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Esto me pasó hace 5 años, estaba en casa de mi abuela. Con mis primos se nos ocurrió la idea de ir a la bodega abandonada que estaba detrás de la casa. Le dijimos a mi abuela, pero ella nos dijo que no, que era muy peligroso ya que era muy tarde. Sin embargo no le prestamos mucha atención, sabíamos que ella no nos dejaría salir, entonces tuvimos otra idea.

Escaparnos en la madrugada, te preguntarás, ¿qué tiene una bodega abandonada? Pues contaba que en ese lugar se escuchaban voces, sin embargo, nadie sabía qué las causaba. Nosotros no creíamos mucho en esos cuentos para asustar niños, ya que para nosotros eran... bueno, eso, cuentos. Bien, sigamos. A eso de las 2:30 A.M nos fuimos a ese lugar. El más pequeño de mis primos estaba muy nervioso diciendo que deberíamos volver, pero mi otro pariente y yo insistimos en que no fuera tan gallina, que solo eran mitos. Ojalá le hubiéramos hecho caso y hubiésemos regresado. Llegamos al lugar y entramos. Apenas pusimos un pie dentro se nos erizó la piel, no le presté atención, ya que pensé que era por el frío. Nos quedamos revisando el lugar, mas no escuchamos ni vimos nada extraño.

Ya estábamos cansados, nos íbamos a ir, ya eran las 3:30 A.M. Justo cuando estábamos a punto de irnos, de la nada escuchamos unas risas escalofriantes en las cuales se sentía mucha maldad. Claro, ya todos estábamos asustados. Tratamos de salir corriendo pero la puerta se cerró demasiado fuerte. El terror era tanto que ya estábamos llorando. Las risas no paraban, seguían, cada vez con más intensidad hasta que en un momento pararon. Al rato comenzaron a escucharse de nuevo, esta vez nos llamaban usando la voz de nuestros seres queridos: primero usaron la de mi padre, luego la de mamá y así con toda la familia.

Justo cuando ya se habían detenido de nuevo, un hombre blanco apareció de la nada, vestía un sombrero negro, bueno, toda su ropa era negra. Poco a poco subió la mirada, su cara era escalofriante, sus ojos eran carmesí, era como ver la muerte misma; su sonrisa era... no la puedo explicar, y su piel parecía como si se estuviera pudriendo poco a poco.

Se nos quedó mirando un buen rato, ya todo era un mar de lágrimas. El tipo nos habló con la voz de la abuela:

-Les dije que no vinieran... -dijo de forma macabra.

Luego de esas palabras nos abrió la puerta para que nos fuésemos, salimos corriendo a toda máquina, llegamos a casa y entramos como bala. Mi abuela bajó asustada por el impacto y nos miró llorando a todos.

-Por eso no me debieron desobedecer -dijo-. Ahora él no los dejará en paz, los atormentará todas las noches a partir de ahora, o quizás también en el día... Ya no pueden confiar en nadie, porque no tienen forma de saber si de verdad es un humano o El hombre de las mil voces.

Y desde ese día escuchamos como si nos llamaran conocidos o familiares. Nunca más contestamos, ya que podría ser El hombre de las mil voces...

Bodega

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