FANDOM


Ya casi era de noche y nosotros seguíamos jugando entre los árboles. Nos encontrábamos en la falda de la montaña, vivíamos en una villa muy cerca de ahí, teníamos solo 12 años y nos gustaba ir a pasear por las tardes por los pinos, sabíamos que era peligroso adentrarse demasiado, pues habian demasiados animales salvajes por ahí, así que en cuanto el sol se pusiera regresaríamos a nuestras casas. Éramos, Marcos, Ernesto y yo, Raúl, los tres crecimos juntos en aquel lugar olvidado por dios pero fuimos muy felices, al menos hasta aquella tarde. Mientras íbamos de vuelta a la villa notamos un olor nauseabundo al pasar cerca de unas rocas, eran unas rocas enormes que estaban a la orilla de un riachuelo por un sendero al cual nunca habíamos ido antes.

Sabíamos que era peligroso adentrarnos en un terreno desconocido pues era muy fácil perderse por ahí, el olor a muerte era muy característico. Como creíamos que se trataba del cadáver de algún animal y a esa edad no habia nada más genial que eso, podríamos jugar a asustar a nuestros hermanos con él o a volarlo con explosivos.

La creatividad era el límite, así que tomamos unos palos y decidimos ir en busca de la fuente de aquel asqueroso aroma, ese aroma a muerte el cual no podíamos identificar con precisión, no sería una tarea fácil dado que ya había oscurecido y solo contábamos con una pequeña linterna de mano, subimos a esas rocas y movimos algunas ramos pero no logramos encontrar nada, así que bajamos de ahí y dije:

-Mejor volvamos mañana, ya casi no se ve entre tanta oscuridad, será mejor buscarlo con la luz del sol.

Ellos asintieron con la cabeza y comenzamos a caminar de nuevo entre los árboles. No habíamos avanzado ni dos metros cuando Ernesto tropezó repentinamente y cayó al suelo, nosotros comenzamos a reír de inmediato, pero él se quedó en silencio sin levantarse y comenzó a gritar. Nunca lo había escuchado gritar así, de hecho, nunca escuché a alguien gritar de esa forma, él era el valiente del grupo por así decirlo, así que lo que sea que lo haya asustado tenía que ser muy malo. Rápidamente saqué mi linterna y apunté a donde se encontraba Ernesto. Dijo:

-Marcos, era un cadáver, el cadáver descompuesto que estábamos buscando.