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La tarde del 25 de febrero de 1.957 un cazador que comprobaba las trampas para animales que había dejado instaladas días atrás, descubrió junto a la estrecha carretera de Susquehanna en Filadelfia (Pennsylvania), una caja de cartón en cuyo interior encontró el cadáver de un niño. En la actualidad, su identidad sigue siendo un misterio...

La escena del crimenEditar

En 1.957, la carretera de Susquehanna era un lugar poco transitado. En su lado sur, había una zona de árboles poco profunda, que no se extendía más allá de unos pocos metros de la carretera, y a continuación, las zonas de arbustos y maleza se mezclaban con grandes áreas de espacios abiertos. Tampoco en aquellos años era una zona habitada, no existían casas en sus alrededores, pero se encontraba cerca de lugar un centro de acogida dirigido por las religiosas de la Orden del Buen Pastor, dedicada a la reconducción y educación de jóvenes problemáticos. Enfrente de la entrada de este centro, en una zona arbolada y de espeso sotobosque, fue donde fue descubierto el cuerpo del niño la última semana del mes de febrero de aquel año.
Mujer cortada

El crimenEditar

El cadáver correspondía a un varón de raza blanca, de entre 4 a 6 años aproximadamente, cuyo cuerpo desnudo estaba envuelto en una manta de franela. El cadáver estaba seco y limpio, y las uñas y el pelo habían sido cortados recientemente pero de forma apresurada. Se encontraron restos de cabello por encima de su cuerpo lo que parecía probar que se lo habían cortado en el mismo momento de su muerte. Tenía los ojos azules, la piel blanca y parecía desnutrido.

Se apreciaban muchas contusiones en todo su cuerpo, especialmente en la cabeza y el rostro que parecían haberse producido todas a la vez. Se encontraron también siete cicatrices en su cuerpo. Los investigadores concluyeron que al menos tres de ellas podían haber sido realizadas en operaciones quirúrgicas. Dos de estas cicatrices se localizaban en el pecho y la ingle de la víctima. Otras se encontraron en el codo, el tobillo y la barbilla del niño. Tenía tres pequeños lunares en el lado izquierdo de la cara y uno más grande en el brazo derecho. La inspección del cuerpo también probó que la piel de las palmas de las manos y los pies aparecía arrugada y áspera, lo que indujo a pensar que al menos el cuerpo había estado en contacto con el agua por un espacio de tiempo prolongado. El clima frío de aquella zona también puso en dificultades a la policía para tratar de averiguar cuando se había producido la muerte. Tras muchas pruebas se concluyó que esta se había producido en un intervalo que podía variar entre dos o tres días a unas dos semanas.

Las pruebasEditar

La caja de cartón que cubría el cadáver correspondía a la envoltura de un cuna de bebé y se pudo comprobar que aquella partida se había vendido entre Marzo de 1.956 y Febrero de 1.957. La caja estaba en buen estado en su parte interior y algo húmeda y degradada en la parte exterior. Su posterior análisis no evidenció ninguna huella dactilar. También se analizó la manta que envolvía el cuerpo del chico que parecía que había sido lavada recientemente y de la cual se habían vendido miles de unidades en multitud de establecimientos.

Muy cerca del cuerpo la policía encontró una gorra de hombre, de tejido de pana y color azul. Puestos en contacto con la empresa que había fabricado aquella prenda se pudo determinar que había sido vendida a un hombre que pidió que se le cosiera una correa en su parte posterior. La propietaria les dijo a los detectives que el hombre aparentaba unos treinta años de edad, de cabello rubio, había llegado a la tienda solo y vestía ropa de trabajo.

En las inmediaciones también se recuperó un pañuelo de hombre con la letra G bordada en una esquina. Se encontraron unos cabellos cortos adheridos a su superficie que fueron enviados a analizar por si resultaran ser del niño. El análisis efectuado resultó negativo. También se recuperó como prueba una bufanda, una camisa de franela de color amarillo de la talla del muchacho y unos zapatos que resultaron ser demasiado grandes para la víctima. Entre la maleza apareció un jersey de hombre de color gris que escondía en su interior un gato muerto.

Al igual que muchos asesinatos sin resolver, infinidad de conjeturas y teorías se han presentado con respecto a una posible solución del caso. Aunque la mayoría han sido desechados por la policía, dos teorías han sido ampliamente investigadas y han generado mucha controversia por parte de la policía y los medios de comunicación.

La primera teoría se centra en el hogar de acogida que se encontraba aproximadamente a 1.5 millas del lugar donde fue descubierto el cadáver. En 1960, Remington Bristow, un empleado de la oficina del forense que dedicó toda su vida al caso hasta su muerte en 1993, se puso en contacto con un psíquico, quien le dijo que buscara una casa que parece coincidir con el hogar de acogida. Bristow se dirigió directamente al lugar y allí pudo ver una cuna similar a la que ocupaba la caja que escondía el cuerpo del pequeño. Además, descubrió mantas parecidas a las que envolvían el cadáver. Bristow considera que el niño pertenecía a la hijastra del hombre que dirigió el hogar de acogida, y que eliminaron el cuerpo del niño para no tener que afrontar la vergüenza de ser una madre soltera que en aquellos años se consideraba un estigma. Bristow creía que la muerte del niño había ocurrido de forma accidental. A pesar de esta presunción, la policía jamás pudo encontrar ninguna relación entre el niño de la caja y la familia de acogida. En 1998, el teniente de policía de Filadelfia Tom Agustín, quien estaba a cargo de la investigación, y varios miembros de la Sociedad Vidocq, un grupo de policías jubilados y expertos en perfiles de asesinos, se entrevistaron con el padre y la hija, que por aquellas fechas ya se había casado. La entrevista pareció confirmar que aquellas personas no estaban involucradas en el caso y se decidió cerrar esa línea de investigación.

La segunda gran teoría se presentó en febrero de 2002 cuando una mujer identificada solo como “M” afirmó que su madre había comprado al niño desconocido, llamado “Jonathan”, en el verano de 1954. Posteriormente el joven fue sometido a abusos físicos y sexuales durante dos años y medio, y un día fue asesinado en un ataque porque el niño vomitó en la bañera. También dijo a la policía que su madre le había cortado el pelo y que había trasladado el cuerpo a una zona de Fox Chase dentro de una caja de cartón. Los investigadores concluyeron que la historia era verosímil pero también averiguaron que la mujer “M” tenía problemas mentales desde hacía tiempo, y todos los vecinos cercanos a su domicilio, que fueron interrogados, declararon que jamás habían visto un niño en ese domicilio.

El caso sigue sin resolverse oficialmente, y en la actualidad, tanto la identidad del niño de la caja como la de su asesino siguen siendo un misterio.