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Las rutas uruguayas parecen estar pobladas por fantasmas. Apariciones espectrales que se manifiestan en las carreteras ante la vista de los sorprendidos conductores, seres misteriosos que piden ayuda y luego desaparecen, o presencias paradas al pie de alguna ruta son protagonistas de diferentes relatos terroríficos.

Esta historia se trata de un personaje muy singular que, al parecer, es capaz de aterrorizar a todo aquel que se lo cruce en la vieja ruta 14, en el departamento de Durazno. Este macabro ente que deambula por esa carretera es conocido como "el corredor fantasma", y una de las desafortunadas personas que se lo cruzó fue un joven llamado Nicolás.

Nicolás es un joven de la ciudad de Durazno, y cuando protagonizó esta historia tenía 17 años. En ese tiempo vivía como cualquier chico de su edad y, particularmente, le gustaban los deportes al aire libre, en especial la natación, el remo y el atletismo. Por esa razón, el deporte se había transformado en algo rutinario para él.

Pero hubo una jornada deportiva que fue diferente a las demás, una que lo marcó por siempre. Este muchacho jamás pensó que aquel día del año 2010, mientras hacía lo que tanto amaba, viviría el peor momento de su vida, pero así fue. Este caso ocurrió en las vacaciones del verano de 2010. Nicolás solía correr todas las tardes, durante las últimas claridades del día, debido a las altas temperaturas veraniegas y al peligro de exponerse al sol en las primeras horas de la tarde.

Lo hacía por la ruta 14, un ruta nacional que conecta con la ciudad de Trinidad. Había elegido ese lugar porque era una carretera tranquila y muy poco transitada.

Un día como cualquiera, Nicolás salió a trotar por la ruta 14, minutos antes del atardecer. Los colores del cielo y el aire puro que llenaban sus pulmones conformaban un marco ideal para disfrutar del ejercicio. El muchacho se sintió muy bien durante el primer tramo de su carrera, corriendo a un buen ritmo y percibiendo que día a día sus tiempos mejoraban.

Trotó hasta el punto en el que siempre regresaba, pero en esa oportunidad el joven atleta no se sintió para nada cansado, sino que, por el contrario, estaba con muchas ganas de continuar corriendo. Así que decidió seguir algunos kilómetros más.

Transitó una larga distancia trotando en soledad por la vieja ruta, contento de ver cómo su resistencia física se acrecentaba con cada entrenamiento, mientras pensaba en romper sus propias marcas personales. Estaba en eso cuando se dio cuenta de que el sol ya se había ocultado y se estaba tiñendo de colores oscuros. De un momento para otro, el muchacho se vio invadido por una oscuridad penetrante. Esa zona de la ruta no cuenta con iluminación propia, por lo que la visibilidad a esas horas era prácticamente nula. Así que, ahora, Nicolás se encontraba bajo los dominios de la noche y de sus sombras. Ese detalle lo inquietó bastante, pero siguió trotando con toda su energía.

Aquella era la primera vez que rompía su marca y estaba muy motivado por eso. El débil brillo de las estrellas apenas le permitía ver la silueta de la enorme tira de asfalto por la que avanzaba; eso hizo que, en determinado momento, tuviera dudas sobre si seguir adelante o no. Y a pesar de que su cuerpo le permitía ir más lejos, finalmente pensó que correr casi a tientas por la ruta no era algo seguro ni cómodo, por lo que decidió regresar. Apenas divisó una pequeña rotonda que se encontraba a unos metros sobre la ruta, dio la vuelta y emprendió el camino de regreso a la ciudad.

Por primera vez vio el silencio y la oscuridad como peligrosas amenazas; sintió que estaba en medio de la nada, desamparado. Intentó borrar de su mente aquellos miedos que comenzaban a aflorar en su interior y, una vez más, se concentró en no bajar el ritmo que llevaba.

Sin embargo, la situación comenzó a tornarse extraña e incómoda a la vez, cuando Nicolás se dio cuenta de que atrás, a lo lejos, se escuchaban ruidos. Eran sonidos familiares para él, estaba seguro de que eran pasos de alguien que corría por la ruta. Lo verdaderamente extraño del caso era que él sabía que no había nadie más en la carretera, porque cuando giró en la rotonda no vio ninguna persona corriendo en los alrededores. Nicolás no podía explicarse de dónde había salido ese corredor, ni cómo era posible que estuviera allí acercándose a sus espaldas. Mientras pensaba en todo eso sus pulsaciones comenzaron a elevarse, producto de los nervios que le generaban esos sonidos. En determinado momento, el muchacho no aguantó más la intriga y miró hacia atrás y, a pesar de que estaba sumamente oscuro, pudo ver que allí no había nadie. 

Trató de descartar todas las hipótesis tenebrosas que su mente quería tejer a esa hora y en ese lugar, y se concentró una vez más en el ejercicio. Pero, segundos después, volvió a escuchar los pasos, ahora con más fuerza, dado que se había sumado un nuevo sonido: una respiración similar a un jadeo. Era evidente que alguien estaba corriendo a lo lejos y rápidamente se aproximaba. Tal vez, pensó, la escasa luz de las estrellas no permitió que viera a la persona que estaba haciendo ejercicio. Igualmente, todo era muy extraño y Nicolás sentía que algo no andaba bien. Así que una vez más la intriga lo venció y volvió a mirar hacia atrás. Nuevamente, se encontró con la ruta 14 sumergida en una penumbra, desolada y amenazante.

No había señales de ningún corredor en los alrededores, pero, de todos modos, el muchacho comenzó a correr mucho más rápido, intentando alejarse de aquella negrura que a esa altura ya lo perturbaba. Quería llegar a la entrada de la ciudad de Durazno para sentirse a salvo y lejos de ese escenario tan terrorífico. Así que siguió corriendo, exigiendo cada uno de los músculos de sus piernas, agotado hasta la última caloría del cuerpo, pero, increíblemente, los pasos a sus espaldas volvían a aparecer. Ahora el corredor estaba mucho más cerca que antes, tanto que Nicolás podía sentir sus jadeos a muy corta distancia. Fue entonces cuando se dio cuenta de que aquello que estaba con él emitía un sonido muy extraño, como una respiración muy grave y rasposa.

Nicolás sintió que no tenía salida, supo que todo lo que estaba pasando no era producto de su imaginación, que a sus espaldas había alguien. Entonces, sin dejar de correr, una vez más giró su cabeza para ver hacia atrás y comprobar lo que era notorio, que alguien le estaba pisando los talones. Y allí lo vio. A unos cinco metros de distancia y en medio de la oscuridad de la ruta se encontraba la cosa más horripilante que jamas imaginó: un hombre completamente desfigurado, con sus órganos saliéndole del vientre y su rostro despedazado y en carne viva.

Sin embargo, lo más espeluznante de ese ser eran sus movimientos terroríficos, ya que parecía tener alguna deformidad o lesión, aunque avanzaba con movimientos sumamente veloces para su estado.

No alcanzan las palabras para describir el pánico que sintió este pobre muchacho. El terror lo llevó a correr a una velocidad impresionante, hasta llegar al primer foco de luz que vio en la ruta, casi sobre la entrada de la ciudad. Allí, mientras corría desaforadamente cual velocista olímpico, volvió a buscar con la mirada a este horrendo ser que corría a sus espaldas y, en ese preciso instante, alcanzó a divisar cómo el corredor se esfumaba en el aire, mientras corría con esos movimientos macabros. A pesar de que el muchacho lo vio desaparecer, no quiso detenerse ni un segundo para recobrar el aliento y siguió su marcha a toda velocidad por las calles de la ciudad de Durazno. Recién se detuvo cuando se topó con la puerta de su casa.

Al entrar a su hogar, Nicolás se encontró con sus familiares, quienes obviamente se alarmaron al verlo en semejante estado de nervios. Al recobrar el aliento y ganar un poco de tranquilidad, el joven les contó lo que acababa de vivir en la vieja ruta 14. Nadie le creyó ni una palabra y, enseguida argumentaron que todo era producto de si imaginación. Pero Nicolás estaba completamente seguro de lo que había visto y sabía que aquello era algo real.

Esa certeza lo llevó a profundizar más en el asunto, a buscar pistas que le revelaran algún dato sobre la extraña experiencia que le tocó vivir. Decidió investigar por su cuenta, tanto en Internet como archivos de diarios locales, de manera exhaustiva. Finalmente, la búsqueda le dio sus frutos, porque el joven terminó encontrando más de lo que esperaba. Según el artículo de una página web local, casi 30 años atrás en esa ruta, exactamente en el lugar donde Nicolás tuvo su encuentro con el corredor fantasma, murió un hombre en un accidente. 

El detalle más atroz de aquella noticia era que el sujeto había sido atropellado por un camión..., mientras corría.

Con el paso del tiempo, Nicolás descubrió que no fue el único que vio a este corredor fantasma, sino que, por el contrario, son varios los que lo vieron pasar velozmente por la ruta 14, siempre durante las horas de la noche. Cuentan que este misterioso ser corre sin detenerse ni un instante, a una velocidad increíble, mientras de desplaza con movimientos de pesadillas.

Muchos creen que el hombre nunca se enteró de que dejó de correr, que su muerte fue tan abrupta que su alma nunca supo que había llegado su hora de partir. Es por eso que dicen que su fantasma sigue corriendo, incansablemente, por la oscura y desolada ruta, y al parecer, seguirá corriendo mucho tiempo más.