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Yo trabajaba como profesor. Todos mis estudiantes y compañeros solían reírse de mí a mis espaldas por mis extraños hábitos. Así que un día, harto de mi soledad, decidí crear mi propio amigo. En mi casa, investigué en internet maneras de crear vida, y me topé con una página web de alquimia.

Con el tiempo aprendí, y tan sólo me hacían falta las cualidades humanas que desease en mi amigo. Decidí aprovecharme de mis estudiantes, ya que no hacían más que meterse conmigo a mis espaldas y no les tenía ningún aprecio.

Al día siguiente, al finalizar mi clase, llamé a uno de mis estudiantes, un muchacho llamado Adrián. Les dije a los demás que podían retirarse a sus casas, y en cuanto estuvimos a solas, le ofrecí un vaso de agua en el que había depositado un potente somnífero. Una vez estuvo totalmente dormido, recreé uno de los rituales que había encontrado por internet, un ritual para separar su cuerpo de su alma. Guardé su alma y deseché su cuerpo lanzándolo a un contenedor, pues un hombre de mi edad acompañado de un amigo de la suya habría dado tema para hablar a las malas lenguas.

Al día siguiente, mientras mis alumnos hacían los ejercicios que les había mandado, dirigí mi atención a Carlos, el chico más listo de la clase. Pensé que mi amigo tendría que ser listo como él, si quería que fuese capaz de ayudarme cuando lo necesitase. Además, Carlos estaba empeorando en sus notas debido a problemas familiares, así que tenía la excusa perfecta para hacerle quedarse.

Cuando sonó el timbre que señalaba el final de la clase le hice quedarse. Como había hecho con Adrian, le ofrecí un vaso de agua, pero lo rechazó. No me quedó más remedio que golpearle fuertemente en la nuca mientras le hacía repasar uno de los ejercicios que había tenido mal en el último examen. Practiqué otro ritual para apropiarme de su inteligencia y deseché su cuerpo también por las mismas razones de edad.

Al día siguiente, llegué al instituto dispuesto a encontrar el cuerpo de mi amigo. Me dirigí directamente a la sala de profesores, pues cualquier alumno hubiese resultado muy joven. Tan sólo encontré allí al profesor de educación física, un recién llegado, joven y apuesto. Decidí que aquel tenía que ser el cuerpo de mi amigo perfecto.

Le ofrecí un partido de baloncesto al terminar las clases, y, aunque se mostró receloso, accedió. Cuando nos encontramos en el gimnasio le ofrecí el primer tiro. Cuando se dio la vuelta para lanzar la pelota, extraje de mi bolsillo un veneno que le inyecté en sangre, de modo que no dañara su cuerpo.

Practiqué el mismo ritual para extraer su alma, pero esta vez fue el cuerpo lo que conservé, ocultándolo en el maletero de mi coche hasta llegar a casa. Allí lo mezclé con el alma pura de Adrián y la inteligencia de Carlos. No pude contener una exclamación de felicidad al verle levantarse, justo como yo había imaginado.

-Tú eres mi amigo perfecto.

Él asintió, pero vi una sombra de tristeza en sus ojos.

-¿Qué pasa, querido amigo?

Él no respondió, pero supe que tan sólo él y yo no seríamos necesarios, y que también nos haría falta una amiga perfecta...