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Sharon entró totalmente frustrada a su casa. Cerró la puerta tras de sí y mantuvo sujeto el pomo por algunos segundos. Tenía los ojos cerrados y su respiración era agitada. De su cuello colgaba la identificación de Organizadores de la Gran Kermés. La credencial mostraba a una alegre adolescente de 17 años que reía a la cámara. Debajo de la foto se podía apreciar su nombre completo: Sharon Rodríguez. Sin embargo la joven alegre de la foto no era la misma que seguía agarrada al pomo con la mano derecha. En la izquierda llevaba la carpeta roja con el logo de la Organización. Era la responsable del espectáculo y los planes no estaban saliendo como ella deseaba. Por fin dejo la puerta, no sin antes mirar por la ventanilla si aún estaba ahí. No deseaba que la fuera a dejar hasta la puerta de su casa, pero no tuvo alternativa, el señor Willis había insistido con aquella sonrisa centelleante y muy fría, y entonces Sharon tuvo miedo de negarse, provocando tal vez consecuencias fatales. Se sentó en el sillón y puso la carpeta en la mesa de centro. Estaba a punto de abrirla, solo que la sensación de miedo aún estaba presente. Se arrepintió de haberse negado a que Charlie la acompañara, desde meses atrás estaba tonteando por ella, y Sharon simplemente le daba por su lado. Oh, pero cuanto deseaba no haberlo hecho, si la hubiera acompañado puede que él supiera lo que tenía que hacer. Y qué decir de Amelia, su mejor amiga, ella le advirtió en los problemas que se metería si aceptaba hacerse cargo del espectáculo. Y sin embargo Sharon hizo caso omiso a sus palabras y aceptó encargarse de traer al mejor grupo musical que estaba de moda en el país. Si, ella se comprometió a traer a Las Almas Perdidas.

Ese era su nombre artístico, sus melodías se escuchaban en todas las emisoras del país, eran una mezcla de Rock y Metal, cada canción que sacaban se convertía en un éxito rotundo. Los conciertos que contaban con su presencia agotaban las taquillas, y no solo por el éxito de sus canciones, sino también por su forma tan extravagante de vestir, la cual hacia que los Kiss parecieran niños de primaria. Eran un fenómeno, un fenómeno que tendría que estar en la Gran Kermés. La madre de Sharon la encontró sentada en la sala, contemplando la carpeta donde estaba el contrato.

-¿Cómo te fue Sharon?

Pregunto su madre al ver su semblante poco animado. Sharon levanto la vista y se dio cuenta de que era inútil contarle todo a su madre. No serviría de nada, aunque claro, nada pasaría si no firmaba ese contrato, pero entonces quedaría como una inútil que no fue capaz de impresionar a la gente de su ciudad. Así que no se lo contó a su madre.

-Aun no sé si vengan, según me dijeron su agenda estaba muy apretada. Quedaron de avisarme la semana que entra.

-Ya verás que aceptarán. Esta Kermés será mucho mejor que la del año pasado.

La Kermés del año pasado era hasta ese momento la mejor de todas. El grupo que estuvo fue: The Blues. El baile se recordaba como el mejor de la región. Sharon no asistió a ese baile, cosa que le dolió, la razón no fue por un permiso negado, ni por alguna enfermedad. La razón por la cual no asistió fue porque la organizadora de aquel baile era Susan Parris. La odiaba con toda el alma. Susan era la típica chica de dinero que disfrutaba haciendo menos a las personas que según ella no tenían ni la mitad de su clase. Era la más popular de la escuela, y costaba negarlo, pero Sharon sabía que también era la más guapa. Tan guapa que Steve dejo a Sharon por la bella Susan. Y Susan fue la organizadora de la Kermés del año pasado. Nadie se negó a que lo fuera, tenía a todos los miembros principales del club embobados con su belleza. Pero Susan no lo hizo por quedar bien con la ciudad, no, lo hizo solo por el simple hecho de que podía hacerlo, como también pudo quitarle el novio a la chica tonta de su clase. Cuando el nuevo comité organizador de la Kermés eligió a Sharon para traer a un nuevo grupo musical, Susan la califico de impotente para hacerlo, dijo que no era probable ni que lograra traer a alguna orquesta de primaria. Eso molesto tanto a Sharon que se levantó del pupitre y dijo a viva voz que traería nada más y nada menos que a Las Almas Perdidas. Muchos se sombraron con esa declaración, algunos dirigieron miradas a Sharon como diciéndole que eso era una misión imposible, Las Almas Perdidas sin duda tendrían la agenda llena y no se molestarían en tocar en una Kermés de una ciudad pequeña. Pero Sharon juro ante el comité que ella se encargaría de eso. Lo hacía porque sabía que era capaz de lograrlo. Lo hacía para que Susan reventara de coraje.

Y para lograrlo solo tenía que abrir la carpeta y firmar el contrato, solo tenía que tomar una pluma y plasmar su firma en la línea punteada. Pero arriba de esa línea punteada estaban las “Condiciones del Contrato”. Eran unas condiciones que a Sharon le daban miedo. Pensó en llamar a Amelia y pedirle algún consejo, aunque eso implicara disculparse con ella, ya que habían discutido cuando Sharon le dijo que seguía con la loca idea de traer a Las Almas Perdidas.

Esperó a que su madre se fuera a la cocina y entonces descolgó el teléfono y marco el número de Amelia. La línea emitió el sonido de marcado y después se escuchó un chasquido.

-¿Diga?- Dijo la voz del otro lado de la línea.

-Hola señora Landon, soy Sharon.

-Hola Sharon, que gusto oírte. ¿Qué se te ofrece?

-Quisiera hablar con Amelia.

-Enseguida te la paso.

Se oyó como la señora Landon lanzaba un grito a su hija diciéndole que levantara la bocina de su cuarto. Amelia lo hizo y cuando hablo aún se oía enfadada.

-¿Qué quieres Sharon?

-Quiero disculparme por la forma en que me porte el día en que me eligieron para organizar el concierto.

La línea permaneció en silencio por unos instantes. Después Amelia hablo dispuesta a aceptar la disculpa.

-Comprendo lo entusiasta que estabas, pero ese no era motivo para que te portaras así.

-Me siento terrible, no sabes cuánto. Eres mi mejor amiga y no quiero que una simple pelea nos separe. ¿Me disculpas?

-Claro que te disculpo, pero con una condición. Condiciones, ahora odiaba las condiciones.

-¿Cuál?

-Que por fin le hagas caso a Charlie, el pobre no deja de llamarme pidiéndome consejos para lograr conquistarte.

Pensó en Charlie y en su sentido del humor tan característico. Lo conoció después de que Steve se fuera con Susan. Charlie era tan simpático con cualquier gente que se cruzara, la única persona que lo ponía nervioso era Sharon y la razón era porque estaba enamorado de ella. Y no era feo, de ninguna manera era feo, hasta se podía decir que formaban una pareja perfecta. Pero justo cuando ella estaba dispuesta a aceptarlo, le llego el cargo de organizadora y tuvo que olvidarse de andar con Charlie, al menos de momento.

-Saldré con él tan pronto pase la Kermés.

-No lo dices solo para complacerme ¿Verdad? Digo...él te gusta.

-Claro que me gusta, pero ahora estoy muy atareada y no le pondría la atención suficiente.

-¿Iras con él el día del concierto?

-Yo estaré en el concierto, pero no para bailar, debo vigilar que todo marche bien.

-Entiendo. Entonces le pediré que me lleve en tu lugar, pero después del baile será solo tuyo.

Sharon emitió una leve sonrisa y Amelia la imito. Entonces recordó el verdadero motivo de su llamada. Se lo diría a Amelia y sin duda ella podría ofrecerle alguna alternativa. Lo que evito que se lo dijera era que si lo hacía, lo más probable era que el concierto fuera amenizado por otro grupo, y entonces Sharon tendría que aguantar las burlas de Susan y la cara de decepción de sus compañeros. Y todo por las malditas condiciones. Así que tendría que elegir: contarle a Amelia sobre esas condiciones, o no decir nada y hacer el concierto más grande de todos los tiempos en su ciudad.

Amelia advirtió que algo no andaba bien y le pregunto a Sharon:

-¿Cómo te fue con el representante de Las Almas Perdidas?

Hizo una mueca de repulsión en su rostro al recordar a Albert Willis, el representante del grupo. La primera impresión que Sharon tuvo de él fue de un flamante hombre de negocios. Llevaba un traje sastre sin duda caro, y unos lentes de montura extraños. Recordó como aquel rostro bondadoso de abuelo se convirtió en un rostro psicópata que le extendía una carpeta roja.

-¿Sharon? ¿Estás ahí?

-Sí, lo siento, es que de momento me puse a pensar en Charlie—mintió.

-Ya decía yo que también te enamoraste de él.

-Sí, lo estoy—. Sharon no supo si eso también era una mentira.

-¿Se te ofrece algo más?—Pregunto Amelia. -Lo que pasa es que tengo que salir-.

Apretó la bocina del teléfono y comenzó a sudar. Claro que se le ofrecía algo más. Pero no tuvo el valor de decirlo.

-No, solo hable para disculparme.

-Entonces nos vemos luego. Adiós.

-Adiós Amelia—y colgó.

Pensó en marcarle a Charlie. Lo pensó y estuvo a punto de hacerlo. Entonces de nuevo miro la carpeta y la abrió. Leyó el contrato por tercera vez en el día y aun así se sintió con más miedo del que pudo imaginar. Las primeras dos condiciones eran extrañas, pero un tanto creíbles. Pero la tercera, la tercera era tan macabra.

El día anterior estaba tan emocionada, ya que a la mañana siguiente se reuniría con el representante de Las Almas Perdidas para hacer oficial su asistencia a la gran Kermés. No pudo dormir esa noche a causa de la emoción. Despertó muy temprano y estuvo una hora en la ducha. Se sentía nerviosa al no saber cómo proceder en la conversación que tendría con el señor Willis. Ya habían hablado por teléfono con él, y su tono de voz era bastante agradable. Para su sorpresa acepto reunirse con ella sin dar algún pretexto de exceso de trabajo. La cita era en un café llamado “Guzzy”. Hubiera preferido que el lugar fuera más formal, pero cuando el señor Willis le ofreció que eligiera el lugar para la cita, no acudió a su mente otro nombre más que la cafetería de los preparatoriamente que tanto frecuentaba. Así que estaba diez minutos antes de la hora estipulada. Le pareció extraño que la cafetería estuviera casi vacía. Solo había una pareja en una mesa al fondo y una anciana que comía con notable esfuerzo un pastel. Tal vez esa tranquilidad fue la que provoco que no reparara en el auto negro que se estaciono en la acera de enfrente. Ni siquiera vio al tipo calvo de traje negro que entro en la cafetería y llevaba un maletín de cuero negro. Estaba tan pensativa en disfrutar el rostro de Susan cuando se tragara sus palabras, que no vio que el hombre se dirigía a ella.

-¿Sharon Rodríguez?—pregunto Albert Willis.

Sharon reconoció de inmediato la voz y se sobresaltó al ver al hombre parado frente a ella. Torpemente se levantó y le tendió la mano.

-Sí, soy yo. Es un placer conocerlo Señor Willis.

-Oh, llámame Albert—Dijo en tono jovial al mismo tiempo que le estrechaba la mano.

Sharon respondió con una sonrisa y lo invito a tomar asiento. Alberto lo hizo y coloco con mucho cuidado el portafolio en el piso. Después ordeno un café sin azúcar y le pregunto a Sharon que tomaría.

-Un Americano—respondió ella.

Albert hizo el pedido a uno de los meseros y después se concentró en Sharon.

-¿Así que está interesada en que mi gente participe en su Kermés?

El tono era igual de jovial, pero Sharon detecto cierto cambio al pronunciar la palabra “gente”, como si se refiriera a sus hijos.

-Nos encantaría que dieran un concierto. Son la moda en el mundo de la música y estoy segura que será todo un éxito. Tenemos los papeles de los permisos y también fondos suficientes para costear sus servicios.

-Estoy seguro de que los tienen. Sin embargo no creo que esos fondos sean necesarios.

Sharon frunció el ceño y se preguntó qué grupo daba un concierto sin cobrar alguna cuota. Claro, a menos que sea un concierto a beneficencia.

-¿No entiendo?

Albert esbozo una sonrisa, una sonrisa que le pareció a Sharon espeluznante. De repente ya no se sentía cómoda sentada frente a ese hombre.

-Se ve que eres una chica bastante inteligente y por eso iré al grano.

Sintió como una energía negativa se apoderaba de ella.

-Claro, me encantaría que nos pusiéramos de acuerdo y cerráramos el trato.

Sus ojos parecieron brillar detrás de los lentes. Estiro la mano y abrió el maletín, saco una carpeta de un penetrante color rojo. La abrió y saco una hoja.

-Este es el contrato—.

Le extendió la hoja y Sharon se sintió tentada a no tomarla.

-Si aceptas las condiciones mi gente dará el concierto sin cobrar ni un centavo.

Cualquier otro hubiera dicho que ese sería un trato espectacular, y no se molestaría en leer el contrato. Pero no Sharon, ella lo leyó y después deseo no haberlo hecho. Sus ojos devoraban las palabras. Estaba ordenado como siempre estaban todos los contratos, mencionaba el nombre del grupo, el del representante, había líneas vacías para el contratista y para las fechas del evento. Pero cuando leyó las tres condiciones, palideció. Sus ojos se pusieron blancos por la fuerte impresión, no sabía que decir, lo único en que pensaba era en lo arrepentida que estaba de haber aceptado el cargo de organizadora del concierto. Lo había hecho solo por el deseo de vengarse de Susan. Solo que ahora ni siquiera la recordaba a ella. Las tazas de café llegaron y Albert dio un sorbo a su café. La taza humeante de Sharon descansaba frente a ella. -Adoro el café sin azúcar, pero lo adoro más si estoy acompañado de una chica tan linda. Ella levanto la vista y se dio cuenta de cómo los ojos del señor Willis habían cambiado drástica mente, parecían los ojos de un demonio sediento de sangre.

-¿Qué diablos es esto?—dijo Sharon con débil voz.

-Ya te dije que es el contrato.

-Está usted loco. Yo nunca haría eso.

Se llevó de nuevo la taza de café a la boca y lo sorbió como un niño pequeño. Sharon lo contemplaba pasmada.

-Querida. Déjame decirte que estas condiciones han sido aceptadas por muchas personas antes de ti. No nos hizo falta pedir dinero para esos conciertos que hemos dado. Mi gente es feliz con lo que se pide en ese contrato. Y déjame agregar que todos los conciertos fueron rotundos éxitos.

Una punzada de terror le absorbía. Pensó en todos esos conciertos televisados y en todas las giras que habían dado. ¿Acaso era verdad? ¿En verdad esos organizadores tuvieron que aceptar esas espantosas condiciones? Y sencillamente la respuesta le llego. Aquellos conciertos habían generado bastante dinero para los organizadores. En el mundo en que se vivía hoy en día no era tan difícil creer que alguien firmara ese contrato con tal de hincharse en dinero. Y seguramente se recaudaría bastante dinero, dinero que había planeado para restaurar los viejos monumentos de la ciudad. Pero desde un principio se dijo que el dinero era el segundo beneficio que sacaría, el primero sería dejar a Susan con la boca abierta. ¿Pero valía la pena? No, le dijo una voz en el interior. No valía la pena. Pero la voz se fue mermando cuando se ponía a pensar en las burlas que tendría que aguantar si no lograba su objetivo. Necesitaba pensarlo, pensarlo demasiado. Como si leyera sus pensamientos, el señor Willis le dijo:

-No es necesario que lo firmes ahora. Puedes llevártelo y firmarlo después. Pero si lo firmas y no cumples con el contrato, pues...

Esbozo una sonrisa maléfica y Sharon sintió morirse. No quiso ni imaginar lo que le podría pasar, pues se dio cuenta de que el tipo hablaba en serio.

-¿Me está amenazando?

-Claro que no, simplemente te digo que tengas cuidado. ¿No sabes cuantas chicas se pierden hoy en día y jamás regresan a su casa?

-Es que no puedo hacer esto.

-Puedes. Y quieres hacerlo, lo sé, lo siento en ti, lo huelo en ti. Quieres humillar a esa chica y sabes que nosotros te podemos ayudar. Deseó que hubiera más personas en el café. Se sentía en un desierto, sola, con un monstruo que sabía cosas de ella.

-¿Y si decido que sea ella?—dijo sorprendiéndose así misma al ceder poco a poco.

-A mi gente le dará igual quien sea. Solo quiero saber si firmaras el contrato o esto es una pérdida de tiempo.

-¿Entonces si no lo firmo no me hará nada y me dejara en paz?

-No te haré nada siempre y cuando no cuentes sobre esto a nadie. Tengo mucha gente a mi servicio y si me llegara a enterar de que abriste el pico, entonces te iría muy mal a ti y a tu familia.

Cerró los ojos y pensó en su familia. Esa era una salida. Una salida que aceptaría gustosa con tal de no ver más a ese hombre.

-No lo firmare—dijo al fin. El semblante de Albert no pareció cambiar, seguía con su sonrisa macabra y sus ojos de demonio.

-Como tú quieras. Es una lástima que no lograrás alcanzar tu meta. Me pregunto si Susan hubiera aceptado firmarlo.

Ese fue el detonante: el deseo de venganza contra Susan por arrebatarle a Steve. El tipo se levantó y entonces Sharon le tomó del brazo y le pidió que no se fuera.

-¿Me asegura que será un gran concierto?

-Jamás decepcionamos a alguien.

Se mordió el labio y pensaba en como la admirarían si ese concierto se llevará a cabo. Los dos se sentaron de nuevo.

-Déjeme pensarlo unos días.

-Está bien Sharon. Quisiera que te llevaras el contrato, si decides que no, entonces tienes que quemarlo, y si decides que sí, solo tienes que firmar. El cualquiera de los casos yo me enterare de tu decisión.

-¿Quiere decir que no es necesario que se lo comunique?

-Claro que no, este contrato es muy especial.

Sharon miro de nuevo la carpeta roja, tan parecida a la sangre.

-¿Entonces cuando decida usted lo sabrá?

-Así es querida.

Sharon guardó silencio y metió la hoja dentro de la carpeta. Se sentía mal, y eso que aún no firmaba. -No has tomado tu café. La taza seguía descansando frente a ella y Sharon la tomo entre sus manos y probo el café. Estaba frió.

Cuando terminó su café le dijo que tendría que marcharse. Fue entonces cuando el señor Willis se ofreció a llevarla.

Y ahí, sentada en el sofá leyó de nuevo el contrato. Se detuvo en las condiciones, las cuales eran las siguientes:


EL GRUPO MUSICAL “ALMAS PERDIDAS” ACEPTARA DAR EL CONCIERTO BAJO ESTAS TRES CONDICIONES, LAS CUALES TENDRÁN QUE SER ACATADAS POR EL CONTRATISTA.

1. EL CONTRATANTE DEBERÁ TENER UN CAMERINO DE LUJO PARA LOS SEIS INTEGRANTES DEL GRUPO. DICHO CAMERINO DEBERÁ CONTAR CON TODOS LOS SERVICIOS, ADEMÁS DE ESTOS OBJETOS: BOLSAS GRANDES DE BASURA, UNA CAJA GRANDE DE MADERA CON TAPA, CUBETAS DE DIEZ LITROS, CUCHILLOS, UN HACHA Y UNA GRAN SOGA.

2. EL CONTRATANTE DEBERÁ SITUAR EL CAMERINO EN UN LUGAR ALEJADO DE LA MUCHEDUMBRE PARA QUE LA GENTE NO LOS MOLESTE MIENTRAS REALIZAN SUS RITOS PREVIOS AL CONCIERTO. EN CASO DE QUE ALGÚN CURIOSO MERODEE CERCA, SE LE HARÁ PARTICIPAR EN DICHO RITO.

3. EL CONTRATANTE DEBERÁ PROPORCIONAR A LOS MIEMBROS DEL GRUPO A DOS JÓVENES MENORES DE VEINTICINCO AÑOS (UN HOMBRE Y UNA MUJER) PARA QUE SEAN SACRIFICADOS. EL SACRIFICIO CONSISTE EN ATARLOS Y CORTARLES LAS VENAS PARA QUE LA SANGRE LLENE LAS CUBETAS. DESPUÉS LOS MIEMBROS BEBERÁN LA SANGRE HASTA QUE NO QUEDE NADA. EL HACHA SE UTILIZARÁ PARA DESMEMBRAR A LOS CADÁVERES Y LOS PEDAZOS SERÁN ECHADOS EN LAS BOLSAS DE BASURA, ESTAS BOLSAS SERÁN DEPOSITADAS EN LA CAJA DE MADERA, Y LA CAJA SERÁ UN RECUERDO DEL CONCIERTO PARA LOS INTEGRANTES.

EXPUESTOS ESTOS TÉRMINOS, LE INFORMAMOS AL CONTRATANTE QUE UNA VEZ FIRMADO EL CONTRATO SE LE GARANTIZA UN CONCIERTO COMO NUNCA HA HABIDO. CLARO, SOLO COMPARABLE CON TODOS LOS CONCIERTOS QUE DAMOS.

NOTA: SE INFORMA AL CONTRATANTE SOBRE TODAS LAS ACCIONES QUE SE REALIZARÁN, YA QUE ES ABSOLUTAMENTE NECESARIO QUE SEPA LO QUE HACEMOS EN EL CAMERINO. SI NO LO SUPIERA ENTONCES NO TENDRÍAMOS EL ÉXITO QUE HASTA AHORA, GRACIAS A DIOS, HEMOS TENIDO.

Termino de leerlo y tomo la decisión. Se sentía muy mal, pero desde un principio prometió que lo haría. Tomo una pluma y firmo el contrato.

La Kermés era la más grande jamás realizada. Las ventas de productos y los concursos eran simplemente satisfactorios. Y eso que el concierto aún no comenzaba. Sharon se paseaba de un lado a otro vigilando que las cosas marcharan bien en el recinto donde sería el concierto. Con orgullo pasaba frente a todos, y todos exclamaban frases de admiración hacia ella. Buscaba a alguien con la mirada. Salió a la Kermés y trato de identificar a ese alguien entre toda la gente. Por fin la vio, mejor dicho, los vio. Estaban a unos cien metros. Él se veía contento en la Kermés, y ella... bueno, ella tenía una cara de frustración y desconsuelo. Tuvo que tragarse sus palabras, y para Sharon verla humillada era el mayor premio por lo que había hecho. Susan volteo hacia ella y Sharon le dedico una sonrisa, ella volteo hacia otro lado y después jalo a Steve para que se perdieran de la vista de Sharon. Y recordó cuando le telefoneó al señor Willis para avisarle que había firmado el contrato. Aunque este le había dicho que no era necesario que le avisara, Sharon lo hizo. Se portó tan amable con ella, y Sharon sintió cierto cariño hacia él.

-Se me olvido decirte otra cosa Sharon—le había dicho.

-¿De qué se trata?

-Hay una forma de que tu concierto sea mucho mejor que todos los que hemos dado y que todos los que daremos.

-¿Qué forma?

-Danos a dos personas que quieras mucho.

Vio como Susan y Steve se perdían. Después esbozó una sonrisa. En esos instantes Charlie y Amelia estaban en el camerino de Las Almas Perdidas. Era una lástima que se perdieran el concierto.