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A veces quisiera no recordar, pero hay casos en que mi mente puede mas que la razón. Lo que voy a escribir me sucedió en la edad de trece años. Ahora, en mi vejez, quizás pensaran que salteare algunos detalles, pero que mis años no los engañen, mi memoria es algo que sigue intacto, a diferencia de otras cosas. Marcos, mi mejor amigo, su primo Esteban, y yo, eramos adictos a la aventura.

A nuestra corta edad, nuestros padres no aprobaban la idea de que nos metiéramos en cuevas, o en la profundidad de los bosque durante el anochecer, pero la lógica y la razón eran cosas que dejábamos atrás en nuestros viajes. Un sábado de Julio, a la mañana, nos encontramos en el centro de la ciudad. Ese día seria lo que cambiaría todo.

-Tengo una gran noticia -dijo- esta noche visitaremos el cementerio de la ciudad.

Aunque a la edad de trece años intentaba comportarme como alguien mayor, y, por obvias razones, en alguien valiente, debía reconocer que las palabras “noche” y “cementerio” en la misma oración, no eran de mi completo agrado.

-Supongo que debes tener una buena razón – le conteste- de lo contrario no me arriesgare a salir escondidas de mi casa para que mis padres me castiguen…-

-Estoy seguro que te gustara. Escucha, Esteban me contó de una antigua leyenda que ocurrió en ese cementerio. Se dice que, el 20 de Julio de 1966, una mujer fue asesinada momentos antes de su casamiento, y que sus asesinos escondieron el cadáver en el cementerio. Ahora cada 20 de Julio, exactamente a la media noche, deambula por el cementerio, buscando el calor de el amor con el que nunca pudo estar. Nadie va al cementerio en esta fecha y mucho menos a media noche. Pero seremos los primeros, ¿que dices?

Como dije antes, la razón es algo que siempre dejaba atrás.Acepte.A las 23.45, exactamente nos encontramos en el cementerio. Una niebla espesa cubría el lugar…quizás era una coincidencia. Quizás no. Debo reconocer que de los tres, yo era el que mas deseaba no estar ahí. Tal vez Marcos y Esteban lo disimulaban bastante bien. Nuestra misión esa noche era simple.

Cuando el reloj diera las 00.00, deberíamos estar ahí por unos 20 minutos mínimo. Y, como misión extra, debíamos encontrar la tumba de la difunta prometida. Para hacer nuestra tarea aun mas interesante, nos separamos. Marcos por la izquierda, Esteban por el centro, yo por la derecha. La niebla, las lapidas y ese terno silencio ambientaban perfectamente ese lugar. Cuando mi miedo empezó a desvanecerse, un sonido me perturbo. Era la alarma de mi reloj, que indicaba que eran las 00.00. Seguí caminando.

No se a ciencia cierta si era mi imaginación o no, pero debido al tiempo que lleve caminando tuve la sensación de que el cementerio era mas grande de lo que aparentaba realmente, y me extraño no haberme encontrado con ninguno de mis dos amigos.

Pasado un tiempo verifique el reloj, y para mi alivio, habían pasado 15 minutos desde la media noche. Decidí dirigirme a la salida, y esperar que los otros dos me encontraran alli. Cuando me aproximaba a la salida un nuevo ruido me sorprendió, solo que esta vez no era la alarma del reloj, sino pisadas.

-Ya era hora de que aparecieran dije.- dije- ya empezaba a temer de que…-

Lo que vi a continuación hizo que me me helara el corazón y perdiera todo rastro de valor (o por lo menos el que intentaba fingir). Dicen que los ojos son la “puerta al alma”. Solo que en este caso, el rostro que vi no tenia puertas…ni piel. Solo un vestido de novia rasgado y una sonrisa producto de la ausencia de piel. Era un esqueleto.

Acto seguido, estiro uno de sus brazos, con sus dedos esqueletos hacia mi. Pero los dedos de los esqueletos no pueden ser tan afilados, por lo menos el de uno normal, de eso estoy seguro.

-Tengo frió…- me dijo – Por tanto tiempo busque el calor en los abrazos de mi amado, por tanto tiempo…busque por el calor de su amor. Pero esas son cosas que no están al mi alcance…aun así necesito calor…necesito tu piel.-

No se que paso dentro mio en ese momento, solo se que mis piernas reaccionaron al momento justo, y eche a correr hacia la salida. No pensé ni siquiera en si Marcos o Esteban seguirían ahí o si me estarían esperando afuera, o si quizás pudiera ser una broma cruel, aunque estaba convencido de que no.

El escape pareció eterno, pero pude dar con la salida, aunque no había nadie esperándome. Aun así fui hasta mi casa, dispuesto a nunca volver por allí.

La policía buscaron sus cuerpos aunque nunca fueron hallados. Incluso, al año siguiente, en la misma fecha, algunos agentes investigaron el lugar, solo para volver y decirme que no hallaron nada, ni siquiera “esa difunta prometida esquelética” de las que le había hablado.

Esta es mi historia, y, como dije, no olvide ningún detalle, o por lo menos conté lo mas importante. El que lea esto quizás no crea esto, y hay momentos en que quisiera no creerlo también. Ese día el miedo y la desesperación se llevo a Marcos y Esteban. A veces quiero convencerme de que todo fue un sueño, pero se perfectamente de que todo fue verdad. Para creer esta historia hay que dejar atrás a la razón, tal como lo hacíamos en nuestras aventuras. Ahora estoy viejo y débil.

¿Que podría hacer si el cadáver volviese a aparecer? No creo que pueda correr como aquella vez. ¿ Y si todavía tiene frió? Y si viniera acompañada.. ¿ ellos también tendrán frió?

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