mano en el hombro de la niña.

- No te preocupes, estoy aquí y voy a ayudarte, ahora estas a salvo.

- Por favor, ayúdame.

La niña respondió.

- Voy a sacarte de aquí y luego te llevaré a mi casa 

Dijo Rita.

- Ahí estarás segura y mi marido Stanley llamará a la policía.

Empezó a desatar la cuerda, consciente del temblor incontrolable de sus manos que hacian que el trabajo fuera más difícil.

- ¿Quién te hizo esto?

Preguntó Rita, mientras trabajaba en deshacer un nudo complicado en la cuerda.

- No se su nombre, pero él es muy malo y da miedo.

- No te hará daño nunca más, lo prometo.

- Me dejó aquí para morir. Dijo que nadie me iba a encontrar y que me moriría de hambre.

La niña sollozaba.

- Se equivocó. Yo te encontré y me ocupare de ti.

- Date prisa, antes de que vuelva.

Dijo la niña.

Rita finalmente deshizo el nudo y fue capaz de desatar a la niña. La agarró de la mano y la llevó hacia la casa, moviéndose tan rápido como les fuera posible, pero asegurándose de mirar hacia atrás de vez en cuando, para asegurarse de que el torturador de la niña no estuviera persiguiéndolas. No había ni rastro de otro ser viviente en el bosque con ellas. Rita rezó por que llegaran a la casa seguras, sin encontrarse con el hombre responsable de lo que paso con la niña.

- ¿Cómo te llamas cariño?

Preguntó Rita, más que por si misma que por cualquier otra cosa, ya que el silencio de muerte del bosque la estaba poniendo un poco inquieta y nerviosa.

- Oh, tengo un montón de nombres...

La niña se rió.

- ¿Qué quieres decir?

- Diferentes personas me dicen cosas diferentes.

- ¿Porqué?

- No lo sé, simplemente lo hacen.

La niña chasqueó los dedos, por lo que Rita se inmutó.

- ¿Siempre haces tantas preguntas tontas?

- No por lo general...

Rita murmuró, sorprendida por los comentarios desagradables de la niña, pero diciéndose a si misma que probablemente solo se encontraba en estado de shock después de su terrible experiencia y no era consciente de lo que estaba diciendo. Estaban casi a la entrada de la casa, cuando la niña soltó la mano de Rita y comenzó a reírse. Algo en la forma de como se reía hizo a Rita incomodarse, le hizo poner la piel de gallina. No podía explicarlo. Ella sabía que la experiencia que la niña tubo fue traumatica, pero aún así, había algo allí de pie, riendo, algo que a ella no le gustaba. Un escalofrío le recorrió la columna vertebral y por una fracción de segundos sintió un impulso casi irresistible de huir de la niña tan rápido como pudiese.

- Gracias por salvarme, pero hay algo que realmente tengo que decirte...

La niña sonrió.

- ¿Qué tienes que decirme?

Rita gruñó volviéndose hacia ella.

- Me ataron a ese árbol por una razón...

Media hora más tarde, un hombre estaba dando un paseo en el mismo barrio. Se había despertado tarde de la siesta, esperando encontrar a su esposa preparando la cena, pero en su lugar encontró la casa vacía. Una inspección rápida de su patio reveló que ella no estaba en su jardín o en su propiedad en absoluto. Figuró que seguramente fue a dar un paseo, así que se puso su chaqueta y se fue, esperando a ponerse al día con ella lo más pronto posible. El hombre estaba dirigiéndose a una esquina de su calle, cuando de repente por primera vez escuchó unos gritos de auxilio provenientes de los bosques. Al principio los confundió con el canto de una especie de pájaro, pero luego se dio cuenta de que era el sonido de una persona en peligro. Normalmente habría entrado en la casa, para pedirle a su esposa que llamara a la policía antes de salir a investigar tal perturbación, pero como no la encontraba por ningún lado y los gritos de ayuda parecían urgentes, él eligió ir de cabeza a los bosques solo. Entró a los bosques y se dirigió a la dirección en la que los gritos de auxilio provenían. Después de caminar unos cuantos cuantos cientos de metros en él, por fin dio con la fuente proveniente de todos los gritos. Una niña, atada a un árbol, empapada en sangre de pies a cabeza. Mientras se acercaba, la niña levantó la cabeza débilmente preguntando:

- ¿Quién eres?

- Stanley 

Dijo el hombre.

- Y no te preocupes pequeña, ahora estas a salvo. Quédate quieta mientras intento sacarte de ahí.

Stanley no estaba muy seguro, pero le pareció ver en los labios de la niña algo parecido a una sonrisa. Sus dientes se mostraron cuando sonreía, a pesar de que fueron oscurecidos por la sangre en su boca. Él sonrió ampliamente cuando deshacía los nudos de la cuerda. La esposa de Stanley estaría muy orgullosa de él cuando llegara a casa y se enterara de que había ayudado a salvar la vida de alguien. Stanley no podía esperar para decírselo.