Hace mucho tiempo, creo que cuando tenía por lo menos 8 años, conocí a un hombre, sin duda era un pobre limosnero que salía a dar shows afuera en la carretera, era simpático, gracioso, con un bigote falso y conos de juguete. Una vez visto, el me saludó con su corbata, le respondí y empezó a hacer malabares con los conos.
Desde entonces, no lo volví a ver.
Regresando de la secundaria, no lo vi en las carreteras, me preocupaba el simpático malabarista. Pasaron días, y meses, me fui olvidando de él.
Salí de la casa a comprar pan, era de noche, y las luces de las casas estaban apagadas, solo estaba la luz tenue de un foco de la tienda, me acerqué con un monedero y entré, había todo tipo de abarrotes y despensa, hasta que ahí estaba un viejo anciano, tomé lo que necesitaba, lo compré y me fui...
Me di cuenta de algo, que el camino se había convertido en carretera, era más largo, ni sabía dónde estaba. Miré a todos lados pero nada, entonces continué el camino, pero era infinito. Hasta que escuche esa voz tenebrosa.
-Hola, mi pequeña.
Volteé y miré atrás, y era ese malabarista de mi infancia, pero con una máscara de payaso, era tenebrosa, la expresión era sonriente pero con sangre, me espanté y corrí. Desafortunadamente no encontraba mi casa, pero vi una cabaña, vi que no había nadie. Aún así no entré, ya que me recordaba a películas de terror.
Por unos segundos sentí esa sucia mano en mi hombro, no quise voltear.... De todas formas, ya estoy muerta en la carretera.