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No hay cura para las enfermedades en estado terminal. Se esforzaron con animales: fracasaron. Optaron por los humanos que se ofrecían voluntariamente. Ese fue el desencadenante de la tragedia.

Alexis Boris Myers.

Edad: 20 años.

Peso: 1, 70 kg.

Altura: 1, 72 mts.

Sujeto a prueba.

El doctor a cargo se especializa en enfermedades cancerígenas. Ha encontrado una posible cura.

_En el primer instante/número 01. Alexis no sufrió ninguna alteración. Él cargaba con otra enfermedad en tratamiento, que posiblemente se tratase de un cáncer maligno.

_En el segundo instante/número 05. Sus células presentaron una alteración. El paciente asegura no sentir nada. Como si su cuerpo sufriera un cambio casi imperceptible.

_En el tercer instante/número 12. Una sorpresa ocurrió al pasar unas semanas. Alexis Myers pudo estabilizarse.

_En el cuarto instante/número 16. El cáncer prevalece. Tendremos que esperar.

_En el quinto instante/número 21. Cinco días desde la inyección. Su salud empeoró drásticamente. 

_En el sexto instante/número 25. Los familiares y los doctores están de acuerdo en que Alexis no resistirá más.

-En el séptimo instante/número 27. A la mañana siguiente, para nuestra sorpresa, Alexis estaba completamente curado. Diez días sucedidos.

Archivo inédito del experimento N°1

Mi nombre es Alexis Myers, un paciente casi desahuciado. No había sido curado, ellos me habían mentido. Todo un fracaso y yo soy una prueba viviente. Sí, parecía que había sido curado. Fueron tantas las pruebas que me hicieron, que ya no recuerdo cuántas...

¡Solo quería vivir! Mi rostro y cuerpo jamás volverán a ser los de antes.

Maté a cada miserable doctor, los hijos de puta que me hicieron un completo monstruo. Al mirarme al espejo, no podía evitar romperlo por la impotencia. ¿Que cómo es que me veo?, una maldita cámara captó mi rostro cuando tuve que acabar con sus vidas.

Incluso mi familia huyó ante mí. Tan solo era un muchacho, y ahora ni sé qué soy. Tuve que escapar del lugar en donde nací. Mi nueva casa es el bosque.

Pero les advierto. Desde que huí, la comida que solía comer no me sastifacía. Por más extraño que parezca, la carne humana sacia mi hambre. Por más que intentes escapar, será inútil. Mi velocidad y agilidad se agudizaron. Mi vista es diferente, por las noches veo mejor que en el día. Desearán no haberse encontrado conmigo.

Archivo inédito del experimento N°2

Antes de convertirme en el Hombre Encorvado, mi condición era inestable. Me habían detectado cáncer pulmonar a los 16 años.

Mi familia estaba destrozada, hicieron lo que pudieron en vano. Yo era muy querido por mi familia y mis vecinos. A pesar de que mi enfermedad me hacía distante en algunos sentidos, quería cambiar eso. Apenas amanecía, era yo quien decía buenos días a todos. Me encantaba hacer amigos y ayudar a quien le hiciese falta una mano.

No era guapo, solo un chico normal como cualquiera, con sueños y esperanzas, que no sabía si se cumplirían. Y, un día, una doctora me ofreció ayuda. Pensé que era otra de las que siempre frecuentaban el hospital donde me citaban. Pero ella tenía otro aspecto, como más prometedor. No dudé. Ella podía curar mi cáncer de una vez.

—Es un tratamiento muy poco ortodoxo. No muchos quisieron acceder. Tengo un amigo especializado en este tema. Puedes llamarlo cuando tú lo creas necesario. Solo necesito una muestra de tu sangre para ver qué podemos hacer por el momento.

Su nombre era Angie Franklin. Una bella dama, muy amable. No le importó ayudarme cuando se me cayeron las hojas de mi papeleo reciente en el hospital. Satisfice su pedido.

—Fue un placer, Alexis.

—No, por favor, fue el mío.

Le conté todo a mi madre, que se llevó una mano a la boca y asintió con alegría.

—Claro, hijo mío. Solo quiero que estés bien.

—Lo estaré, mamá.

—¿Ella parecía de fiar?

—A pesar de mostrarme debilucho, ella fue amable conmigo. Ya verás, solo tenemos que ir a este lugar.

Así que fuimos a la dirección indicada en la tarjeta de presentación. Era un hospital de aire sombrío. Pero, al adentrarme, era notable la limpieza.

—Aquí trabajamos experimentalmente. Todo cerrado para prevenir accidentes.

—¿Y tratan con personas?

—Con animales. Les implantamos la enfermedad que se quiere tratar. Según las bases de nuestra investigación, lo corroboramos. Encontramos una posible cura, gracias a la muestra que me dio su hijo.

Mi madre me miró como si hubiera cometido un error.

—Es que...

—Solo para comprobarlo, si tiene dudas. No hay problema en que se fije desde aquí —dijo Angie, señalando a través de las ventanas.

Había varias personas envueltas en trajes de plásticos. Sus guantes azules destacaban a distancia.

—¿Está segura de que esto va a funcionar?

—Por eso mismo, le presento a mi colega Check Curtis.

Luego de varias días en que discutieron sobre el asunto, mi madre quedó conforme. Pasaron semanas después de que ella preparara el dinero necesario para llevar a cabo el experimento. Mi hermano pensaba diferente. Fue como si él supiese que algo malo iba a pasar.

—Sé que esto es por tu bien.... Pero no sé, pasó muy rápido.

—Bob, estaré bien. Solo ruego que no me falles, ¿sí?

—No digas eso, Alex, yo creo que te curarás. Los que no me dan buena espina son ellos.

—Son mi única salida —dije al sostener su hombro.

—Y tú mi único hermano.

Casi el bastardo me hizo llorar pero luego me empujó.

—Siempre haces que saque mi lado sentimental —suspiró Bob.

—Y tú a mí —reí por lo bajo.

Al llegar al lugar, todo se oscureció. Las luces titulaban. Mi piel se erizaba.

—¿Alex? —dijo Angie— ¿Estás preparado?

—Sí.

Me ataron a la cama, monitoreaban mis pulsos.

—Este es solo el primer día, ¿y ya estás nervioso?

—Es solo que... Tengo miedo.

—Ya, tranquilo. Serás curado. Y cuando menos te lo imagines... Todo será mucho mejor.

Los días me los pasaba haciendo ejercicios. Me inspeccionaban a veces. Se estaba volviendo monótono y familiar. Mientras las enfermeras me aseaban, a lo lejos la doctora Franklin y Curtis charlaban.

—¿Entonces lo crees posible?

—Entre más le suministremos la cura, su cuerpo se vuelve más fuerte que el de un ser humano normal.

—Su madre no sabe al respecto.

—Y no lo sabrá —sonrió Angie.

—Espero que la vacuna experimental 380sG sea positiva en él.

—Solo hay que ver... Si llega a fallar, ya sabes qué hacer.

—Matarlo solo sería un desperdicio —musitó Curtis.

—Es mejor prevenir a que ocurra, ¿no?

Según la doctora, a medida que pasaban los días, mi cuerpo aceptaba la cura, pero yo no sentía nada más que el dolor de cabeza y las ganas de vomitar. Yo se lo decía, pero ella insistía con que eran los efectos adversos de la cura.

—Segundo instante: Alexis ha pasado la primera prueba. Se ha vuelto un hombre saludable. A partir del día 15 de Octubre.

Sin embargo, cuando se hacía de noche tenía sueños en que me veía a mí mismo con la cara desfigurada... Mi voz no había cambiado. La doctora estaba allí. Se acercó a mí y acarició mi rostro. Rostro que no era mio.

—Cómo has mejorado Alexis, eres bello. Tal y como se dijo que pasaría.

—¿De qué hablas?

—Eres La bestia, y yo fui quien la liberó.

—Sigo sin entender... ¿Qué me has hecho?

—Querías ser curado, ¿cierto?... La cura funcionó. ¡Eres fuerte!

Su sonrisa me causó escalofríos. A medida que retrocedía, su imagen desaparecía, y en su lugar aparecían espejos que resaltaban más mi presencia repugnante.

Al despertar, mi impulso fue ir a la salida. Me estaba quedando sin aire. Pero fue ella quien me detuvo.

—¿Qué haces, Alexis?

Yo rompí la perilla sin darme cuenta.

—Estás enfermo, aún no estás curado.

—¿Cómo es que?.... —miré lo que tenía en mis manos. De repente me salieron garras.

—Es la cura, solo debe calmarte. Ya que pronto serás curado —me inyectó anestesia—. No sentirás más dolor.

Me desmayé.

Días cruciales:

—Octava instante/número 30. Hoy es el día en que Alexis Boris Myers fue curado. Su cáncer ha desaparecido. Su familia ha quedado conforme. Se ha dado al fin la cura para el cáncer en el mundo.

Cuando fui a casa, mi madre fue la primera que me abrazó.

—¡Por fin, Alex!

—Te lo dije, madre. Iba a ser curado.

—Me alegra verte, hijo. Espero que ahora nuestras vidas sean plenas —se acercó mi papá al estrecharme la mano. Él siempre suele ser así de formal, en especial cuando se trata de sus hijos.

Mi hermano estaba distante, al principio no se acercó a mí. Pero luego vio que mi estado de ánimo y mi físico estaban muchísimo mejor que nunca.

—Jamás pensé que tu cabello iba a volver a ser como antes —dijo Bob al estirarme el pelo.

—¿Y ahora lo crees?

—Sí.

Suspiró agachando su cabeza y asintió.

—Mañana será otro día. Y quizás podré hacer cosas nuevas.

Me fui a mi habitación para descansar. De repente, mi respiración empezó a dificultarse. Se me cerraba la garganta. Grité ante mi desesperación. Mi vista se nublaba. Cuando mi madre llegó, ella tampoco podría creerlo. Fue ese día en que jamás volví a ser el mismo.

Tuve convulsiones. Me tuvieron que llevar de emergencia al hospital. Intentaron ayudarme. La doctora los detuvo y puso en mis labios carne fresca.

—Es lo que tu cuerpo exige. De ahora en adelante.

Me estremecí porque, apenas ella lo puso sobre mi boca, mi instinto rugió. Empecé por comerlo sin detenerme y después el brazo de un doctor, que intentó tranquilizarme.

Los maté a todos.

Jamás pude encontrar a la doctora Angie Franklin.

Eres la bestia y yo fui quien la liberó.