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El 7 de Septiembre de 1978 Georgi Markov esperaba su autobús en una de las paradas que existen en el Puente de Waterloo en Londres cuando sintió un golpe en su muslo derecho seguido de un gran ardor en la misma zona. Inmediatamente un hombre con acento extranjero se disculpó por aquél tropiezo mientras se alejaba del lugar con tranquilidad. Cuatro días más tarde Markov moría en un hospital de la ciudad en extrañas circunstancias.

Georgi Ivanov Markov fue un notable disidente búlgaro. Markov trabajó originalmente como novelista y dramaturgo, pero en 1969, desertó de la entonces Bulgaria comunista de Todor Zhivkov.

Después de mudarse a Occidente, trabajó como periodista para el World Service de la emisora británica BBC, para la radio Free Europe, financiada por el gobierno estadounidense, y también para la cadena Deutsche Welle, de la entonces Alemania Occidental.

Desde su privilegiado puesto en las ondas era un severo crítico del régimen comunista imperante en su país, en particular del dirigente Zhivkov, por lo que se especula que, como resultado de ello, el gobierno búlgaro decidió deshacerse de él, pidiendo ayuda técnica al KGB soviético para llevar a cabo la operación.

Un agente de la policía secreta búlgara, Darzhavna Sigurnost, con la asistencia del KGB ya había hecho dos intentos fallidos para matar a Markov.

El 7 de septiembre de 1978 (justo el día del cumpleaños de Todor Zhivkov), Markov caminó a través del Puente de Waterloo, que cruza el río Támesis, y se puso a esperar en una parada de autobús cuando sintió que un hombre con un paraguas lo golpeó en la pantorrilla.

El hombre se disculpó y se alejó. Markov, le diría más tarde a los médicos que lo trataron que el hombre en cuestión se había disculpado “en un acento extranjero”. El extraño evento es recordado como “El asesinato del paraguas”, y aparentemente el autor material del mismo sería un italiano de nombre Francesco Gullino, conocido como “Picadilly”.

Markov recordó una sensación de ardor y dolor en donde había sido golpeado. Cuando llegó a trabajar a las oficinas de la BBC, notó que se había formado una pequeña circunferencia roja donde había sido golpeado y que el dolor persistía . Él comentó a un compañero de trabajo el incidente que había vivido escasos momentos antes. Esa misma tarde desarrolló una altísima fiebre y tuvo que ser ingresado en un hospital donde murió tres días más tarde, el 11 de septiembre de 1978, a la edad de 49. La causa de muerte fue determinada como envenenamiento.

Debido a las extrañas circunstancias del incidente, en las declaraciones realizadas a los médicos que lo trataron, Markov expresó la sospecha de que había sido envenenado, Scotland Yard ordenó una minuciosa autopsia del cuerpo de Markov. Los patólogos forenses descubrieron una bolita de metal esférica (del tamaño de la cabeza de un alfiler) incrustada en la pantorrilla de Markov. El pequeño perdigón, de sólo 1,52 mm de diámetro, estaba compuesto en un 90% por platino y el 10% restante por iridio. Tenía dos agujeros con diámetros de 0,35 mm perforados a través de él, resultando en una cavidad en forma de X.

Un examen posterior por parte de expertos de Porton Down mostró la presencia de rastros de veneno. Una sustancia azucarada recubría los diminutos orificios, creando una suerte de burbuja, para que el veneno contenido en el interior de la cavidad no se diluyese antes de su debido tiempo. El recubrimiento en cuestión habría sido diseñado especialmente para fundirse a 37 ° centígrados, la temperatura normal del cuerpo humano.

Cuando el pequeño balín o perdigón fue disparado en la pantorrilla de Markov, la capa protectora se fundió, por lo que el veneno quedó liberado siendo absorbido por el torrente sanguíneo de la víctima, condenándola a muerte segura en pocos minutos. Incluso si los médicos que trataron a Markov hubiesen sabido que efectivamente se trataba de envenenamiento con ricina, no habría habido básicamente ninguna diferencia, ya que que no se conocía antídoto alguno contra ese tipo de veneno.

Diez días antes del asesinato se había intentado matar en una estación de metro de París a otro desertor búlgaro, Vladimir Kostov, utilizando el mismo sistema.

Los médicos parisinos habían encontrado el mismo tipo de perdigón en la piel de Kostov. Sin embargo, parece que la capa azucarada que protegía el exterior de la cápsula de ricina había sido dañada durante el disparo o antes de éste, por lo que sólo una pequeña porción del potente veneno logró ingresar en su torrente sanguíneo evitando así su muerte.

Kostov informó de que el disparo provino de un hombre que llevaba un pequeño bolso, no un paraguas. La razón principal de esta confirmación fue la declaración de Markov, quien si bien dijo haber visto el paraguas que llevaba quien lo atropelló “accidentalmente” en la calle, sin embargo no recordaba haber sido herido con él. No obstante, los expertos forenses declararon que la probable “pistola” que había disparado la pequeña bolita era muy sofisticada, otra razón para creer que el atentado había sido llevado a cabo u ordenado por alguna organización de tipo estatal.

Años después, algunos desertores del KGB de alto perfil, como los soviéticos Oleg Kalugin y Oleg Gordievsky han confirmado que la KGB estuvo detrás del asesinato.

No obstante, hasta el día de hoy nadie ha sido acusado por el asesinato de Markov, en gran medida porque la mayoría de los documentos relativos a su muerte fueron probablemente destruidos antes del colapso del régimen comunista búlgaro.