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Mi padre tiene la loca idea de traer al pueblo una función que deje a todos impactados, pues mi abuelo fue cirquero. A mi madre y a mí nos daba un poco de risa, pero aun así le animábamos. Se acercaba el carnaval en el pueblo y como de costumbre (o hasta donde yo recordaba), venía un circo cada año.

—Creo que podríamos hacer una función de magia, ¿No crees, hija?— decía mi padre con tanto entusiasmo, que en sus ojos irradiaba felicidad como si de un niño se tratase.
—¡Claro papá, eso sería bueno! nunca ha venido un mago, si sale perfecto hasta te podrían contratar en el circo. —Hija, no le des más alas de las que ya tiene, podría emocionarse de más— decía mi madre. —Tu padre es bueno con la magia, recuerdo que en la escuela era conocido como el mágico ángel.
—¿Por qué le llamaban así?—
—Eso es muy fácil, es un truco donde se aparenta tener alas, como si se tratara de un ángel, tu madre me ayudo a perfeccionarlo, es más; he mejorado tanto en ese truco que hasta puedo darle alas a otra persona, es una ilusión que dejará a todos fascinados.— Exclamó mi padre lleno de júbilo.
—¡Claro cariño!, recuerdo que con ése truco me enamoraste, en el baile de graduación me estaban coronando, cuando de pronto un par de alas blancas salieron de mi espalda. Todos se quedaron asombrados, nadie sabía que era lo que estaba pasando, fue cuando te vi entre la gente y pude ver lo que estabas haciendo, realmente fue hermoso.

La historia me parecía hermosa, mi familia era sin duda alguna la mejor que me pudo haber tocado, éramos muy felices.

—Bueno hija, debemos irnos a descansar, ya es demasiado tarde y mañana será un día muy largo, no se te olvide pasar a recoger a la pequeña Aurora. Recuerda que la debes de llevar al jardín de niños, te comprometiste con los vecinos y debes de cumplir.
—Si papá, no te preocupes, mañana pasaré a recogerla.

Aurora era mi pequeña vecina, tiene unos ojos color azul claros, cabello rubio hasta la cintura y una piel suave de color blanca, la conozco desde que nació. Sus padres son personas muy amables pero muy ocupadas pues atienden la clínica local, su padre es doctor y su madre enfermera.

—¡Hija ya es tarde! Aurora te espera para que se vayan juntas al colegio.
—¡Si mamá, ahora bajo!— le gritaba desde mi habitación.

Me tardé demasiado en arreglarme que no me di cuenta de la hora, bajé corriendo por las escaleras, tomé presurosa un pan, bebí rápidamente el vaso con leche que mi madre me sirvió, y salí a toda velocidad de mi casa rumbo a donde la pequeña Aurora me esperaba fuera para salir rumbo al colegio.

—¡Ya nos vamos mamá, regresamos en la tarde!
—¡Hasta luego señora!— Aurora se despedía también de mi madre.
—¡Que les vaya bien, cuídense mucho!— Exclamó mi madre mientras nos alejábamos rumbo al colegio.

Caminamos no muy deprisa, recorríamos los campos de maíz que quedan en el camino, observando el paisaje, también, pude ver a lo lejos como se estaba montando la carpa del circo.

—¡Aurora, mira! ¡Es el circo! ¡¿No estás emocionada?!—Le dije llena de emoción —El Lunes que viene, es el festival del pueblo, mi padre dará una función de magia y todos estamos muy emocionados.
—¡Claro hermanita! pero, yo no podré salir de casa, mis papás estarán trabajando y ellos dicen que con estos eventos, el número de personas que se lastiman son muchos y estarán muy ocupados, tanto que no podremos visitar la feria o el circo...

La expresión de Aurora me partía el corazón, sus ojos reflejaban mucha tristeza, no soportaba verle así, tenia que pensar en algo para que ella también pudiera venir conmigo a divertirse.

—¡Aurora ya se como le haremos para que vengas a la feria!
—¡¿Eh?! ¿Qué se te ocurrió hermana?— Preguntó impacientemente. —Hoy después de clase, pasaremos a la clínica y le pediré permiso a tus papás para que puedas venir conmigo y mi familia, ¡Yo te cuidaré! verás que nos divertiremos mucho. ¿Qué te parece?

No tengo las palabras para describir la felicidad de Aurora, en seguida, me dio un abrazo muy fuerte lleno de calidez. Aunque ella no era mi hermana de sangre, estaba contenta de ser su vecina y de el tiempo que pasábamos juntas. A mis 16 años, era como si Aurora fuera la hermana menor que nunca tuve.

Llegando al jardín de niños, la dejé con su maestra y me retiré despidiéndome de ella, al darme la vuelta, me fui a mi colegio que se encuentra a una cuadra de ahí.

Al terminar sus horas de clase, la maestra de Aurora amablemente la escoltaba hasta mi salón de clases. Ella se sentaba a mi lado esperando pacientemente a que terminaran mis clases para irnos juntas, mis profesores nos daban ése permiso, pues los padres de Aurora eran muy conocidos por todos en el pueblo, además, el ver a una niña de preescolar en clases de preparatoria nos ponía de animo a todos en el salón.

Terminando las clases, fuimos por un helado, casí al llegar pudimos ver que habían unos tipos en zancos, vestían con ropa muy llamativa, no cabía duda que eran de la feria. Se encontraban repartiendo volantes, invitando a todo aquel que se encontraban a ir al circo. Me acerqué a pedir un volante para mostrárselo a Aurora.

—¡Mira ya empezaron a repartir volantes! ¡Estoy muy emocionada, ya quiero que sea lunes!—Le dije mientras limpiaba sus pequeñas mejillas rosadas de pequeños restos de helado.

Cuando acabamos de comer el helado, nos levantamos dispuestas a ir a casa,fue entonces cunado vimos a una mujer muy alta y delgada que se cruzó en nuestro camino. Tenía puesta una máscara bicolor blanca y rosa, cabello largo muy negro, falda color rosa, y un gorro de dos puntas que finalizaba en dos cascabeles.

Al acercarse nos obsequió un par de globos, al tocarla para recibirlos, sentí escalofríos, algo en ella no me inspiraba confianza, me sentía bastante incomoda con solo su presencia frente a nosotras.

Pude notar al tocarla que sus manos eran más grandes de lo normal, se me quedó mirando fijamente por pocos segundos, después, cambió la mirada hacia Aurora, abrió la otra mano y en ella tenía dulces y chocolates, extendió su mano para dárselos a Aurora.

—Toma pequeña, estos dulces son para ti. Tienes una linda sonrisa, estoy segura que nos veremos de nuevo.

Dicho esto se dio media vuelta, no sin antes sentir una mirada de reojo de parte de ella, me pareció que le brillaban los ojos de un color verde esmeralda. Siguió repartiendo globos y dulces a los demás niños, que se le acercaron apenas vieron lo que nos había obsequiado. Tomé la mano de Aurora y caminamos a casa.

—¡¿Qué le pasa a esa mujer?! ¿No te dio miedo Aurora?
—¡No! para nada hermanita, ella me estaba sonriendo.— Exclamó feliz mientras comía uno de esos caramelos que le había dado esa mujer.

Quedé confundida al escuchar esto, pues si mal no recuerdo, ella tenía esa mascara bicolor, no había manera de saber si sonreía.

Caminamos hasta llegar a casa, al entrar me llevé una gran sorpresa, pues en la sala estaba esa mujer sentada con mis padres. Algo había cambiado en ella, esta vez, era escasamente más grande que yo, al verla, Aurora corrió a saludarle.

—¡Hola amiga! ¡¿Cómo has podido llegar antes que nosotras?! Acaso...¿Tomaste un taxi?— preguntó llena de curiosidad.
—¡Soy mágica! Desaparecí de la plaza cuando termine de darles los dulces a los niños…
—¡¿Cómo sabias en qué casa encontrarnos?!— pregunté un poco asustada antes de dejarle terminar.

Era ilógico que llegara antes que nosotras, jamás le vi pasar, ni siquiera recuerdo haber visto un automóvil pasar rumbo a casa.

—Tranquila hija, tu padre le invitó a venir a la casa. Hoy en la mañana, le vio haciendo magia a las afueras de la feria y quiso compartir algunos trucos con ella.
—Así es hija, es una artista muy buena. Estábamos pensando montar un acto de magia juntos con nuestros mejores trucos, así que no seas grosera, discúlpate con nuestra nueva huésped, pues a partir de hoy y hasta que la feria termine, estará en la casa como invitada.

La idea no me agradaba en lo absoluto, sin embargo, decidí no comentar nada por mi padre, él estaba muy contento con la idea de compartir trucos con otra persona, me disculpé con los presentes, me despedí de Aurora y subí a mi habitación con el pretexto de que tenía mucha tarea, yo solo quería dejar de ver a esa mujer.

Al día siguiente, me desperté muy temprano para salir a visitar a los padres de Aurora y pedirles permiso para que la dejaran acompañarnos. Tal como lo supuse, ellos no se negaron, por el contrario, les pareció una excelente idea, no querían que su pequeña hija se quedara en casa sola sin salir a divertirse. Accedieron de inmediato, con la pequeña condición de que sacáramos muchas fotografías para mostrarles.

Saliendo de la casa, vi a aquella mujer salir vestida de la misma manera que ayer, parecía como si nunca cambiara de ropa, no notó que le estaba mirando, la verdad es que no quería cruzarme en su camino, así que espere escondida en la cerca de los vecinos hasta que se alejara lo suficiente para yo poder entrar en mi casa.

El sábado transcurrió rápidamente, Aurora estaba tan emocionada por la feria, que pasó el día entero en mi casa, las dos estábamos muy felices, mientras yo hacía mi tarea, ella dibujaba en un cuadernillo que le había obsequiado, en cuanto terminaba un dibujo me lo mostraba muy emocionada. Mi madre mientras tanto, le ayudaba a mi padre con los trucos que él presentaría en la carpa del circo.

Por fin había llegado el día, mis padres nos llevaron llenos de entusiasmo a la plaza principal del pueblo. Mi papá traía puesto su smoking de gala con una capa brillante, típico de los magos. Mi madre lucía un vestido de noche color negro lleno de lentejuela, como toda una asistente mágica.

Aurora también vestía muy linda, traía una falda color azul que hacía juego con su listón en el cabello, una blusa blanca y una mallas del mismo color. Yo como siempre, vestía muy simple y discreta, unos jeans color blanco y una playera color negro con el cabello amarrado.

—¡Que bien, vamos al circo! Gracias por traerme hermana, me sacaré muchas fotos contigo hoy.

Aurora me abrazaba muy contenta con la felicidad que le distingue, mis padres solo se reían por su expresión inocente y eufórica. Yo estaba muy ansiosa por subirme a los juegos, comer de todo lo que hubiera en la feria y ver los trucos de magia que mi padre había preparado.

—Bueno niñas hemos llegado, pueden ir a donde quieran, solo tengan mucho cuidado por favor. Alicia cuida mucho a Aurora, no se alejen demasiado.— exclamó, mientras mi padre me daba unos cuantos billetes para los juegos mecánicos.
—¡Recuerden que el show de tu padre empieza en dos horas, no falten Alicia!—Nos decía mi madre, mientras nosotras íbamos presurosas a recorrer todo el lugar.

Después de esperar formadas por unos cuantos minutos, logramos subir a la rueda de la fortuna, era un paseo muy tranquilo, podíamos ver desde las alturas la majestuosidad de la feria, la gente que se reía conviviendo con sus familias, la tarde era muy cálida y fresca, se podía oler algodón de dulce, todo era felicidad, hasta que Aurora me dijo algo que me paralizó un momento.

—¡Mira hermana! ¡Hay alguien en la entrada de la carpa! ¡Está regalando globos a los niños!

El horror fue más grande cuando volteé hacia la carpa tratando de tranquilizarme y pude observar a aquella mujer, estaba entrando en la carpa del circo, su aspecto era mas grotesco de lo normal, caminaba jorobada, sus brazos eran muy largos, tanto que le arrastraban al caminar, sus piernas se doblaban anormalmente, los cascabeles de su cuerpo se agitaban emitiendo un sonido muy agudo.

Pude ver que tras de ella, le seguían unos niños que claramente estaban siendo atraídos por aquel sonido, estaban hipnotizados. A pesar de la distancia, pude ver su cara donde se suponía estaba la máscara; había una apertura en el lugar de su boca, vi enormes dientes puntiagudos manchados con lo que parecía ser sangre y una lengua enorme que no dejaba de moverse. En un instante, giro su cabeza y me miró con esa luz verde que salía de sus ojos, quise gritar pero el miedo me lo impidió.

La vuelta en la rueda de la fortuna me parecía eterna, parecía haberse detenido, quería bajarme ya. Tenía que ir con mis padres a avisarles de lo sucedido, volteé rápidamente para tomar a Aurora y no soltarle hasta bajarnos y correr hasta mis padres para salir del lugar, ése era mi plan.

Al girarme, note que Aurora parecía estar en una especie de trance ya que tenia una mirada vacía y su piel se había vuelto pálida. Traté de hacerla reaccionar jalando de su ropa pero ella no me escuchaba, parecía como si su mente se hubiera ido lejos de su cuerpo. Comenzó a hablar en un idioma extraño que no entendía en absoluto.

—¡¿Aurora?! ¡Reacciona por favor!— lo dije ya con lagrimas en los ojos.

La rueda por fin bajó, Aurora caminaba hacia la carpa del circo, yo trataba de detenerla, pero era como si una fuerza muy grande la estuviera manipulando. Por mas que lo intentaba, todo esfuerzo era en vano.

De pronto, una espesa niebla comenzó a cubrir todo el lugar. Por un instante solté a Aurora y ya no pude encontrarla. Sin embargo, una corazonada me decía que debía ir hacia la carpa del circo. Así que con la poca visión que tenía, trate como pude de llegar.

Al entrar a la carpa, pude observar un macabro espectáculo que se estaba llevando a cabo, en el centro de la pista estaba esa mujer haciendo trucos de malabarismo, me miró e hizo una caravana. Con su mano, apuntó hacia las gradas, le seguí con la mirada y pude ver a todos los niños sentados, riendo y bañados en sangre, a algunos les faltaba alguna extremidad como los brazos o piernas, el suelo parecía teñido de rojo, a todos les habían sacado los ojos, parecían lágrimas de sangre. Caí de rodillas incrédula por el horror que sentía, regresé la mirada a donde estaba esa criatura, mi miedo creció más cuando vi que en una de sus manos tenia a Aurora inconsciente; la acercó a su boca, no le podía dejar de ver, estaba paralizada de miedo.

—¡No por favor, no le hagas daño. Es solo una niña!— Le dije entre sollozos.

Puso su dedo índice en su boca llena de dientes en señal de silencio y apunto con uno de sus cascabeles de la cabeza al frente del escenario, una luz dejo ver el centro de la pista, observé a mis padres amarrados a una mesa, estaban amordazados y completamente desollados. Les habían abierto el estomago, todos los órganos estaban regados por el suelo, la sangre aún salía de esas enormes cavidades, no lo podía creer.

—¡Hermanita te quiero!...—Dijo con un último suspiro.

Segundos después, estaba siendo devorada, pude ver sus ojitos azules aún con vida, me sonrió con la ternura de siempre, hasta que su pequeño cuerpo fue partido en dos por los dientes afilados del monstruo. No pude más, solté un grito que me desgarró la garganta para después caer inconsciente.

—Suena muy fantasiosa esa historia de terror, ¿no crees?, aún no sabemos que fue exactamente lo que paso ese día en la feria, muchos niños desaparecieron, mucha gente murió y tu fuiste la única sobreviviente. La policía aún sigue investigando; ¿sabes una cosa? Te encontraron dentro de la carpa cubierta de sangre, la policía cree que fuiste tu la asesina de la niña por la cercanía que tenías hacia ella.— Me dijo un sujeto dentro del psiquiátrico, mientras me examinaba como de rutina.
—¿Está insinuando que yo lo hice?
—No estoy haciendo alguna acusación en contra tuya, yo sólo me encargo de tu salud mental.
—¿Entonces es por eso que estoy encerrada en esta habitación? ¿Creen que estoy loca?
—Ya te dije que yo solo me encargo de tu salud, deja que la policía haga su trabajo.— Comentó antes de irse de la habitación.

Había ya pasado un año desde aquel suceso. No recuerdo mucho lo que sucedió después de aquella escena en donde esa mujer devoraba a Aurora. He vivido este año entero contando la misma historia que ya todos los médicos conocen, pero nadie me creé.

Me han dicho que no ha habido ninguna mejora con mi "enfermedad". Y al ya no tener familia, lo mas probable es que me quede encerrada por siempre. Siendo honesta, ya todo me da igual, no tengo a nadie más en este mundo, además, no logro sacarme esa horrible figura de mi cabeza cada que intento dormir.

—Doctor, he traído estos cuadernos de la casa de la interna ¡¿son los que me pidió?!— Comentó una enfermera entrando a mi habitación, me miró y no pudo disimular el miedo que le provocaba.
—¡SI!, gracias, son estos. La policía no los decomisó, quisiera estudiar el diario de la joven y algunas notas de su colegio, tal vez podamos hallar algo que nos sea de utilidad.

La enfermera se retiró aliviada de no quedarse más tiempo, me sentía como un animal condenado a morir, pensé que era mejor que esa cosa me hubiera matado, al recordar, no pude más y comencé a llorar.

—No tengo nada en contra tuya, no creo que seas culpable, pero tampoco estoy diciendo que seas inocente. Te dejaré un rato los cuadernos para que los veas, vendré después a recogerlos, ¿de acuerdo?

El médico salió de la habitación, dejándome el cuaderno de dibujo de Aurora, mi diario y un bolígrafo. Abrí el cuaderno de dibujo, pude ver los dibujos de Aurora, todos hechos por aquella inocente criatura, casi al final del cuadernillo había un dibujo donde me había pintado con ella, agarradas de las manos en las afueras de la carpa del circo, al ver esto comencé a llorar.

En un instante, sentí detrás mio una presencia mucho más grande que yo. Al girar, fue enorme mi sorpresa pues se trataba de aquella extraña mujer. Misma mascara, mismo vestuario, todos mis recuerdos que quería bloquear llegaron nuevamente a mi mente. Traté de herirla con el bolígrafo que aun tenía en la mano. Sin embargo fue en vano, instantes después lo tenía completamente atravesado en la garganta.

En mis últimos instantes pude sentir su mirada posada hacía mi, lo último que vi fue hacerla una caravana.

—El show ha concluido.— Con esas últimas palabras, dí mi último suspiro.

—Doctor, rápido es la paciente Alicia, al parecer le pasa algo.
—¡¿Cómo?! Vamos rápido enfermera, no podemos dejar que se haga daño, ¡rápido! ¡abra la puerta!
—¿Pero qué demonios pasó aquí?, ¡Doctor mire!
—¡Alicia! ...pero ¿Que te has hecho?


Archivo: 685-14
Paciente: 8947 Alicia "N"
Hora y fecha de muerte: 17:45 hrs. 17/10/1998
Causa de la muerte: Suicidio. Se presume que el paciente de la habitación 607 se clavó un bolígrafo después de escribir en una hoja de papel el siguiente mensaje: "El show ha concluido".

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