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Esta creepypasta es original del libro "Don Kill the Pretty One" por M.J. Orz.

Traducida por Juan C. Hernández

Me encantó la música en el servicio. Hay algo en el órgano que hace que mi corazón permanezca quieto. Cuando oigo sonar el órgano por primera vez el domingo por la mañana, siento un florecimiento en mi pecho que no podría comenzar a explicar a alguien que no ha sentido tal calor. Es una experiencia más allá de las palabras.

El organista de nuestra iglesia, Greg, siempre fue un hombre tan amable. Un hombre piadoso Como un santo. A veces me dejaba sentar en sus prácticas para el servicio, que en su mayoría se celebraba los sábados por la noche. Yo nunca fui de salir mucho, así que poder sentarme y escucharlo tocar en un sábado por la noche, me trajo más placer que cualquier club o bar al cual pude haber ido. Me sentí más cerca de la comunidad, más cerca de la iglesia, y más cerca de Dios cuando estaba en los bancos, leyendo los himnarios y siguiendo con las canciones que tocaba Greg. Vi las notas subir y bajar y en las páginas, aunque nunca supe nada acerca de partituras o notas de música, pude sentir a Dios dándome la capacidad de entender.

Hace unas noches entré en el nártex de la iglesia, esperando escuchar a Greg comenzar a calentar los tubos del órgano, cuando la puerta que conducía a la cámara del organista fue golpeada fuertemente. No podía imaginar qué iba a molestar a Greg tanto, así que rápidamente corrí hacia el altar para poder mirar por encima de la cornisa en el hoyo donde Greg residía, pero cuando llegué allí, estaba vacío. Me apresuré a cruzar el púlpito subiendo y entrando a las habitaciones de atrás para encontrar a Greg, al llegar lo vi salir por la puerta tan rápido como pudo. Estaba terriblemente confundida y completamente decepcionada de que se marchara, así que me bajé al banco de enfrente y esperé a que volviera, cosa que nunca hizo.

Le pregunté al respecto a la mañana siguiente y él parecía confundido. Dijo que no sabía que había alguien en el edificio y lamentó que se marchara tan abruptamente. Le pregunté si todo estaba bien con Janet, su esposa, y su rostro parecía palidecer por un momento. Se apresuró a sacudir y me aseguró que todo estaba bien y que no debería preocuparme. Le sonreí, le dije que estaba allí si necesitaba algo, y me dirigí al santuario. Ese día tocó muy bien.

La semana siguiente, volví a la iglesia por la noche, asumiendo que Greg estaría pasando su noche de sábado allí como solía hacerlo. Mientras subí, pude ver a Greg salir del coche de su esposa, besándola antes salir. Fui a saludarla, pero obviamente no me vio. Me gustaba su esposa. Era tan dulce y amable como Greg.

Aparqué mi coche en la parte de atrás de la iglesia, en mi lugar habitual, y entré, lista para otra maravillosa noche de música. Veo a Greg de pie en el altar, mirando febrilmente alrededor de los bancos. Me eché atrás, confundida por sus acciones, y me escondí detrás de una pequeña protuberancia en la pared, asegurándome de que no me viera. Una vez que Greg había escaneado toda la habitación, lo volví buscar su chaqueta y salir hacia la calle. Por supuesto, tuve que seguirle en este punto, mis sospechas se volvieron demasiadas, no las podía controlar. No podía imaginar lo que podía estar mal. Greg era un hombre pacífico; Un hombre piadoso. ¿Por qué expresó miedo o se alarmo de esa manera? Miré por la ventana y lo vi subir a otro auto, esta vez con otra mujer... Y la besó como besó a su esposa. Podía sentir una tensión enferma evolucionar en mi estómago cuando lancé mi himnario a través del nartex.

Greg era un buen hombre. ¿Cómo podía ser esto?

El domingo siguiente vi a Greg caminando hacia la cámara y lo tiré a un lado y le pregunté por qué no había vuelto a practicar la noche anterior y me dijo que tenía cosas que hacer en casa. Le pregunté si necesitaba ayuda con algo y él dijo que no.

Luego le pregunté si la puta con la que se fue le estaba ayudando lo suficiente.

Esta vez se volvió mucho más pálido y me agarró por el brazo, atrayéndome hacia las cámaras. No dije nada, sólo lo mire fijamente. Me rogó que no le dijera nada a Janet Y luego claro me continuó diciendo cómo planeaba detener todo este romance con la chica misteriosa y cómo quería hablar de esto con su esposa. Todavía no pronunciaba palabras. Suplicó y suplicó, pero me volví sobre mis talones y me alejé del órgano.

Greg era un hombre piadoso. Un hombre temeroso de Dios. Y tocaba tan bellamente.

La semana siguiente, hubo un nuevo organista. Le escuché tocar y, para mi asombro, él pudo haber sido incluso más talentoso con el instrumento que Greg. Había un montón de lágrimas en ese servicio. Mucha gente estaba angustiada y gritaba en desgracia mientras el organista tocaba muchas canciones lentas y tristes. Janet me encontró después y le di un abrazo. Ella me agradeció por venir a ver a Greg practicar todas esas noches, y me dijo lo mucho que le hacia feliz saber que su música podia mover a alguien tanto que esta abandonarían la mayor parte de su fin de semana solo para estar alrededor de sus melodías. Asentí y le dije que sentía mucho su pérdida y que Greg era un buen hombre.

Nunca encontraron los restos de Greg. Y no diré dónde están. Guardé su pequeño secreto, ahora él puede guardar el mío. Han pasado semanas y todo parece haberse calmado. No más búsquedas. No más policías haciendo preguntas. Las cosas están finalmente volviendo a la normalidad.

Y la semana pasada finalmente conocí al nuevo organista.

Él toca maravillosamente...