Wiki Creepypasta
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Era muy pequeño cuando mis padres me regalaron mi primera consola: una Atari. Me entusiasmé mucho con ella, cada tanto mi madre me compraba nuevos juegos y mi felicidad era indescriptible.

Pasó el tiempo y ya era un pre-adolescente, una etapa de rebeldía como muchos dicen. Dejé la consola a un lado y empecé a hacer muchos más amigos, ir de fiesta, hacer cosas de adolescentes, al fin y al cabo. Pero me daba cuenta a la vez que ese ambiente festivo puede ser peligroso, ya que en la mayoría de fiestas habían, y hay, peleas.

Además, estaba tomando actitudes insanas, como molestar o jorobar a los demás, insultar a otros chicos en las fiestas, etcétera. Después de haberlo reflexionado con digna crudeza, dejé de ir considerablemente a fiestas donde sucesos como esos ocurrían.

En uno de esos días de falta de energía para realizar diversas cosas, empecé a recordar viejos tiempos, cuando todavía era un niño y no conocía estos ambientes que nunca imaginé podían ser tan hostiles.

Y ahí, en el medio, el recuerdo de mi Atari…

Tenía un recuerdo distintivo, y era cuando jugaba un juego en particular, no recuerdo cuál, y lo consideraba como uno de mis favoritos. En esa nostalgia, decido investigar mi pieza un poco sumergido en una curiosidad para ver que encontraba, habiendo pasado ya un largo tiempo. Entre cartas de navidad, fotos familiares, encuentro muchos dibujos; en muchos de ellos estaba dibujado un hombrecito blanco, en el medio de la hoja, vaya a saber por qué, fue lo que me dije.

Luego de eso, fui a buscar la consola y algún que otro juego con la esperanza de que anduviese. Fui al galpón de mi casa a revolver entre la historia. Al cabo de unos diez minutos, la encontré dentro de una caja, completamente sucia por obviedad. A su lado, otra caja.

Dentro de la caja, afectada por el notable paso del tiempo, todos los juegos que tenía. Llevé las dos cajas a la sala de estar para higienizarlas. Limpié la consola y cada uno de los juegos. Todos con su pegatina correspondiente, exceptuando uno, que no tenía nada.

Al rato, llevé la consola donde el televisor para probar su desempeño. Por desgracia, no funcionaba, aun así, después de cinco intentos. Decidí llevarla a arreglar con un conocido que arregla aparatos y consolas.

Resulta que no fue nada grave, el problema era que el interior de la misma se encontraba sumida en una suciedad increíble. 

Para haber estado guardada mucho tiempo, tuve una suerte de envidiar.

Regresé a casa, en la cual vivo solo hace seis meses, y conecté la Atari al televisor, coloqué un juego y encendió. Anduvo perfectamente; estuve jugando varios juegos durante una hora y media, hasta que veo el cartucho sin pegatina.

No me hice ningún cuento en mi cabeza, ya que se pudo haber salido en cualquier momento. Puse el videojuego en la misma y no sucedió nada, no hubo pantalla de carga. Lo raro es que en la pantalla de inicio del juego no aparece el nombre del mismo, sólo aparecía en inglés “Nuevo Juego”.

Al no tener opción alguna para ejecutar, empecé una nueva partida. En principio creí que la consola se había congelado, habrá tardado como cuatro minutos en cargar algo, en ese lapso de tiempo, sólo hubo una pantalla negra. Yo aproveché ese corto espacio de tiempo para hacer mis necesidades. Al volver, apareció una especie de humano en medio de un fondo blanco.

Moví el control a un lado y esa cosita hizo la animación de caminar. Lo curioso es que sólo se dirigía hacia la derecha.

La animación perduró junto a ese fondo blanco unos minutos hasta que me harté y dejé de mover el control. Fue cuando ese humano empezó a titilar hasta desaparecer. Lo más lógico que pude pensar es que el juego se había trabado, hasta que el fondo pasó a ser negro. Al ver a ese “hombrecito” de color blanco me di cuenta que era idéntico al que tenía en los dibujos.

Automáticamente, empezó a dirigirse hacia la derecha nuevamente, sin poder andar por cualquier otro sitio.

Apagué la consola y la volví a encender por simple curiosidad y aburrimiento. Sólo me apareció el juego justo donde lo dejé, y diez segundos después sonó una campanada, un tono acorde a los bits de la consola. 

No lo voy a negar, reconozco que me sentí algo incómodo. Creo que el motivo de esto es que no tenía ningún recuerdo acerca de ese extraño juego. Con la expectativa de que algo sucediera, dejé al “hombrecito” andando sin detenerse… en ningún momento.

Sí, nada sucedió, y con la mayor tranquilidad apagué mi consola y dispuse a cocinar algo, ya era hora de la cena.

Terminé mi día contento, estaba realizado por ese día, aunque con una duda: El juego es bien monótono, no tiene nada interesante, es sólo un “hombrecito” que sólo puede andar hacia la derecha, ¿por qué tengo dibujos acerca de este juego? ¿Qué era lo que le veía de divertido? 

Yo sólo pude deducir que, al ser un niño bastante chico, me divertía con cualquier cosa, pero tampoco me sostuve mucho de esa idea, porque con lo poco que pude ver no entiendo cómo podía divertirme con esto.

Me fui a dormir con todas las preguntas en el borde de la lengua.

Al día siguiente me levanto normalmente y comienzo otra vez con mi rutina, que incluían clases de natación y de vóley, sé que no es mucho, andaba vacacionando.

Al volver de natación, que era lo último que tenía que hacer en el día, agarré mi computadora y, aún con las dudas, busqué juegos de Atari en tiendas online, pero no para comprar algún juego, sino para ver si había algún ínfimo indicio de este cartucho.

Como yo mismo pensé, no encontré nada buscando entre las páginas de compra casi desconocidas u olvidadas y de renombre.

Busqué incesantemente durante casi dos horas y ningún rastro de este juego se ha hecho presente, perdí mis esperanzas y terminé. Fue ahí cuando se me ocurrió la maravillosa idea de llamar a mi madre y preguntarle si recordaba dónde había comprado el juego.

Eso hice y marqué, con bastante fe. Tardó un poco en responder, pero no me alarmé, le pregunté y me dijo que yo, al no tener el nombre del juego no podía contestarme. Le especifiqué que en dicho juego había un “hombrecito” de color blanco, pero me afirmó que muchísimos juegos que tenía había hombrecillos blancos.

Colgué y no me quedó otra que andar preguntándome.

Terminé de cenar y ni bien de eso, al ser un día bastante agitado en mis actividades extracurriculares, me fui a dormir.

Debido a lo temprano que me dormí, me desperté temprano. Al no tener nada interesante que hacer, además de desayunar, me puse a jugar con la Atari de nuevo.

Dejé el, como lo llamé, “El cartucho incógnito” para lo último y lo coloqué.

Cargó automáticamente y salió la misma pantalla de inicio que me salió la primera vez en mucho tiempo que lo jugué. Iba a poner “Nuevo Juego” pero un poco antes de empezar la nueva partida la pantalla pone automáticamente el juego. Y ahí, de nuevo, el hombrecito de color blanco con el mismo fondo negro, lúgubres.

Lo que sucedió esta vez fue único en todo lo que he jugado esto: pude mover libremente al hombrecito, a todas las direcciones. Siguiendo el instinto de la curiosidad, me dirigí hacia arriba.

Dos minutos con el control virando hacia arriba valieron para algo, el fondo cambió a rojo bien radiante, el hombre también cambió de color, pasando a ser rojo oscuro. Al momento de cambiar, sonó un sonido que no podría describir, pero al igual que con la campanada, me puso incómodo.

Ese sonido hacía parecer el sol entrante por la ventana y una habitación iluminada algo completamente diferente.

Inconscientemente, en una pequeña distracción, suelto el control y el hombrecito siguió andando. Poco a poco, la animación de movimiento de ese pedazo de píxeles inexplicable se aceleraba, se aceleró tanto que no se le veían las manos ni los pies, en esa instancia, dejó de acelerarse.

Quedó colgado corriendo así unos inaguantables diez minutos, en los cuales me levantaba, hacía algunas cosas, me iba fijando qué pasaba. Finalmente me senté en el sillón, solo para contemplar otra vez ese escenario singular, cuando el hombrecito se detuvo repentinamente. 

Al momento de hacerlo, sonó un tono, un poco agudo que fue bajado en frecuencia hasta no escucharse más; el hombrecito no tenía brazos ni piernas.

Me quedé realmente estupefacto.

He ahí, el hombrecito quieto carente de extremidades, por algunos minutos, en los cuáles sólo me quedé observando la pantalla, pensativo, todavía imaginándome qué era lo que me entretenía este juego de pequeño.

Supongo que este hecho nunca me ha pasado porque en los dibujos que hice nunca hubo una referencia a dicho acontecimiento. Después de eso, el hombrecito, se partió en dos, una animación muy rara y que simulaba la salida de sangre, en un rojo más oscuro que el fondo. Para después empezar a titilar de vuelta hasta desaparecer, quedando el fondo rojo ahí. Este, también empezó a titilar; viendo entre medio de ese titileo la palabra “perder” en inglés.

Repentinamente, apareció una frase en inglés que decía “Gracias por perder”, para luego ir moviéndose hacia la izquierda, deteniéndose a ratos, acompañado de un pitido muy molesto.

Me quedé sin palabras, literalmente.

Después de eso no pasó nada más, así que apagué la consola y la aparté un poco, sin sacar el cartucho, porque después iba a investigar más sobre él, me había entusiasmado con este hecho completamente extraño. Fui a almorzar algo.

Almorzaba mientras veía un programa de comedia que pasaban siempre a la misma hora.

Risas van, risas vienen, y la consola se enciende.

Decir que quedé atónito es poco. Como resultado, se ejecutó el juego, a diferencia de que brilló por su ausencia la pantalla de inicio, ahí reapareció el hombrecito, con brazos y piernas, en un fondo gris.

De la nada se escuchó un tono agudo, para luego mostrar por lapsos cortos de tiempos al “hombrecito” cortado.

El sonido agudo se agudizó más, aturdiéndome, hasta que todo lo de la pantalla desaparece, y aparece unos símbolos que soy incapaz de describir, parecía un glitch. 

Noté que la consola hizo un sonido raro en su interior, nada agradable, pero siguió funcionando. La apagué y con un poco de dificultad seguí comiendo.

Las preguntas eran infinitas, formulaba una después o mientras trataba de contestarme una, un balanceo mental muy complejo. No pude terminar de comer por dicha razón, quería deducir el posible significado de todas estas cosas con sentido desconocido. Una de las cosas que más me pregunté fue el hecho de que la consola se hubiese prendido sola; no le encuentro explicación alguna, no me pasó ni cuando era un niño, si mis recuerdos no me traicionan.

Llevé mi computadora a la sala de estar, dejé la televisión prendida y la Atari conectada para probar si en algún momento eso volvía a ocurrir.

Revisé páginas de noticias, alguna que otra red social, cosas de la vida cotidiana, pero en ningún momento la consola se volvió a prender. Me quedé lo suficientemente tranquilo como para deducir que solo fue un episodio aislado, y sólo continué con mis actividades, no solo en la computadora, sino que también haciendo diversos mandados. Cené y fui a dormir.

Unos ruidos inhóspitos procedentes de la sala de estar hicieron que despertara de mi sueño. Al abrir mínimamente los ojos vi que el televisor estaba prendido, se veía una pantalla roja. Pasmado, me dirigí a la sala de estar, con pasos cortos y continuando con las preguntas, sin el dinamismo que cuando estoy despejado. 

Me paré en un costado, contemplando de nuevo el televisor; la consola prendida, corriendo el juego incógnito.

El hombrecito estaba en una esquina de la pantalla, moviéndose hacia arriba. Recién me despertaba y me costó distinguirlo, y más habiendo un fondo rojo puro y el monigote de color blanco, apenas podía distinguirlo del fondo.

Al mismo tiempo, los mismos ruidos amargos no cesaban, tenía una leve sospecha de que se iban intensificando, no pude distinguir entre lo que era verdad y lo que no, estaba muy anonadado con lo que sucedía.

De repente, y no fue alucinación mía, el sonido se intensificó y el hombrecito empezó a cambiar de posición rápidamente, para todos los lados, no quiero especificar. Al unísono, se podían oír lo que supuse eran voces, entre escasos sonidos extraños, todos acorde a los bits de la consola.

Sin exagerar, estaba repleto de espanto, nunca me había sentido así: esa combinación de sonidos, el ambiente del juego, la taciturna madrugada, hicieron de esto un suplicio. Estaba ahí, inerte, ante la televisión observando un juego de la infancia del que tengo constancia en unas simples figuras que dibujé cuando era pequeño.

Dichas voces, se iban intensificando más hasta estar al nivel de los sonidos iniciales, un lío completo.

En un momento, el hombrecito paró de moverse y se mostró una pantalla en negro, un relax para mis ojos.

Luego, apareció en el centro y se dividió en cuatro partes, cada una yéndose a una parte completamente aleatoria, junto con la frase “No more” en la zona inferior y algo que me pareció un murmuro, inentendible dada la calidad de los bits. No lo sé, con todo lo que estuvo sucediendo me confundo fácilmente.

Cuando desaparecieron las fracciones del hombrecito de la pantalla, aparece un fondo negro, con la palabra “basta” en inglés en el centro.

Se apagó la consola y con ella el televisor.

El miedo me pudo, no entendía nada, era de noche y no había luz que amenizara. Rápidamente, en medio de la oscuridad, enciendo una luz para poder calmarme y tratar de entender la situación.

La combinación de lo que se mostraba, las diferentes palabras que aparecían, los sonidos extraños, junto con el curso de la madrugada en su máximo esplendor. Temblaba un poco, quería ver algo que no fuera ese particular espectáculo, y fue por eso que encendí la televisión, esperanzado de que funcione.

Prendió perfectamente, puse un canal de música y me alivié con un té. Me senté frente a ella a disfrutar de la infusión y a pensar, como lo venía haciendo constantemente en estos días.

Todo esto sucedió antes de ayer, no fue algo de hace mucho, me decido a escribirlo porque creo necesario, de alguna u otra manera, compartir esto con alguien. Es tan extraño que no puedo quedarme con la duda, con las preguntas en la punta de la lengua y de los dedos.

Simplemente decidí agarrar mi computadora y acá estoy, escribiendo esto para mi par que esté del otro lado, ojalá leyendo esto.

Inmortalizó este chico cualquiera antes de su muerte producto de una insuficiencia respiratoria, dentro de un contexto absurdo. Él nunca tuvo antecedentes de problemas de este tipo u otros.

Dentro de su pantalón de pijama, tenía un papel que tenía algo escrito: 

“Enough”

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