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Infierno-en-tierra

"Los logros de tu trabajo son justo merecimiento a tu esfuerzo diario."

¡Muchas felicitaciones a su autor! Esta es una de las creepypastas ganadoras del concurso del mes, se les invita a todos los usuarios a participar.

El inframundo.

Un lugar donde las almas malévolas y despreciables han permanecido por siglos.

Un lugar donde no llega la luz del sol, donde la única iluminación son los ojos de aquellos esperanzados a salir.

Yo soy un pecador más, uno de tantos.

Lo único que me aleja de la locura en este lugar es el haber hecho una buena acción.

Al menos haber alegrado una vida, por unos instantes.

Pero eso no hace que mis pecados sean menos graves.

Una noche perpetua, una oscuridad total. Mientras aquellos seres caminan a cuatro patas, en busca de su alimento, en busca de una nueva alma para su tortura. Yo me dedico a mirar hacia arriba.

Veo la silueta de una persona.

Más allá de tus pecados innombrables, una buena acción en ti quizás simbolice tu arrepentimiento. Una gota de esperanza ha aparecido en tu corazón y eso tiene su recompensa.

Un delgado hilo, como el que usa una araña para tejer su tela, empezó a caer lentamente. En toda la oscuridad que me rodeaba, una luz hizo que mis ojos se abrieran, más allá del sueño inalcanzable o el hambre insaciable. Todo desapareció al ver ese hilo. ¡Había salvación de este infierno!

Pero no fui el único en ver aquella esperanza.

El hilo cayó frente a mí.

Lo tomé con firmeza y empecé a subir.

Sentía como el silencio sepulcral que antes dominaba el ambiente, pasaba a un alborotado griterío de más almas en pena buscando, al igual que yo, la salvación.

Pero ellos no merecen la salvación como yo.

Yo hice más, mucho más que ellos.

Yo sí la merezco.

Rasguñan mis piernas, mi espalda, a todo lo que llegan con sus pútridas uñas.

Mi piel se está desgarrando mientras subo.

No me voy a detener.

Uno se está acercando demasiado. Intento sacármelo de encima, pateándolo o sacudiéndome.

Cayó al suelo. Escuché sus huesos romperse. Como sus esperanzas.

Sonrío, cada vez estoy más cerca.

Tu egoísmo ha demostrado que no mereces la recompensa. Así como apareció esa gota de esperanza, desapareció. Ya no hay salvación.

El hilo se ha cortado.

¡NO!

¡NO, NO, NO, NO!

¡Pero he demostrado que me lo merecía!

¡No puedes hacerme esto!

Mientras caigo, miles de brazos sujetan mi cuerpo. Tirones, rasguños y quién sabe qué más es lo que estoy sufriendo ahora.

Mientras todos estamos cayendo, mi piel poco a poco se va perdiendo.

Escucho a los demás caer, más huesos romperse.

Así como el hilo de una araña fue una salvación.

Olvidé que también es una trampa. Caí como una mosca, a la espera de ser devorado por aquel insecto.

Ha llegado mi turno.

Escuché mis propios huesos romperse.


Aleksai Sagir-Lazzuli