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LimboP MORADOR DEL LIMBO
"Se estremece la tierra, ruge la espuma de los mares sobre las montañas, y el cielo arde en música de sombras y liras infernales"

Este es un descarriado del Limbo, penitente del Purgatorio con fecha de nacimiento en un guiño de ¡CreepyLooza! Abstente de la arena, que esto es más legal que tu jfa. Burló La Guillotina y a los Jueces del Infierno, así que cómete tu teclado.


«“Pero, entre los chacales, las panteras, los podencos, Los simios, los escorpiones, los gavilanes, las sierpes, Los monstruos chillones, aullantes, gruñones, rampantes. En la jaula infame de nuestros vicios, ¡hay uno más feo, más malo, más inmundo! Si bien no produce grandes gestos, ni grandes gritos, haría complacido de la tierra un despojo. Y en un bostezo tragaríase el mundo: ¡es el Tedio! — los ojos preñados de involuntario llanto, sueña con patíbulos mientras fuma su pipa…»

~ Charles Baudelaire Las Flores Del Mal.


I

Una vez dijo el santo italiano Pío de Pietrelcina: “El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. Así Dios nos manifestó su amor: envió a su Hijo único al mundo, para que tuviéramos Vida por medio de él.” Pareciese que con el tiempo el hombre ha olvidad la verdadera definición de amor. Prueba de ello lo encontramos en la juventud de ahora, la cual los viejos no tardan ni un segundo en culpar. Pero señores, les mostrare que los pecados han existido incluso antes de que ustedes nacieran, y esta historia es prueba indiscutible de ello:

Narran los borrachos de las tabernas de Cartagenas de Indias la leyenda del joven noble llamado Valentino de Tarragona, hijo de familia notable, quien para conquistar el corazón de la hija del Virrey, decidió hacer uso de la magia oscura y el contacto con esclavos negros, quienes eran conocidos por practicarla.

Pero entendamos la causa del pobre Valentino antes de narrar su grave crimen. Resulta que a pesar de ser el primogénito y heredero de las tierras de su padre, era conocido, primero, por su notoria perversión,  segundo, por no destacar en nada y, tercero, de poseer una asquerosa verruga debajo del ojo y una cicatriz de nacimiento en la mejilla, sin olvidar la cara larga y la nariz chata, las cuales lo hacían víctima de burlas entre sus compañeros y un monstruo a la mirada de las bellas vírgenes.

Y la ira consumió el corazón del joven y este, olvidando el destino de los enemigos de Dios, decidió vengarse. Para ello robó de la biblioteca del sacerdote mas apegado a la familia, Damian de Portalegre. Después de la cena, escondido en su armario con una vela en la mano, divagaba en los misterios de la magia roja, ósea, en la del amor, y de su lectura consiguió la formula para una poderosa pócima. Pero el joven tenía un problema: ¿como conseguir los materiales para su cometido? No podía ir a donde el alquimista, por que este le haría un montón de preguntas y terminaría diciéndole a su padre. Encontró la solución al ver desde la ventana a un esclavo negro pasar cargando varias bolsas con la espalda. Los brujos negros no pondrían oposición a sus deseos y, si la petición no resultaba, lo debía de entregarles algunas monedas, por que todo el mundo sabía que no poseían siguiera un miserable peso.

Una noche se escapó de casa y corrió a las chozas de los esclavos de las palmas de azúcar. Al preguntarle a un negro que descansaba al pie de la entrada de su amo, le señalo la casa que se encontraba al fondo, cerca del barranco, y con una voz ronca dijo: “Imâd al-Dîn, el libre”.

Tocó fuertemente la puerta y por poca sale volando al interior. Le recibió una empleada embarazada y esta le guió a la habitación del negro libre.

Imâd se encontraba en el suelo  de tierra, chupando de un objeto largo conectado a una taza. Tras unos segundos quitó sus labios y expulsó varias humeadas de vapor azul. Al notar la presencia de Valentino, la dejo en el piso, se levanto y se inclino hasta tocar con su calva cabeza el dedo gordo del pie.

-Laylatan saeida, noble joven. ¿Que puede hacer este anciano por ti?

-Quiero tus servicios.

Imâd negó con la cabeza y dijo:

-¿Ha visto en mi casa gatos negros o animales sacrificados como para deducir que yo hago tratos con Belze…?

El joven le tiro una bolsa llena de monedas de oro. El negro la atrapo al instante.

-Este será tu pago. Analizalo, huélelo y dime que no es lo más precioso que tus ojos han visto desde la primera vez que percibiste los rayos del sol.

Imâd sonrió levantando la mitad de sus labios hacía arriba y los otros para abajo. Luego preguntó:

-¿Y que quiere un agradable joven como tú? ¿Fuerza? ¿Dinero? ¿Un gran futuro?

-Te olvidas de lo más importante: el amor. No me mientes, negro. Se que incluso a tí te parezco aberrante a la vista. ¿Por qué no te guardas las palabras bonitas y me dices como conseguir los pechos y el coño de Donotea de Ciudad Real? Incluso mejor, ¿por qué no me la traes aquí ahora mismo?

-Cristianos. Carentes de conocimiento. ¿Crees que si fuera así de fácil estaría aquí fumando hierbas de la tierra de Al Muhaimin? Por supuesto que no, y me imagino que sabes tan bien como los otros blancos, lo qué piensan y dicen los criollos, hermanos vuestros. Os digo de una vez, seguidor del Dios Uno y Trino, que no falta mucho para que llegue la perdición del rey vuestro y su imperio. Pero eso no es problema mío, ¿verdad?.

-Callaos ya y dime: ¿mis deseos tiene fortuna?

-Y tú futuro mucho más. 'Arak lahiqaan.

Así terminó el trato. Valentino se largó y Imâd iba a volver a poner el aparato en sus labios cuando irrumpió en sus aposentos una figura grande. La empleada se encontraba atrás, tratando se arrastrarlo afuera.

-Veniam in me. Yo también quiero que me hagas un trabajo.

Imâd ni le dirigió la mirada. Solo le preguntó:

-¿Y que traes como pago, Zepe?

El sacerdote se toco la punta de la barba y sonrió maliciosamente. Luego respondió:

-El futuro de tus actos paganos y de tu libertad, hereje aberrante. ¿Vas a escucharme la voz de Nuestro Señor una vez en tu vida?


II

Damian de Portalegre se negaba a si mismo, pero eso no servía de nada para ocultar sus sentimientos: estaba enamorado totalmente de la esposa del Virrey, Hiralda de Ciudad Real.

Todo empezó con un pequeño acaloramiento al ver a la Virreina subir las escaleras con su vestido azul, de mano de su esposo, Miguel Patricio, quien le superaba en todo: el bigote bien cortado en forma de M, los trajes de oro con incrustaciones de diamantes, entre otros. Y todo ello le mataba del cólera y al mismo tiempo era el pan de cada día. Las miserables migajas de pan y los sorbos de vino iban directo a la basura. ¿Que más necesitaba para vivir que la esencia de aquella mujer con su cara flácida, sus labios carnosos y cabello seco? Ni los comentarios de sus compañeros más íntimos fueron suficientes para evitar que cayera en los más terribles pecados.

Los pecados crecieron a la velocidad con la que una bola de nieve, rodando en una montaña nevada, adquiere forma y peso con el tiempo. La eyaculación dejó de ser placentera a los pocos días. Tampoco le dejo satisfecho la leche de las cerdas que se crían debajo de los puentes y más oscuros escondites. Hiralda, Hiralda, Hiralda. Su cara lo atormentada de día y noche. Y fue tanto el horror que decidió venderse a quien sea y por lo que sea. La vida y Su Santo Señor hace siglos que habían perdido el control.

Pero al dar el primer paso tuvo que parar. Le llegaron a la cabeza mil des-confianzas y posibles consecuencias. La importante fue: ¿como hace un religioso para encontrar un brujo? ¿No somos enemigos naturales, como lo son el ratón y el gato?

La cuestión lo hundió en un colapso mental que duro varias semanas hasta que una noche, tras la última misa y finalizada la recolección del diezmo, yendo de vuelta a su casa por una caminito cerca de la casa del padre del joven de Tarragona, ve una sombra salir cuidadosamente salir de la habitación del anterior mencionado y escabullirse a los campos.

La siguió con la mayor precaución posible. Llegaron a la casa de un conocido negro libre que varios miembros del clero tachaban de creyente de la blasfema religión del falso profeta Mahoma. Aunque todos le chantajeaban, nadie había podido recolectar pruebas para enviar al Magisterio de la Iglesia.

Valentino fue recibido por la esposa del Negro libre. Damian se metió por la parte trasera de la choza y miro por la ventana que daba a una habitación de la que se expulsaba un humo espectral.

"Au Shisha…¡Imposible que se halla salido con la suya todo este tiempo!"

Valentino entró y saludo al Negró. Este le devolvió el saludo con una expresión Arabe y después se pusieron a discutir. Damian solo dio atención a las partes donde hablaban de tratos y hechicería. El conocimiento de aquella noche le daría una doble recompensa: la oportunidad de conquistar el corazón de su amada Hiralda y encarcelar por fin a esa banda de asquerosas criaturas marrones.

Al terminarse la discusión y bien Valentino había salido por la puerta por donde entro. Se introdujo por la fuerza y arremetió contra la habitación de Imâd. El Negro ni se inmutó de su llegada. Y así empezaron las amenazas.


III

Al mediodía Damian de Portalegre entró en la sala principal del palacio y se inclino al frente del Virrey Miguel Patricio de Ciudad Real, quien lo miraba despectivamente.

-Hablad rápido, padre. ¿Acaso no has visto la sala llena y el montón de papel que debo firmar y a la congregación de invitados del Sumo Pontífice que debo atender?

-Pido disculpas por mi osadía, pero esto es un asunto de vital importancia. ¡Su majestad, vuestra cónyuge y vuestra hija, está en peligro inminente!

Todos los individuos de la sala devolvieron la cabeza hacía el virrey, el cual al escuchar el reporte del sacerdote se levanto y lo señalo con un dedo al tiempo que fruncía el ceño exageradamente.

-¿Vienes a interrumpir mis actividades por el ataque de que ejercito? ¿Ya has hablado con el obispo de ello?

-No, su majestad. El trabajo en la arquidiócesis no me ha permitido ir a reportar mis hallazgos.

-Sea. ¿A que enemigo nos enfrentamos?

Damian titubeo por unos segundos y luego respondió:

-¡Un negro hereje y un muchachito de cabellos castaños!

Se hizo el silencio en la sala y cuando de los plebeyos se rio, los otros le siguieron hasta que las risas y burlas hicieron vibrar las ventanas.

-Ni un ejercito ni una terrible secta con poderes sobrenaturales, sino una pulga y una asquerosidad de labios inflamados. ¡Vete inmediatamente de mi presencia, no quiero perder más tiempo con babosas como esas! -dictó el Virrey.

Unos guardias tomaron a Damian de los hombros y le arrastraron a la fuerza hasta la entrada. Antes de ser tirado a los charcos inmundos de la calle, exclamó a nadie en particular:

-La virreina, Hiralda. Hiralda, mi amor, estás en peligro…


IV

En la mitad de la noche, Imâd salió cuidadosamente de su habitación y fue a sentarse a uno de los muchos árboles cerca de las campos de café para comer un puñado de granos de arroz que restaron de la cena.

Del respaldar del árbol salió un hombre encapuchada que se tocaba constantemente las sienes y que cojeaba un poco. Imâd lo reconoció y le tendió la mano. Valentino no la acepto y en cambio preguntó:

-¿Tienes la pócima lista? Solo nos quedan unos pocos días para que se celebre el aniversario de la muerte de la santa con el mismo nombre del rio.

Imâd se metió la mitad de la ración en la boca, la mastico un poco y con la boca llena respondió:

-Claro que la tengo, pero no se qué haremos después. No nos hemos puesto de acuerdo en como vamos a ingresar allá añadiendo se te ha anulado la invitación y toda la Guardia anda detrás de ti.

-Eso no es un problema. Me puedes vestir como un hombre rico de lejanas tierras, ¿no? Si me has dado la capacidad de teletransportación, es claro que me puedes convertir en lo que te pida.

-Pobre cristiano, de lo que se pierden los que niegan la divina magia…

De unos arbustos cercanos salió Damian, quien se acercó cabizbajo y con la cabeza tan roja como un tomate.

-Padre, Damian. ¿Que hace a…?

-Callaos. Que ambos sabemos que has estado haciendo los últimos días. No te preocupes, Valentin. Que estoy en vuestro bando, puesto que hasta yo mismo me he metido en el pecado de la hechicería. Así que callemos los temas de fe y planeemos como lograremos entrar a ese lugar. Lastimosamente…

-¿Lastimosamente qué? -preguntó airoso el joven.

-El estúpido nos ha delatado -concluyo Imâd, mirando de reojo a Damian y después a Valentino-. Pero no hay que preocuparse. Ningún Virrey ni rey le creía ni una palabra a plebeyo como él. Bueno, cambiando de tema. Acuerdo contigo de lo del disfraz, pero con ello se viene otro problema: ¿y si os preguntan vuestra identidad y riquezas?

-Nada que no resuelva el plata falsa -respondió Valentino, sacando un peso de su bolsillo. Se lo metió a la boca y lo mordió fuertemente hasta arrancar un pedazo que después escupió a la tierra.

-Yo tengo otra cuestión -espetó Damian, tratando de no mirar fijamente a Valentino-. ¿De que modo envenenaremos a los damas, y como se supone que las saquemos sin que haya sospecha?

Valentino dio una risita y respondió:

-Oh, siervos del señor. ¿Es que olvidar el poder de la corona y de los españoles puros como yo? Gran parte de nuestras respuestas están en el dinero. He comprado a un esclavo junto a una carroza vieja pero aún funcional. Las meteremos dentro de un baúl lleno de paja y las llevaremos al primer lugar que se nos presente.

-Al fin he oido a un cristiano decir una palabra sensata. Empezamos nuestro trabajo desde ahora para ahorrar tiempo. Desnudaos, tengo que tomaros las medidas del cuerpo antes de traer los polvos y las pieles de ovejas -ordenó Imâd.

Los otros dos cumplieron sin protestar.


V

Al sentarse el Virrey en el trono, se dio inicio a la junta. Inmediatamente entró el jefe de la Guardia, Báquides de Pore, y sus hombres. Todos hincaron una pierna al frente de Miguel Patricio. Este se levanto y dictó:

-He hablado con el clero y con su majestad Fernando VII y ambos me han dado permiso para dar la siguiente sentencia. Que se de captura y muerte en el acto al vil y repugnante criminal llamado Valentino de Tarragona. Esta también se aplica a cierto sacerdote, quien se nos ha reportado en los últimos minutos, que es complice del anterior: Damian de Portalegre. Exijo sus cabezas en picas, las cuales se expondrán en la Plaza. Vuestro rey ha hablado, cumplid su voluntad.

-!Si, su majestad¡ -respondieron todos los de la Guardia y se inmediato salieron del palacio en fila, directamente a donde se les había reportado la ubicación del sacerdote.


Damian se acercaba al camino para el palacio cuando el sonido de una trompeta le hizo resbalar de las manos la botella de vino. Giro la cabeza lentamente y vio a un guardia montado en un corcel. Detrás de él aparecieron hombre con lanzas en ambas manos.

El sacerdote trato de correr a un callejón, pero de todas partes salían multitud de guardias que le apuntaban con las puntas de sus lanzas. No tuvo más alternativa que dejarse atrapar por varios guardias que lo aplastaron y llevaron con las manos amarradas a una cuerda mientras que el gentío le tiraba basura y piedras.


VI

Se había hecho la noche. Ya casi todos los invitados habían llegado y ninguna señal del sacerdote. Valentino, disfrazado de un anciano de Medio Oriente con vestiduras verdes y un gorro blanco, perdió las esperanzas e ingreso por su cuenta al palacio, donde Imâd le esperaba en el comedor para entregarle la bebida adulterada cuando fuera el momento indicado.

Se sentó al lado del único hombre que vestía de manera inapropiada. Sus vestiduras parecían basura en comparación a las pieles de animales y elegantes trajes de las familias más poderosas de la Nueva Granada.

-¿Cual es su nombre, chevalier? -le preguntó Valentino.

-Oh, un extranjero, que suerte la mía. Señor, yo soy muy famoso en estas tierras de Nuestro Señor Jesucristo. Ha de llamarme Lucas Tadeo, el granjero…

Valentino tembló un poco, pero se trató de tranquilizar para no levantar sospechas.

-Un gusto. Y el mio es…

En ese punto llegó Imâd, se sirvió vino en la copa y le guiño el ojo.

-…Imâd Abdel Barri Fattar Afîl Akram…

-Pobres los de su tierra, ha de ser un conflicto para llamarse los unos a los otros.

-Más de lo que usted cree, caballero. Mucho más.


Llegó la hora de las bebidas y el asiento vacío era el que se encontraba al lado izquierdo de la Virreina.

Valentino le susurro a Lucas Tadeo:

-¿Y quien se supone que ha de estar junto a la Virreina?

-La princesa Dorotea. Imagine que hace unos días fue asalta por un terrible maleante que intentaba robarle la pureza -y con orgullo continuó- y fueron mis tres hijos quienes la salvaron. Oh, vaya mi suerte. Soy el padre de unos heroes.

-Me pongo feliz por ti. Pero también tengo otra duda, ¿y donde se encuentra?

-En su cuarto. Aún le falta mucho tiempo para recuperarse.

-Pero me dijeron que ella iba a estar…

-¿Quien le dijo semejante mentira?

-Oh, un pajarito. Pero ya no importa. Con Dorotea o sin ella, hemos de celebrar el nacimiento de una de las más grandes santas de estas tierras, ¿verdad?

-Sí, sí. Se ve que usted conoce mucho de nuestra cultura.

-Estoy acuerdo contigo, amigo mio.

El Virrey se levantó de su asiento y con una copa en la mano empezó un discurso que no vale la pena transcribir. Resulta que al final del discurso se iba a dar el brindis.

Todos en el comedor se levantaron. La Virreina dio el brindis a las personas mas cercanas. Cuando llegó a dar unas palabras con Valentino, se tomo el vino de un trago y de un segundo al otro se le cambio el tono de la piel y las pupilas se le dilataron. Sus últimas palabras antes de caer inconsciente fueron:

-Me siento sedienta de repente… tan sedienta. Que alguien… me de… agua.

Todos excepto Valentino se alejaron de la mujer. Imâd se puso junto a él y espetó al público que ellos se encargarían de llevar a la reina a donde médico. En una cobija la llevaron a las afueras del palacio.


-Maldito, maldito, Báquides. Está es la última vez que me mientes -espetó Valentino al tiempo que se acercaban a la carroza con el esclavo que les esperaba lamiendo los dedos de las manos.

De la nada se encontraron con el médico y el mismísimo Báquides de Pore, quien guiaba al primero por los alrededores hasta el lugar por donde habían salido anteriormente Valentino e Imâd.

El jefe de la Guardia puso al médico detrás suyo y saco su espada.

-Así que lo que decía el asqueroso de Portalegre era verdad. Ustedes, inmundicias, llegaríais aquí para llevaros a la Virreina. ¡No mientras yo viva y Dios me de fortaleza!

-¡¡¡Imâd, matadle, matadle, rápido!!! -espetó Valentino, quien se esforzaba por mantenerse de pie.

-No he traído nada. Creí haberlo amenazado lo suficiente, pero resulta que el sacerdote, quien supuestamente guarda los secretos más horribles, no puede mantener la puta boca callada.


VII

Se hizo la medianoche en la cárcel. La luz de la luna iluminaba la celda a travez de los gruesos barrotes.

Damian rezaba el Rosario con los pies sobre la cama y besando recurrentemente el crucifijo en la pared.

Valentino estaba acostado sobre el espacio que era la esquina izquierda.

Imâd no se había movido del centro de la celda desde su llegada. Tenía los ojos desorbitados y desde su boca se deslizaba unas gotas largas de baba gris.

Se escuchó unos estruendos unos pisos arriba y un cuerpo que cayo de las escaleras y se precipito al piso del pasillo con la cabeza partida a la mitad.

Una figura femenina bajo las escaleras y, con un montón de llaves en la mano, utilizo cada una de ellas hasta abrir la celda e ingresar en ella. Al reconocerla, Damian exclamo: Hilara, amor precioso de mi alma, has regresado por yo, un terrible pecado…

Cayó al ver como ella le robaba un beso a Valentino. Este la empujo y por poco la mata si no fuera por que Imâd se puso en medio.

-Seguidme mi amor -exclamo ella a Valentino. El fuego en sus era notable a simple vista.- Que te he amado desde el principio de mi existencia.


Esta es la única parte verídica de esta historia, pues el resto ha sido deformado por charlatanes y pervertidos. Espero que haya hecho un cambio en tu corazón, pues los jóvenes como tú han de valorar el que tienen. Yo perdí el mío hace mucho tiempo, y no pienso perder los otros miembros de mi cuerpo por un amor de un solo lado. Amén.

--Eovoru  (Mi discusión) 01:20 16 mar 2018 (UTC)

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