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Después de varios días en el hospital, un niño solo esperaba regresar a casa con sus padres, lejos de imaginar que esa misma noche recibiría el susto mas grande de su vida al ver lo que le causaba mas terror, un payaso.

Más precisamente al jefe de enfermeros de pediatría, quien junto a otros enfermeros desde hacía un año eran los encargados de entretener con la terapia de la risa a los niños del hospital que estuvieran en recuperación.

Así lo hacían una vez por semana vestidos de payasos con coloridos trajes, pelucas y maquillaje.
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Pero el que mas lo disfrutaba y el payaso mas divertido era el jefe de enfermeros porque su sueño siempre había sido ser payaso y su satisfacción mas grande era hacer que los niños olvidaran el dolor por un momento mediante la risa.

Todos los niños que habían estado en el hospital el último año se habían divertido con los payasos menos aquel niño que recién había entrado al hospital esa semana y no sabía que habían payasos en el hospital así como ningún enfermero sabía de su miedo a los payasos y por desgracia tendría una peligrosa reacción con el payaso que entrara en su habitación porque desde muy pequeño les había tenido terror y por el aspecto los consideraba malvados y peligrosos.

Llegada la noche, los enfermeros se vistieron con los trajes de payaso y entraron en diferentes habitaciones para hacer reír a todos los niños que ahí estuvieran, por su parte el jefe de enfermeros decidió entrar en la habitación del niño sin pensar en las consecuencias que eso le traería.

En la habitación, el niño escuchó el ruido de la puerta mientras se abría y se bajó de la cama de un salto esperando recibir a sus padres, pero cuando se abrió la puerta y se encontró de frente con el payaso, un miedo incontenible se apoderó del pequeño que gritaba desesperadamente mientras un escalofrío recorría su espalda.

El jefe de enfermeros no sabía como reaccionar porque nunca había visto a un niño que le tuviera miedo a los payasos después de haber hecho reír a tantos niños y para intentar calmarlo tomó la equivocada decisión de hablar y acercarse, pero el niño se sintió tan aterrorizado que corrió hacia la ventana cerrada para salir de la habitación y escapar del payaso malvado.

Inmediatamente el jefe de enfermeros intentó agarrarlo cuando se lanzó con todas sus fuerzas por la ventana, rompiendo los cristales y lazando el último grito ensordecedor y casi lo alcanza, pero ya era demasiado tarde.

La caída desde el cuarto piso había sido mortal.

Los demás enfermeros y algunos niños salieron a las habitaciones para ver lo que había pasado cuando escucharon los gritos del niño, el sonido de los cristales al romperse y el grito de terror del jefe de enfermeros y cuando llegaron a la habitación lo encontraron paralizado y mirando la ventana rota de la que caían gotas de sangre antes de que pudiera contar lo que había pasado.

Lo único que había quedado del niño en la habitación eran las gotas de sangre de la ventana y las pantuflas al lado de la cama.

Aquel jefe de enfermeros no dormiría esa noche ni las siguientes pues en su mente solo revivía una y otra vez el trágico suceso y la imagen del cuerpo casi irreconocible del niño cuando lo recogieron para llevarlo a la morgue, continuamente se lamentaba porque nunca pensó que su intención de darle alegría a un niño terminara con su muerte y no era capaz de contarle lo que había pasado a su esposa con quien intentaba tener un hijo, pero la pesadilla estaba por comenzar.

Al día siguiente la noticia salió en todos los periódicos y noticieros de la ciudad en los que aparecía como el responsable de la muerte del niño, eso y los comentarios en su contra por todo el hospital comenzaban a enloquecerlo.

Pero lo peor estaba por venir, para evitar medidas legales, los directivos del hospital decidieron despedirlo ese mismo día. Salió del hospital sin honores y por la puerta de atrás poniendo fin a su carrera porque con lo que decían sobre él no sería contratado en ningún circo y mucho menos en un hospital, sintiendo como su mundo se derrumbaba caminó hasta su casa y encontró una nota de su esposa sobre un periódico de ese día, había decidido dejarlo después de leer el periódico.

En ese momento entró en una profunda depresión pues en un día lo había perdido todo, esa noche tampoco consiguió dormir porque no solo lamentaba y revivía la muerte del niño sino también que no solo había perdido para siempre su trabajo y su sueño de ser payaso sino también a su esposa y la posibilidad de tener un hijo.

Como una manera de escapar a su dolor buscó refugio en el alcohol y los medicamentos, cuando lograba quedarse dormido lo despertaban las pesadillas y en cuestión de días la depresión empezaba a convertirse en locura y desesperación, cada vez veía con mas frecuencia al niño cubierto de sangre con cortadas y vidrios rotos en la cara y el cuerpo que aparecía, lo miraba fijamente con expresión de odio y se desvanecía como si se tratara de un fantasma y sin saber si era real o producto de su mente perturbada el miedo lo paralizaba, los recuerdos, las pesadillas, el alcohol, los medicamentos y las apariciones habían convertido su vida en un verdadero infierno.

Una noche dispuesto a terminar con todo se vistió de payaso y se maquilló con un aspecto tan aterrador que asustaría a cualquiera, amarró una cuerda al ventilador del techo de la sala y colocó una silla debajo de la cuerda, rompió un espejo y con uno de los cristales se cortó la palma de la mano para escribir un mensaje en la pared y guardó el cristal ensangrentado en uno de los bolsillos del pantalón y agarró la última botella vacía con la otra mano, se subió en la silla, se puso la cuerda alrededor del cuello, agarró el pedazo de espejo con la mano herida y saltó de la silla.

La sangre goteaba por el cristal que cayó al suelo junto con la botella cuando perdió la conciencia, cubriendo el suelo de sangre y cristales rotos, lo último que vio fue al niño, solo que esta vez no tenía ni un solo rasguño y estaba sonriendo. Cuando la policía entró en la sala vieron el mensaje de la pared que decía:

“Maté al niño y también al payaso”, lo que comenzó con la muerte de un niño terminó con el suicidio de un payaso.