La lluvia caía sin descanso, en las últimas horas la temperatura había bajado mucho, y el hermoso cielo azul se tornaba de un gris oscuro.
Daisy miraba fijamente a las afueras de su ventana. Las gotas de agua recorrían todo su cristal, mientras ella se abrigaba. Para Daisy ninguno de los últimos días fueron felices.
Desde pequeña se había mudado constantemente, debido a problemas económicos que sufría su madre. Su padre había perdido la vida hacía un tiempo atrás debido a un accidente ocurrido en el que un conductor alcohólico sin darse cuenta lo había atropellado.
Daisy nunca logró establecer muchas relaciones de amistad con alguien. Su tiempo de cambio de residencia a otra ocurría demasiado rápido.
Por un golpe de suerte su madre logró un puesto estable en su trabajo y con ello pudo conseguir una casa igual de estable.
La verdad es que Daisy no se preocupaba por la lluvia. Ella tenía que acostumbrarse, la ciudad de Seattle era muy conocida por esas razones.
Desde muy pequeña sentía gran afán por la música y de ves en cuando creaba sus propias canciones. Pero la verdad es que no sentía ganas de hacerlo. Cuando miraba el cielo, su corazón sentía una profunda tristeza.
La atención de Daisy había cambiado a una voz que venía desde la cocina. “Cariño, ven a cenar.” Era su madre llamándola.
Daisy salió de su habitación y fue hasta la cocina. Su madre la esperaba como siempre con una cálida sonrisa. Mientras cenaba Daisy escuchaba las palabras de su madre. “Cariño , pronto comenzarás a ir a la escuela.”
Daisy hizo una mueca de desprecio, al escuchar esas palabras solo hizo que recordara cada rostro, de cada amigo que perdió con el pasar del tiempo.
“Mamá sabes que no me gusta.”
Su madre se acercó a ella y le dijo en voz baja. “Se que todo ha sido difícil.”
“No me lo recuerdes mamá, la escuela no me trajo nunca, ni un solo momento alegre.” Respondió Daisy con sus ojos llorosos.
“Esta bien... Lo siento, pero ten fe en que algún día tendrás a un amigo que te haga sonreír.”
Daisy solo se quedó en completo silencio. No dijo una sola palabra y siguió cenando.
Los días pasaron muy rápido y Daisy estaba cada vez más nerviosa por este nuevo comienzo.
Sin embargo había algo que llamaba la atención de Daisy. En el sótano, al fondo de un baúl había una amatista.
La amatista era algo que su padre había encontrado en uno de sus viajes y se la había regalado antes de fallecer.
Daisy la tuvo en sus manos antes y era muy preciosa, pero su interés se hacía más grande, cada vez que escuchaba esos sonidos.
En los últimos días después de que su madre se marchaba al trabajo, Daisy oía susurros provenientes del sótano. Siempre llegaban hasta el fondo del baúl. Pero a veces esos susurros serían tan intensos que se notaría una voz.
En esos momentos de nervios tratando de auto calmarse trataba de hallar una respuesta. “Quien está ahí. Que quieres de mí.” Eran preguntas que decía cada vez, pero nunca se les fueron respondidas.
Finalmente el primer día de escuela llegó. Daisy estaba más nerviosa que nunca, no hacía nada más que pensar en cómo encajar con las demás personas. Pero este día también los susurros se oían más alto. Nunca habló mucho de eso con su madre, solo lo había mencionado varias veces. Pero esta vez tenía que ver que era con sus propios ojos.
Comenzó a rebuscar y logró encontrar la amatista. Sus ojos se enfocaban en ella, sentía una extraña presencia junto a ella, pero la voz de su madre hizo que saliera de sus pensamientos y la guardara en su mochila.
“Estas lista”
Daisy miró a su madre y con muy poco entusiasmo le respondió. “Solo vamos.”
Las horas corrieron a gran velocidad. Siendo el primer día, no había tenido clases, por lo que terminó temprano.
Daisy no prestaba mucha atención al camino. Muy cerca de ella un árbol seco se estaba desprendiendo y después de un alto sonido cayó en su dirección.
Daisy no lo había notado con antelación y cuando se dió cuenta era tarde. Cerró fuertemente los ojos esperando su final. Pero sintió nuevamente una presencia la cual puso su mano sobre su hombro y en segundos todo se volvió oscuro.
La luz regresaba nuevamente, Daisy se había levantado, pero esta vez estaba acostada en su cama.
Pero a su lado había una extraña figura la cual la observaba. Daisy se levantó y se apretaba contra la pared.
“Quien eres tú y porque estás aquí.” La figura se hacía cada vez más visible hasta que se le acercó y habló. “Hola, me llamo Luffy Smile.”
Era un payaso con cabellera púrpura , vestía un traje negro y del mismo color de su cabello, su piel es color carne y poseía orejas puntiagudas.
Con sus manos separó a Daisy de la pared y la acomodó en la cama. Daisy estaba aterrada, no era capaz de moverse.
“Veo que me temes.... Pero no debes hacerlo.” Dijo Luffy para aplaudir y hacer aparecer unas luces brillantes.
“Porque no debería” Respondió Daisy mientras se volvía a mover hacía atrás.
Luffy suspiró para chasquear sus dedos y las luces se apagaron. Daisy abrió los ojos para encontrarse en medio de un camino solo iluminado por dos faroles. A lo lejos se apreciaba una carroza, Daisy caminó en su dirección para que de esta saliera Luffy Smile.
“Estas lista para sonreír.” Dijo Luffy para apretar sus manos. Después las abrió poco a poco liberando un enorme variedad de mariposas. Eran muy brillantes y coloridas, daban vueltas y vueltas hasta que se acomodaron formando un arcoiris.
Daisy miraba sorprendida todo el espectáculo entre muchas risas. “Como haces eso , que eres”.
Luffy bajo y la tomó de la mano para hacer una reverencia.
“Soy mágico , soy por así decirlo un ente de la diversión como mis antecesores.”
“Entonces vienes a traer diversión.” Luffy al escuchar eso soltó una ligera risa. “Sí, entre muchas otras cosas, pero sobre todo quiero hacer muchas amistades.” Luffy movió su mano para que de su carroza aparecieran muchos juguetes. Daisy se quedó maravillada al ver como los juguetes se movían por sí solos.
El tiempo pasó, el espectáculo siguió y ambos terminaron acostados en el fresco césped del patio trasero.
“Es extraño, porque el cielo siempre está triste en este lugar.” Dijo Luffy mientras observaba el gris cielo.
“Porque no conoce a un payaso tan amable y divertido como tú Luffy.” Respondió Daisy.
Ambos rieron y continuaron mirando hacia arriba. “Sabes dentro de esa gema, no soy capaz de apreciar lo bello que es este mundo.”
Daisy miró a los ojos de Luffy y no evitó preguntarle. “Tu vivías dentro de la amatista.”
El rostro de felicidad de Luffy cambio a uno de tristeza. “Sí, a mí especie se les puede capturar en diferentes tipos de gemas según nuestra personalidad.”
“Oh.... Yo lo siento mucho.” Respondió Daisy para disculparse.
“No tranquila... El pasado ya no se puede cambiar, pero el presente sí.”
El sonido del auto de la madre de Daisy les llamó la atención a ambos. “Luffy debes irte rápido, antes de que te vean.”
Luffy sonrió y la despidió con una frase. “Esta bien... Me siento algo cansado.” Para cuando Daisy volvió a observar a Luffy el ya no se encontraba allí parado.
Su madre llegó y le preguntó sobre la escuela. Daisy respondió lo primero que se le vino a la mente para salir de las preguntas de su madre.
Daisy estaba encantada con su nuevo amigo Luffy Smile.
Pasaron días , los días se volvieron semanas y las semanas en meses. Durante todo ese tiempo Daisy y Luffy se habían divertido, cada día hacían un nuevo espectáculo, cada vez mejor.
Mientras Daisy estaba en la escuela Luffy se paseaba por la casa. Se acostaba a dormir y otras veces solo buscaba forma de entretenerse.
En una de esas ocasiones mientras hacía malabares con pelotas comenzó a sentir un fuerte dolor de cabeza. Esto hizo que cayera al suelo de rodillas.
Una extraña voz resonaba en los oídos de Luffy. Este se los cubría con fuerza pero era inútil.
“Eres débil.... No eres nada más que una desonra para tu reino.”
Luffy no pudo soportar más la nesecidad y gritó a la nada.
“Callate... Deja de hablar y preséntate.”
Una horrible risa comenzó a resonar por toda la casa. Luffy se cubrió nuevamente los oídos. Por su cabeza pasaban numerosos recuerdos. Cada uno era horrible, era la misma especie de Luffy, pero sus cuerpos estaban destrozados, tenían marcas de garras por todos lados pero lo que más resaltaba era una enorme sonrisa, cada uno tenían una sonrisa marcada en sus rostros sin vida.
Todo se detuvo y Luffy paró en un llanto. “Tengo que pensar en otra cosa.” Se dijo Luffy para sí mismo.
“Ya sé , iré al parque y voy a divertir a muchos niños.” Después de decir eso Luffy cerró sus ojos y dió un chasquido, cuando los abrió estaba en un parque.
“Quizás no puedo hacer que el cielo sea azul o que el frío se detenga, pero puedo sacarles una sonrisa a varios.”
Todos los niños que estaban en ese momento vieron a Luffy y se le acercaron. Luffy agarró unos globos y los sopló haciendo muchos, cada globo más brillante que el anterior.
“Eres un payaso.” Dijo uno de los niños.
Luffy le acarició el rostro y le respondió. “Más o menos.”
Luffy se pasó horas en el parque, ya se le había olvidado lo que sucedió anteriormente.
Daisy caminaba muy cerca del parque y justo a su lado iban dos niños hablando. “Luffy Smile es muy divertido.” Eso le llamó la atención a Daisy y enseguida les preguntó a los niños sobre él.
“Ustedes dijeron algo sobre alguien llamado Luffy Smile.”
“Sí, él está en ese parque.”
Luffy bailaba alegremente dando globos a muchos niños. Pero fue interrumpido por Daisy. “Que haces aquí Luffy.”
Luffy se despidió de los niños y fue a un lugar apartado para hablar con Daisy. Sin embargo antes de que lograran hacerlo, apareció una banda de chicos la cual se detuvo en frente.
“Vaya pero parece que tendremos con que divertirnos.” Los chicos comenzaron a tocar a Daisy. “Alejense de mí.” Les repetía.
Luffy enojado les dijo que se detuvieran , solo para recibir un golpe del que parecía el líder de la banda.
Una siniestra voz resonó nuevamente en la cabeza de Luffy. “Hazlo. Hazlo. Hazlo.” Luffy intentaba soportarla, pero de pronto y sin aviso una siniestra sonrisa se mostró en su rostro.
Luffy agarró al chico y lo arrojó a un árbol cercano. De sus manos habían aparecido un par de garras blancas y afiladas. Con ellas comenzó a desgarrar al chico mientras sonreía. Luffy agarró fuertemente su cabeza y la estrelló fuertemente contra una gran roca varias veces haciendo que se volviera una masa roja.
Los otros chicos se habían ido corriendo por sus vidas. Daisy estaba totalmente aterrada , la sangre del chico la había alcanzado. Daisy observaba en silencio a Luffy, parecía disfrutar aquel momento, pero no podía entender el porqué.
Los ojos de Luffy brillaban con intensidad.
“Que has hecho.” Dijo Daisy. Cuando Luffy vió el rostro asustado de Daisy volvió en sí y sus garras habían desaparecido. Sus ojos habían dejado de brillar y su rostro reflejaba confusión y tristeza.
“Yo..... Lo siento mucho.” Daisy al escuchar sus palabras se fue corriendo del lugar. Luffy miró hacia abajo, mientras caían varias lágrimas de sus ojos para desaparecer entre la multitud que se venía acercando.
Cuando Daisy llegó a su casa ya Luffy la estaba esperando para hablar , pero solo pudo recibir el rechazó de Daisy.
“Daisy quiero que me escuches.”
Daisy lo miró de frente y le respondió. “Para qué, no quiero excusas. Tú mataste a alguien.”
“Lo sé pero fue un accidente.” Dijo Luffy para sostener sus manos.
Daisy le quitó las manos de encima y le respondió nuevamente. “Olvídalo no tenías que matarlo.... Vas a pudrirte dentro de ese baúl. No eres nada más que un asesino.”
Luffy miraba hacia su lado con gran tristeza. Cerró fuertemente sus ojos, pero al abrirlos sus ojos reflejaban ira. Agarró fuertemente a Daisy del pie y la arrojó contra una mesa.
“Yo lo hice por tí.... Y no me agradeces. Ustedes humanos no son nada más que desperdicios en este mundo.”
Luffy comenzó a apretar fuertemente su cuello. De la boca de Daisy se escapaban susurros con muchas dificultades. “Suéltame, me lastimas.” Luffy la apretaba más fuerte y le respondió. “Te lo mereces... No déjare que nadie me encierre nuevamente en ese frío y vacío lugar.”
Daisy movió su mano y logró agarrar un cuchillo, el cual parecía haberse caído de la mesa. Rápidamente lo clavó en el corazón de Luffy.
Las manos de Luffy se detuvieron y cayó lentamente al suelo hasta cerrar sus ojos. Daisy estaba en pánico, el cuerpo del mágico payaso desapareció un una intensa luz.
Daisy intentaba nuevamente tomar el aire que había perdido. Tratando de consolarse habló en voz baja. “Esta bien, todo terminó.”
La niebla se esparcía, el frío era intenso, no había nada de luz. Los ojos de Luffy se abrían nuevamente. La vista del payaso no podía notar nada más que un agujero inmenso.
“Donde estoy.” Dijo Luffy para no encontrar respuesta alguna. Estaba en un vacío oscuro solo acompañado de ruinas. Pero justo en ese lugar una horrible voz sonó.
“Estas muerto.”
Luffy escuchó esa voz y puso su atención en esa dirección.
“Que dices.” Luffy se arrodilló nuevamente con lágrimas. Sus ojos solo veían oscuridad.
“Esto sucede cuando no eres como debes ser... Luffy.”
“Como sabes quién soy.” Dijo Luffy para ponerse de pie.
“Yo lo sé todo sobre tí, estuve presente en cada acto de tu vida. De hecho por mí estás aquí.” De la niebla apareció una sombra la cual se acercaba cada vez más a Luffy.
“Como es eso posible.” Gritaba Luffy.
“Yo fui quién llamó la atención de Daisy desde el comienzo. Yo fui quién te hizo recordar tu pasado y fui yo quien hizo que te salieras de control.” La sombra se iba acercando, está vez se podían notar rasgos de su cuerpo.
“No lo entiendo, porqué.” Luffy se alejaba, pero no había salida.
“Acaso sabes de que especie eres realmente. Eres un híbrido entre un elfo y un.... Demonio.”
Luffy intentaba escapar pero sentía una gran muralla que se lo impedía.
“Tu madre era uno de los entes de la diversión. Pero tu padre era un demonio , de los más horribles. Y tú no eres inocente tienes amnesia por estar tantos años encerrado en la amatista , tu siempre fuiste alegre , divertido pero tu lado oscuro una vez salió a la luz y asesinaste a tu familia.”
“Eso no es cierto.” Volvió a gritar Luffy.
“Sí que lo es, tu alma es una delicada balanza entre el bien y el mal, hasta ahora casi siempre ganaba el bien. Pero ya es tiempo de cambiar.”
Luffy sentía un fuerte dolor en el pecho. No sabía que era, sin duda no era miedo, no se sentía como eso. Tampoco era tristeza o rabia, era algo más.
“Como lo sabes.”
Una siniestra carcajada se escuchó en todas direcciones.
“Muy fácil, porque ambos somos parte de nuestra alma.”
La sombra ya era visible, era el mismo Luffy Smile. Pero este tenía unas enormes garras, unos colmillos afilados y un intenso brillo en sus ojos. La maldad del alma de Luffy le apuntó con una de sus garras. “Tu eres el bien... Yo el mal y juntos somos el alma. Pero es hora de que solo haiga uno. Dame permiso y déjame ser solo uno.”
“Porque debería.”
La maldad río un momento para responder. “Mira a tu lado, nadie está aquí. Tu amiga te asesinó. De verdad crees que el bien cambiará las cosas.”
“Tienes razón.” Dijo el bien mientras lloraba sin consuelo. “Entonces , cual es tu respuesta.”
El bien dejó de llorar se levantó y se le acercó a la maldad. “Mi respuesta es sí.”
“Me alegro, dame tu mano.”
Ambas partes del alma se unieron. El bien dejó de existir y el mal era todo lo que quedaba. La luz se había esparcido, como fragmentos de un espejo roto. Luffy Smile había dejado de ser bueno y amable. Su sangre demoníaca era la que recorría su cuerpo.
Su piel carne se volvió blanca y sus venas se volvieron negras, como raíces de una mala hierba dejando infectada a la tierra. La risa de Luffy Smile retorció toda la oscuridad de sus ojos y solo quedó su brillo púrpura, un brillo intenso que mostraba su maldad. En unos segundos Luffy salió de ese vacío y llegó a las afueras de este.
Daisy se había despertado, ya había limpiado el desorden de lo sucedido. Sintió sed y fue a beber agua en la cocina.
Cuando terminó se fue directo a su habitación. Se sentía muy mal por lo sucedido, pero ya no podía cambiar nada.
Colocó su manos sobre la puerta, pero al dar vuelta a la perilla sintió un escalofrío por su cuerpo. Se dió la vuelta y no vió a nadie. Después entró y se encontró con su madre.
Estaba clavada a la pared cada extremidad con un cuchillo. Su piel estaba desgarrada y sus venas cortadas. En su boca había una cortada profunda que se asemejaba a una enferma sonrisa.
Daisy sintió como rápidamente su corazón comenzó a latir. Su cuerpo no era capaz de responder, solo pudo dar un grito. Las lágrimas de Daisy caían a gran cantidad, sus ojos se asemejaban a nubes de lluvia.
“Sabes, no recuerdas cuando me preguntaba el porqué el cielo era triste. Es porque no puede ser feliz si alguien como tú vive.”
Daisy no era capaz de moverse, no podía reaccionar. Miró al lado y ahí estaba Luffy Smile parado. “Creí que habías muerto.”
Luffy comenzó a reír, los oídos de Daisy comenzaron a sangrar mientras esta gritaba por el dolor.
“Ese es su problema, ustedes creen cosas que no son ciertas.” Daisy era incapaz de mover sus piernas, solo era capaz de razonar con él. “Tu no eres así Luffy.... Tu eres bueno.”
Luffy la agarró y la estrelló contra el suelo para patearla. “Esas son mentiras, yo nunca fue bueno, pero tampoco soy malo. Solo soy ambos.”
Luffy torció el cuerpo de Daisy bruscamente y la arrojó fuera de la habitación. Daisysy con sus pocas fuerzas agarró nuevamente otro cuchillo y se lo clavó a Luffy. Pero esta vez no ocurrió nada.
Luffy se sacó el cuchillo y lo lanzó al suelo.
“Tonta, no tengo un corazón, soy solo sombras.... Por tu culpa mi lado malvado es lo que me queda.” Daisy se caía hacia atrás lentamente “Porque no te encerré en esa maldita gema.”
Luffy puso una mirada burlona y le dijo a Daisy.“Ya lo entendí.... La amatista era para capturarme cuando mi lado malo tomó el control de mi alma. Pero tantos años me dieron amnesia y lo olvidé, solo estaba presente mi luz pero ahora yo encerraré almas en esa gema, porque solo me queda mi oscuridad.”
Luffy agarró la amatista y con sus manos le dió forma de un cuchillo.
Daisy suplicaba por su vida y le pedía que la dejara ir.
“Cada vida que arrebate será atrapada en esto.”
Daisy cerró los ojos esperando que Luffy la asesinara.
“Tengo dones y entre esos está, sofocar una bella luz con la eterna oscuridad. No estés triste, te vendría muy bien una sonrisa.”
Luffy sostuvo fuertemente a Daisy y con su cuchillo, le gravó una sonrisa eterna en su cuerpo.
“Serás consumida por mí oscuridad.”
Luffy abrió sus manos y de ellas salió desprendida una gran nube negra.
Daisy se sostuvo su cuerpo, era incapaz, esa oscuridad la consumía completamente. Su carne se descomponía, sus huesos se derretían y su vida quedó atrapada en un eterno vacío. Todo el rastro de Daisy se había ido.
Luffy Smile dió una última carcajada y salió de la casa “Ahora somos uno, tu cuerpo ya no está, pero tú alma seguirá sonriendo.”
Luffy Smile caminó hasta las afueras de la casa hasta desaparecer en medio de la lluvia y una extensa niebla oscura. Sin dejar rastro, era como si su presencia desapareciera por completo y nunca hubiese estado en ese lugar.