Mi amiga contaba que en su casa sucedían cosas extrañas tales como que las luces se encendían solas, que se escuchaban cerrarse las puertas, pero, cuando se fijaban, aún seguían abiertas, y cosas así.

No obstante, lo que más me llamaba la atención era el baño de sus padres. Ella relataba que la llave del grifo se abría sola y se escuchaba el agua correr, y que se escuchaban ruidos extraños en la ducha. Yo no creía sus historias; pensaba que las inventaba. Sin embargo, un día me invitó a su casa para que viéramos una película, a lo que yo acepté ir.

Al rato de empezar la película, me dieron ganas de ir al baño. Le dije que me acompañara, pero, supuesto que el baño para invitados estaba descompuesto, tendría que ir al baño de sus padres. Cuando llegamos, le dije que no le pondría seguro a la puerta —ya que, aunque no le creía, sentía miedo.

Ella se quedó afuera, cuidando la puerta, esperando a que yo saliera. Cuando entré, sentí como una presencia extraña. No obstante, no le hice caso. Me quitaba el pantalón, cuando sentí extrañamente frío, como si alguien estuviera en la ducha y se acercase hacia mí, haciendo un sonido muy aterrador. No soporté y corrí hacia la puerta. Sin embargo, estaba trabada. Gritaba, llamaba a mi amiga y golpeaba la puerta tratándola de abrir.

Sentía que esa “cosa” se acercaba cada vez más. Lloraba sin saber qué hacer, sentía como si mi amiga no me escuchara, y estuviera sola. Luego de unos segundos, que para mí fueron eternos, mi amiga abrió la puerta muy tranquila y me preguntó qué me pasaba. Lagrimeaba y suspiraba, le dije que había algo ahí adentro, que la puerta estaba trabada y que no la podía abrir. Ella me dijo que, cuando ella la abrió, la puerta estaba sin seguro y que no había escuchado nada. Le conté lo que me pasó, y ella dijo que mejor no volviera a entrar a ese baño, porque alguna presencia extraña estaba allí. Ese día no pude dormir, de solo pensar en qué habrá sido “eso” que me acompañaba en el baño.

Desde ese día, cada vez que voy a su casa, recuerdo lo que pasó. Fue horrible. Nunca más volví a entrar al “baño de sus padres”…

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