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Está fría...muy fría, intento arrastrarme por el piso, con cada movimiento mis heridas se abren entre la piel macerada, grito. El olor nauseabundo que desprendo por testar tanto tiempo entre mis heces es desagradable, pero te acostumbras. El sonido tintineante de la cadena unida a mi tobillo es lo que evita que caiga en la inconsciencia. 

Hace unos días mi compañero de cuarto dejó de respirar, ahora las moscas está haciendo su trabajo y no tienen ni idea de cuanto lo envidio, ya no tiene que ser parte de esta porquería de prueba... Cuando menciono la prueba, quiero decir, el hecho de que constantemente los malditos satánicos nos mutilan, abren, golpean, humillan e insultan para que saquemos anda saber qué.

Por ahora, lo único que he logrado expulsar ha sido vómito, bilis y sangre, pero nada de lo que están buscando. La otra noche mientras sacaban a uno de los nuestros que ya había sido roído hasta los huesos por los perros sarnosos y rabiosos que tienen. Le escuché decir a uno que tal vez ésta no era la manera correcta de que despierte, que tal vez se habían equivocado de personas.

Lo último que supe de ese tipo es que ahora descansa plácidamente en la calefacción del piso de arriba...lo sé por los gritos desgarradores y el aroma penetrante de carne achicharrada, no voy a mentir si digo que eso incentivó a mi vacío y arrugado estómago.

Me encuentro en la celda número 9, hay aproximadamente 20 de nosotros, bueno,19 si no cuentas a este. Y somos lo que ellos llaman “elegidos”, somos según explicaron mientras azotaban nuestras espaldas hasta dejarlas irreconocibles, una especie de contenedor para un ente maligno, pero al parecer no somos suficiente, no actuamos correctamente o algo así.

Yo estoy aquí hace 6 meses, 20 días,1 minuto. Me encontraron en una fiesta de un amigo, estaba bailando, tomé un trago y ahora estoy en una celda pequeña, fría y sucia cumpliendo un destino similar al de mi compañero. Estoy cansado de esto, ¿no sería más productivo que tomaran un arma y empezaran a matar indiscriminadamente? Sería el mismo resultado solo qué más rápido.

Escucho un chirrido de la puerta pero no puedo levantar la cabeza para ver quién es. Me toma por el pelo e incorpora mi lánguido cuerpo a la altura de su cara, la cual está oculta en la oscuridad de una capucha negra, su voz resuena en todas las esquinas, grave y malvada, sumamente repulsiva.

-Tú...-todo me da vueltas, no puedo prestarle atención, mis ojos se desenfocan por el cansancio,pero me sacude fuertemente para obligarme a observarlo-a ti te toca divertirme hoy.

Me suelta y caigo al suelo peor que mi antigua posición, mis huesos rebotan secamente en los adoquines del suelo. Grito de dolor de nuevo y entonces me patea el estómago...cierto, había olvidado que gritar está sumamente prohibido aquí. “Un buen recipiente espera a su amo silenciosamente aguantando la penurias más grandes”

Ahora jadeo, simplemente porque no tengo más fuerzas para hacer nada, comienzo a escupir sangre y luego todo se pone negro. Así por lo menos puedo estar tranquilo, es el único momento en no siento nada, cuando estoy desmayado por horas es un alivio, si tan solo pudiera morir sería tan feliz...

-Oh-el hombre sonríe de forma desdeñosa-¿el juguete se rompió ya? Toma el cuerpo inerte del chico y lo sacude sin obtener respuesta. Abre los ojos con su máxima apertura, y grita:

-¡QUIERO SEGUIR JUGANDO!-lo golpea en la cara hasta que siente un “crack” y un hundimiento del cráneo- ups...creo que ahora si lo rompí.-se ríe frenéticamente y lo lanza encima del otro cuerpo como una bolsa.

-Oye.

Abro los ojos de golpe, ahí estoy yo de pie en la puerta de la celda:

-¿Qué...quieres?-digo como si me hubiese despertado de un sueño Me sonríe de forma sombría:

-¿No quieres matarlos por lo que te hicieron?, ¿no quieres que griten también?

No lo pienso dos veces:

-Sí.

Se encoge de hombros con sonrisa gustosa, mostrando unos colmillos afilados como puñales, su voz es grave y conformada por muchas, su presencia me hace querer arrancarme los ojos.

-Entonces serás mi recipiente.

El hombre va caminando por el oscuro pasillo subterráneo, para él no hay cosa más tranquilizante que oír los lamentos de los posibles contenedores.

El recuerdo del cráneo del chico romperse le hace reír divertido. Pero su concentración se ve afectada por un sonido susurrante. Ve hacia todos lados pero no haya a nadie, solo un par de ratas escabulléndose.

-Estúpidas ratas.-ríe.

Sigue caminando y ahora escucha pisadas rápidas y ligeras a un lado haciéndole brisa, se voltea alterado pero una vez más no hay nadie.

-¡¿Quién eres?!-no soporta el sudor debajo de la túnica, las piernas le fallan sin razón aparente. Entonces comienza a escuchar una voz inestable que no modula ni su tonalidad ni su volumen:

-Tengo hambre, ¿sabes lo que es tener hambre?, mi color favorito es el negro-lanza una carcajada histérica-¿quieres jugar?...¡¡SIII!!-termina en un gruñido.

El hombre gira hacia todos lados respirando entrecortadamente, no sabe porque pero el aire está tan pesado que apenas puede mantenerse en pie.

-¡Muéstrate!-exige.

-Uh- lamenta sarcástica-no eres divertido, pero puedo hacerte divertido, ¿quieres que te haga divertido?,¡Ya sé, juguemos piedra papel o tijeras!-ahora la voz se agrava considerablemente.Y entonces silencio...

-¡PIEDRA!-grita desde la oscuridad.El hombre cae al suelo con una pierna destrozada bajo un peso invisible, suelta un alarido mientras se sacude intentando escapar.

-¡PAPEL!-Comienza a ahogarse, siente que miles de bolas de papel penetran en sus pulmones, quiere vomitar pero su garganta está tapada también.

-¡TIJERAS!-chilla con risa macabra.Al principio no ocurre nada, pero luego la sangre comienza a brotar por todo su cuerpo, escurriéndose por miles de cortadas profundas, se revuelca como animal furioso y grita hasta que sus cuerdas vocales se tensan sin poder más.

La voz por fin se revela, es el chico de la celda 9, al que le había roto el cráneo. Por las grietas de su cuerpo solo se cuela oscuridad, posee una sonrisa de dientes afilados y sus ojos... Son lo peor, córneas oscuras que reflejan el arder de cientos de infiernos, el lamento de incontables almas, el grito furioso de la muerte que reclama un alma. Y sus pupilas, son ni más ni menos que la maldad pura, el rojo de la sangre de sus víctimas.

El encapuchado se arroja al suelo llorando ante la espantosa aparición. Resignado a servirle e implorando perdón.Él chico inclina la cabeza confundido, luego coloca uno de sus torcidos y largos dedos sobre su boca indicando silencio.

-Shhh, no quiero que grites.

Pero en el silencio perpetuo del lugar, un sonido salvaje de penuria y dolor estampó las paredes de rojo...