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Ojos rojos
Salió de la ducha empapada, tomó dos toallas; una la colocó sobre su cabeza, y la otra sobre su mojado cuerpo. Terminó de secarse, deslizo un peine por su cabeza, enseguida se calzó el sujetador y las bragas, y se puso el pijama. Salió hacia el living donde el televisor encendido la esperaba. Era domingo, y esa noche se sentaría frente a la caja idiota a ver su programa favorito: (Una serie sobre doctores). En el reloj marcaban las seis con cincuenta pm.

Afuera comenzaba a oscurecer y el viento soplaba fuertemente haciendo que las olas de aire frío chocaran contra los edificios. 

Estaba sentada en su sillón frente a su televisor, sosteniendo un bowl con palomitas en su regazo, Daria una chica de 28 años, que vivía sola desde hace ya dos años. Ahora se había mudado a ese edificio de apartamentos a las orillas de una ciudad llamada Bridgeport en Virginia del oeste, sobre la gran avenida y la 5th St. Trabajaba como enfermera en MedExpress; una modesta clínica que quedaba casi al otro lado de la pequeña ciudad.  Esa noche no tenia de que preocuparse. Se había ocupado de todo y no tenía ganas de salir, solo vería tv, cenaría y se iría a la cama. Estaba a la mitad de su programa cuando sintió esa sensación de ser observada. Volteo hacia todas las direcciones del living, y no logró ver nada más que su propia sombra producida por el esplendor de la tv. Volvió a su programa. Cuando este terminó, se dirigió a la cocina, cuando otra vez esa sensación inundo su mente. La sensación de estar siendo observada. Fue entonces cuando sintió que quien fuese que la observaba no estaba en su departamento si no fuera de él. Fue a echar un ojo a la mirilla de la puerta pero no logró ver nada. “que extraña sensación” –pensó-, sin darle importancia volvió su dirección a la cocina y se preparó la cena. Al terminar su cena dietética, regreso al televisor, ahora transmitían el noticiario nocturno.  Afuera el viento había arreciado un tanto más, la oscuridad cubría ya casi por completo el panorama, y la temperatura descendido drásticamente.  Se mantuvo entretenida un buen rato hasta que el sueño empezó a vencerla. Se levantó de su cómodo sillón, apago el televisor, y se encamino a su cuarto.

De pronto esa sensación de ser observada volvió, esta vez la sensación fue más fuerte, lo suficiente para arrebatarle el sueño de golpe. Su corazón que se mantenía aplacido instantes antes, ahora palpitaba fuertemente en su pecho. Un miedo producido de la nada la paralizó.  Transcurrieron alrededor de 2 minutos, hasta que se atrevió a ponerse de nuevo en movimiento.

Quería correr lo más rápido posible a su habitación, meterse en la cama y esconderse entre las cobijas, pero en vez de ello, movió la cabeza para observar el entorno… no había nadie allí. Ahora el impulso la hizo fijar su mirada en la ventana que daba vista al edificio de frente. Allí fuera en el edificio, en la segunda planta, se encontraban dos departamentos vacíos, (los cuales le habían mostrado el día que fue a buscar su nuevo hogar), era la habitación B37. Puso la mirada en el último y supo que de allí venia la sensación. Se mantuvo viendo el oscuro cuarto, hasta que algo la hizo retroceder un paso: el rojo efímero de lo que parecía ser un cigarrillo que yacía en la oscuridad de aquel cuartucho, prendiendo y apagando. Si, había alguien observándola, ahora estaba totalmente segura. Su piel se erizó y las palpitaciones se tornaron más intensas, una serie de escalofríos recorrieron su cuerpo sin dar tregua, ¿que pretendía aquella persona espiándola?, ¿quién sería?, ¿y por qué estaba en una habitación deshabitada y completamente a oscuras? Solo se podía tratar de un pervertido.

No supo cuánto tiempo pasó allí, hasta que la conciencia retomo su mente. Rápidamente tiró de la cuerda que hacia cerrar la persiana, y corrió a su cuarto, cerrando con seguro la puerta. Sin pensarlo se metió a la cama, se cubrió toda con las cobijas.  Esa noche no paró de pensar en aquel brillo intermitente del cigarrillo. Cuando por fin pudo recuperar el sueño, se encontró en el edificio de enfrente, caminaba hacia las escaleras. Una vez que llego al segundo piso, giró para poner los pies en un largo pasillo blanco, empezó a recorrerlo hasta que vio la puerta con las sigas “B37” en la placa de la puerta, entonces se puso frente a ella e hizo girar la perilla, la puerta se abrió lentamente, y la tenue luz del pasillo inundó de apoco la habitación; antes de entrar en ella vio una escena, como si de una película se tratara; Un padre que reprendía a su pequeño hijo con un cinturón, mientras esté producía aturdidores gritos de dolor. De pronto dio un gran salto de la cama, la imagen de su silueta que se había formado en la cama estaba llena de sudor, la alarma del reloj comenzó a sonar y pronto vio la hora, eran las 6:00 am, tenía que correr para llegar al trabajo a tiempo. 

Ya en la clínica, atendió varios casos pequeños (la mayoría de algún incidente en casa), tomó su hora de comida a las 10:30 am. Antes de marcharse de allí tuvo una pequeña conversación con uno de los doctores de la clínica.  -Buenos días Daria, ¿cómo te va hoy?  - Buenos días Doctor Víctor, bien, todo normal, solo incidentes menores hoy, ¿Qué tal le va a usted?  - Pues lo habitual ya sabes, te quería comentar que hoy te vi un tanto desanimada ¿te pasa algo?  - Am pues podrá ser por la falta de sueño, ayer no pude dormir muy bien.

Doctor ¿usted ha vivido toda su vida aquí no? , ¿Ha escuchado algo extraño acerca de los apartamentos Bridgeport?  -Ahora que recuerdo, allí fue a donde ese tipo Albert Nolan asesinó a su familia hace unos 2 años, salió en la prensa nacional ¿no lo sabias?  - No, lo siento doctor tengo que irme que tenga un lindo día.  Daria se apresuró a llegar a su casa, rápidamente buscó en internet los hechos de los que le había contado el doctor Víctor, y tal fue su impresión, al averiguar que el lugar donde había ocurrido semejante acto, era el mismo apartamento en el que una noche antes había sentido una extraña presencia.

Noticia publicada por el semanario shoutprint de Bridgeport, Virginia del oeste, el día 19 de agosto de 1964:  El día rojo.  Mientras está mañana se anunciaba que la Sra. Margaret Nelson y el Sr. Víctor Nelson, inauguraban su pastelería “los buenos deseos”, sobre la gran avenida y la 5th St, a las 13:30 hrs, en el edificio B número B37 de los departamentos Bridgeport , la policía cercaba el lugar pues una llamada anónima, había alertado a el departamento de policía de unos gritos descomunales que provenían de aquel departamento .  Charcos de sangre inundaban aquel lugar. Uno a uno los oficiales sacaban los cuerpos empapados de sangre de aquel lugar, que antes era hogar de la familia Anderson. El padre había masacrado a toda la familia, empezando por sus hijos y terminando por su esposa.  Una de las cabezas fue colocada en el ventilador de techo, que se encuentra en el comedor, a manera que cuando arribamos al lugar esta seguía dando vueltas en el.

Las otras dos cabezas de los niños yacían enzima del comedor. Los cuerpos habían sido acomodados en sus respectivas camas. A los dos varones les había cercenado el pene con un cuchillo de cocina, y a la niña los pezones.  Según testigos afirman que el señor Anderson solía reprender constantemente a sus hijos, pero nunca imaginaron que pudiera llegar a tales extremos.  Comentarios de un inquilino de los departamentos Bridgeport:  -El señor Anderson era una persona reservada y a mi parecer una buena persona, nunca se metía en problemas, y sus niños eran un poco juguetones pero muy educados, que yo sepa nadie tuvo nunca queja de ellos.

En cuanto a la señora… bueno ella era un tanto intolerante y a veces llegaba a gritar a sus hijos y a su marido en público, pero nada fuera de lo normal.  Lo único anormal fue aquella vez que el señor Anderson le contó a mi esposo que sentía “cosas raras” como si alguien lo vigilara.  Con este acontecimiento se sigue con la línea de asesinatos que han tenido lugar el día 19 de agosto desde el año 1963, algo que asusta a los habitantes de Bridgeport, sean o no supersticiosos. Una tragedia más que se suma en este trágico día anual.  Para cuando Daria termino de leer dos noticias más, ya estaba temblando. Un sudor frío recorrió su cuerpo al recordar que ese mismo día era 19 de agosto, y si los rumores eran ciertos, tendría lugar una desgracia.  Con los nervios de punta Daria se apartó del ordenador y puso su mirada en la ventana que se encontraba ahora con las persianas cerradas.

Trató de tranquilizarse llamando a su madre. Pasaron 2 horas al teléfono hasta que se tranquilizó y había olvidado parcialmente aquello.  Cuando colgó tomó su cena ya más tranquila en el comedor de su departamento. Fue entonces cuando alguien llamó a la puerta. Eran las 10:20 pm.  Cautelosamente se acercó a la puerta de la entrada, echo una mira por el cerrojo, había alguien parado enfrente pero estaba lejos, y por la oscuridad de la noche solo podía apreciar sus pies y piernas.  -si dígame –dijo en un gesto atento Daria-  Pero nadie contesto.

Para cuando volvió a mirar por el cerrojo ya no había nadie allí.  No escuchó ruido alguno solo el soplar del frío viento de aquella noche oscura.  Su mente comenzó a tejer de nuevo aquellas ideas mórbidas y tenebrosas. Siniestros asesinatos, suicidios y accidentes que ocurrían anualmente, ese día ocurrirían, estaba segura. Con el pasar del tiempo juntaba cada vez más las manos entrelazando los dedos,  Los nervios traicionaban su mente. Sin embargo todo seguía en silencio, solo el sonido del reloj de péndulo balanceándose de un lado a otro.

Pronto el silencio se hizo presente nuevamente, como si el reloj de péndulo dejara de funcionar, como si el viento hubiera cesado, la ventana estaba  Abierta ahora, y detrás de ella una silueta que se acercaba lentamente para entrar en la habitación. Cuando por fin llego a pisar el balcón,  La luz que provenía del living dejo ver que no era sino que el señor Anderson levitando a pocos centímetros del suelo.

Noticia publicada por el semanario shoutprint de Bridgeport, Virginia del oeste, el día de agosto de 2012:

El día rojo ataca en los departamentos Bridgeport nuevamente

Fue en la madrugada del miércoles 17 cuando la señora West escuchó algunos golpes intensos en la pared intermedia del departamento de la señorita Daria Nie william y el suyo -entonces no le tomé importancia -declaró la señora West- pero hoy mi hijo pequeño estaba jugando en el pasillo y me alertó de que alguien había pintado la puerta de Daria y parte del piso del pasillo de rojo, entonces salía revisar y fue cuando me di cuenta de que era sangre y llamé a la policía.

10 minutos después fue encontrado el cadáver cercenado de la señorita Daria. Las investigaciones siguen su curso.