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Circulo-negro

Como cada viernes, Carlos se quedaba en la correduría de seguros en la que trabajaba, para hacer horas extras y así sufragar los gastos que tenía. Siempre había vivido por encima de sus posibilidades y llegaba a final de mes por los pelos. Por ello cada viernes se quedaba desde las tres de la tarde hasta las siete y se sacaba un dinero que no le venía nada mal. Además con la semana que tenían de vacaciones, puesto que la empresa cerraba, podría marcharse a casa de algún amigo.

Se dirigió hacia la fotocopiadora y comprobó que estaba atascada, al abrirla la máquina le dio un flash en la cara que le cegó por un momento. Al instante salió un papel con un círculo negro en su centro, extrañado cogió la hoja y la dejó sobre la bandeja. Cuando terminó el café que estaba tomando, dejó el vaso sobre la hoja y el vaso se coló por el agujero.

Una vez hubo terminado fue a recoger el vaso y se extrañó que sólo estuviese el papel con el agujero. Miró por el suelo, detrás de la fotocopiadora y al coger la hoja por el extremo vio con gran asombro como su dedo se introdujo por aquel oscuro círculo. Se quedó de piedra e introduciendo el brazo dentro sacó el vaso del café. Estaba entre nervioso y excitado por tan extraña situación y mirando la máquina de chocolatinas fue hacia ella, puso la lámina justo en el cristal y metió la mano para sacar una barrita de chocolate.

Pensó que sus problemas financieros habían terminado para siempre y puesto que en una semana no aparecería nadie por allí se encaminó hacia el despacho del director. Colocó la hoja en el pomo de la puerta e introduciendo la mano, abrió desde dentro.

Estaba de suerte puesto que la caja fuerte se encontraba hasta los topes y nadie sospecharía de él, además de que únicamente el director sabía la clave de ella. Para facilitarle el trabajo colocó la hoja sobre la acorazada máquina y pegó un trozo de celofán sobre ella. Metió la mano y comenzó a sacar fajos de billetes.

Se encontraba eufórico, puesto que jamás había visto tantísimo dinero. Siguió con su tarea, pero llegó un momento en el cual su brazo no alcanzaba a los fajos de billetes que se encontraban al final. Intentó meter su cuerpo, comprobó que podía deslizarse y entró dentro de la caja acorazada, sin percatarse que su pie rozó la hoja, arrancando el celofán por lo que la hoja cayó al suelo.

Ahora tenía un lugar donde pasar esa semana de vacaciones.