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Muchos conocemos la famosa línea de juguetes Monster High, que en la Navidad del 2012 logró subir las ventas de la compañía Mattel drásticamente, consiguiendo así superar todas las ventas de los juguetes rivales de la compañía Hasbro durante esa temporada.

Estas peculiares muñecas basadas en monstruos famosos de reconocidas obras, fueron el último grito de la moda entre niñas y adolescentes. No había quién no quisiera una, claro que por su elevado costo no estaban al alcance de las familias con bajos recursos, por lo que estas generalmente recurrían a costear las versiones piratas más baratas del mercado.

En las jugueterías era difícil encontrar una a mediados de diciembre, pues se vendían más rápido que cualquier otro juguete durante los primeros días del mes. Ropa, accesorios, perfumes, agendas, libros y todo aquello que llevara la imagen de estas encantadoras y monstruosas chicas se agotaba rápidamente en las tiendas.

A pesar de estar en la secundaria, muchas de mis amigas tenían una muñeca en casa, y no negaré que yo también tuve una. Draculaura, la adorable vampiresa rosa era mi preferida, y había conseguido comprar la muñeca con el dinero que mi tío me había obsequiado en Navidad. Nadie nunca se hubiera imaginado que algo tan inocente y divertido, que se dirige principalmente a un público bastante joven, tuviera un origen tan oscuro como el que les contaré a continuación:

April Christensen, lloraba escondida bajo la mesa de la sala, observando entre las patas de las sillas, como su madre era brutalmente golpeada por un hombre ebrio cuyo exceso de alcoholismo lo llevaba cada vez más fuera de si. A pesar de haber visto reiteradas veces esta violenta escena, April no podía soportar llorar y morir de impotencia cada vez que la veía. Con sus 8 años de edad, April había visto mucha más violencia en vivo que la mayoría de nosotros en las películas. Vivía con sus padres en una pequeña y humilde casa en el centro de la ciudad. Su madre trabajaba en una pequeña tienda de mascotas, vendiendo alimentos y juguetes para perros. Por otra parte, su padre, no las amaba, a ninguna de las dos; tanto su hija como su esposa le daban igual, ya había sido infiel una vez, y April tenía sospechas de que lo estaba haciendo por segunda vez. Este hombre tan desamorado de su familia, no tenía ningún trabajo en específico, pero se podría decir que se dedicaba a hacer llorar y sufrir a su esposa, y consecuentemente a su pequeña hija.

Casi todos los días llegaba a más de las 12, totalmente ebrio, zaparrastroso e irascible, exigiendo la cena, y si esta no le satisfacía o simplemente no era de su agrado, recurría a darle golpes, patadas, puñetes e incluso tirones de cabello a su mujer. En una ocasión, la pequeña April intentó defender a su madre, pero lo único que consiguió fue que su padre la arrastrara de los cabellos a su habitación y la encerrara mientras oía los gritos y llantos que no había podido parar. El padre de April se negaba rotundamente a firmar el divorcio, y amenazaba a su mujer diciéndole que si lo dejaba, mataría a la niña. La abuela de April le pagaba la escuela hasta que su madre consiguiera un mejor trabajo. Su abuela era una mujer de mente muy cerrada y anticuada y le decía a su hija que debería aguantar los maltratos de su esposo por el simple hecho de ser el único hombre en la casa.

Creepy

Extraño dibujo hallado en el diario de April Christensen.

En la escuela, April no tenía muchos amigos, casi no hablaba con nadie, y generalmente salía sola al recreo. Había nacido con labio leporino, y aunque este no fuera un problema grave, su familia no tenía dinero para la operación, y este era el principal motivo por el cual los niños de su clase se burlaban de ella. April quería tener amigos, e intentaba socializar, pero los niños se alejaban de ella con aversión y asco como si se tratara de un ser desagradable. Muchos la molestaban diciéndole que era un fenómeno, un monstruo. Así, era la vida de esta niña, que no tenía ni un sólo amigo y era odiada por su padre. La única persona que le demostraba un gran amor, era su madre, que aún con todas las tristezas y el cuerpo lleno de golpes, se esforzaba por darle todo lo mejor a su pequeña, y aunque April amaba a su mamá, muchas veces anhelaba tener un amigo con el cual jugar. A April tantas veces le habían dicho que era un monstruo, que incluso llegó a creérselo. Se miraba al espejo y lloraba al ver la malformación de sus labios, sintiéndose horrenda en comparación a las demás niñas de su clase, y se afligía al pensar que una niña "monstruosa" como ella jamás tendría amigos.

Una noche su madre trabajaba en la tienda de mascotas, y April se había quedado sola en casa. Su padre llegó mucho antes de lo usual, y a pesar de estar ebrio, no se encontraba en el estado lamentable en el que volvía normalmente. El hombre buscó a su esposa en todos los ambientes de la casa, pero no la encontró. Pasando por la habitación de April, oyó como esta dialogaba con alguien, y pensó que ahí se encontraba su esposa. Abrió la puerta con lentitud y precaución , y lo que vio lo dejó boquiabierto: Ahí estaba su hija, hablando y riendo con un grupo de niñas muy particulares. Niñas cuya apariencia destacaba que no eran humanas, Eran aproximadamente 5 niñas que se encontraban jugando con April en su habitación. El padre estupefacto, entró a la habitación y empezó a gritarle a su hija, que asustada, se alejaba de el. En ese instante llegó la madre y al oír los gritos enfurecidos de su marido corrió en socorro de April. Cuando llegó al cuarto, encontró a su pequeña llorando, y a su esposo levantando un bate de baseball en alto amenazando con golpearla. - ¡Hija de Satán! ¡contesta! ¡¿Quienes son ellas¡?-

- ¡Mis amigas papá! ¡Mis amigas!-

Respondía April aterrada ante las interrogantes de su padre, cubriéndose la cabeza con los brazos mientras lloraba. Su madre le quitó el bate al descontrolado hombre e intentó calmarlo, pero este se lo arrebató y su ira irracional se volteó hacia ella.

- ¡Bruja! ¡Tu trajiste a esos monstruos a la casa!-

Ella no lograba explicarse a que monstruos se refería su marido, pues a diferencia de el, no vio nada, pero no hubo más tiempo de que lo meditara, cuando sintió como un fuerte y doloroso golpe le hería en la cabeza, cayendo desplomada en el suelo a punto de perder la consciencia. Apenas hubo levantado un poco la cabeza, le fue propinado otro golpe, pero esta vez en la frente, ocasionando una terrible ruptura en el cráneo, que afectó al sistema nervioso, provocando la muerte de la mujer en el acto. April, no podía creer lo que sus ojos veían. Su madre yacía muerta en el piso, mientras su padre se acercaba con mirada vil hacia ella. Corrió hacia la puerta de la casa, gritando, intentando pedir ayuda. En el momento en que su padre la agarró del cuello, quitándole el aire y apunto de matarla, entraron dos oficiales de la policía derribando la puerta. Un vecino confundido al oír el bullicio que provenía del lugar, llamó preocupado a la policía, y afortunadamente estos llegaron justo a tiempo.

April, vio a su padre ser esposado y llevado por un oficial, esa fue la última vez que lo vio. Con su madre muerta, y su padre en la cárcel, fue su abuela quien se hizo cargo de ella. La señora, que desde entonces vivía muy afligida por la trágica muerte de su hija, se propuso cuidar de su nieta con amor y diligencia. La abuela le compraba a April todo lo que una niña de su edad pudiese desear: Juguetes, muñecas costosas, ropa de las mejores marcas y muchas golosinas. Sin embargo, a pesar de todos los cariños que la abuela le mostraba, April jamás sonreía. Una noche mientras la abuela bordaba un mantel escuchando las noticias en la radio, oyó a su nieta reír a carcajadas en su habitación. Extrañada por esto subió a ver de que se trataba, y al entrar en el cuarto, grande fue su sorpresa cuando no vio a nadie, más que a April riendo locamente sentada en su cama.

- Cariño, ¿qué es tan gracioso?-

- Mis amigas abuela, ¿acaso no las ves?-

Afirmó señalando un punto fijo. La abuela, conmovida al ver por primera vez la sonrisa de April en mucho tiempo, decidió seguirle el juego.

- Claro querida, tus amigas son muy lindas-

- ¿Quieres jugar con nosotras?-

- Me encantaría cariño, pero debo terminar de bordar un mantel-

A la abuela le había causado ternura ver a su nieta jugar y reír feliz. Sin embargo en las ocasiones posteriores no fue así. Cada vez ocurría con más frecuencia, y empezó a tornarse preocupante. La señora sin saber que hacer al respecto, fue un día a hablar con la maestra de April.

- Dígame señorita Chloe, ¿usted sabe algo sobre el extraño comportamiento de mi nieta?-

- Bueno señora, la verdad es que yo también quisiera saber con quien habla April la mayor parte del tiempo-

La abuela no esperaba esta respuesta por parte de la señorita Chloe. Estaba casi segura de que ella tendría alguna explicación lógica al respecto.

- April no suele hablar mucho con los demás niños-

Explicó la maestra con un tono de compasión en la voz.

- Por lo general la vemos hablar sola, pero según dice ella, esta hablando con sus verdaderas amigas-

- Si, a mi también me dijo eso, ¿y sabe usted quienes son esas amigas? -

-Yo supongo que deben ser sus amigas imaginarias, los niños solitarios tienden a tener amigos imaginarios-

- Señorita Chloe, ¿cree usted que pueda hacer que April abandone esas cosas?-

- Yo no sabría responderle, le recomendaría que llevara a la niña a un psicólogo-

La abuela tomó muy en cuenta aquel consejo, y al día siguiente programó una cita con el psicólogo más cercano.

- abuela ¿a dónde iremos?-

- Al psicólogo, querida-

- ¿qué va a hacer el?, ¿me va a lastimar?-

- Por supuesto que no-

- Mamá me dijo que el psicólogo es un doctor, y a mi no me gusta ir al doctor-

- Este doctor es diferente, el hablará contigo-

- ¿Y no me pedirá quitarme la ropa, ni me pinchará con una aguja?-

- Descuida cariño, este doctor sólo hablará contigo, y hablar no duele ¿cierto?-

- Claro que no abuela-

April sonreía y se notaba mucho más tranquila después de las palabras de su abuela. Cuando llegaron al consultorio, la abuela se sentó en uno de los sofás de la sala de espera, y April entró con el doctor al consultorio. Delante del escritorio de madera, la pequeña contemplaba los numeroso títulos enmarcados en la pared del lugar, mientras el doctor en su delante observaba su actitud curiosa sin que esta le causara molestias.

- Hola April, ¿Cómo has estado?-

Inició el psicólogo con una sonrisa muy gentil y amena, que le proporcionó a su paciente la confianza suficiente como para que empezara a hablar sin timidez.

- Muy bien, ¿Y usted?-

- Igualmente, gracias-

- ¿Es usted un psicólogo?-

- Así es-

- Mi abuela me dijo que usted iba a hablar conmigo-

-Y tu abuela está en lo cierto-

-Bueno, ¿Y sobre que vamos a hablar?-

El doctor se quedó unos segundos meditando en silencio, y luego prosiguió:

- Bien April, en esta ocasión quisiera que habláramos de tus amigas-

- ¿Mis amigas?-

- Si, dime ¿Tienes amigas en la escuela?-

April lo pensó por un momento, como si quisiera rescatar algo positivo de sus experiencias para responder a la interrogante, pero al cabo de unos segundos respondió con tono deprimido y avergonzado:

- No...- - ¿Podrías decirme por que?-

Y entre balbuceos y un dejo de llanto en la voz, contestó:

- Porque las niñas de la escuela son todas muy lindas, y nunca se juntarían conmigo-

- April, ¿tu te sientes fea?-

Ella no dijo ni una palabra, simplemente demostró su afirmación asintiendo con la cabeza.

- ¿Y qué te hace pensar eso?-

Señaló avergonzada sus labios deformes.

- ¿Y tienes amigas fuera de la escuela? -

-Si, si tengo -

-¿Podrías contarme un poco acerca de ellas? -

-Sólo si promete no decirle a nadie-

El psicólogo sé lo prometió aunque con remordimiento, ya que estaba perfectamente consciente de que debería contarle al respecto a la abuela de su pequeña paciente.

- Bien, ellas son como yo, son monstruos, ellas no piensan que soy fea y les gusta jugar conmigo-

- ¿Monstruos?-

Preguntó el doctor bastante extrañado. A lo largo de su carrera había atendido muchos casos de niños con amigos imaginarios, pero que estos amigos fueran "monstruos" le resultaba bastante inusual.

- Si, ellas son monstruos-

- ¿Podrías describírmelas físicamente?-

- Pues son las hijas de monstruos reales. Una de ellas es un zombie, otra es una momia, una de ellas es hija de un vampiro, y la otra es hija del hombre lobo, y otra es hija de...-

- Espera un momento-

Cortó el, cada ves más asombrado por las explicaciones de su paciente.

- A estas amigas tuyas ¿Alguien las ha visto?-

April bajó la mirada con tristeza.

- Mi papá... El las vio y se puso como loco...-

El doctor comprendió que el caso de April, se debía al estado de sus labios. Una vez terminada la cita, la niña se quedó en la sala de espera mientras su abuela entraba con el psicólogo a su consultorio.

- Doctor, ¿Qué puede decirme de April?-

- Bueno señora, en primer lugar su nieta es una niña con una capacidad imaginativa muy grande-

La abuela sonrió orgullosa al notar el reconocimiento del doctor hacia la imaginación de April.

- Tener amigos imaginarios no es malo, pero en este caso si lo es-

- Pero ¿Por qué?-

Porque las "amigas" de April no le están permitiendo socializar con otros niños-

- Pero doctor, los otros niños no quieren jugar con ella-

- El problema de su labio leporino la hace insegura y más tímida delante de sus compañeros. Ella se siente un monstruo-

La abuela se indignó al oír tal comentario.

- ¿Un monstruo?-

- Si señora, su nieta se siente así debido al problema que sus labios presentan, le recomendaría una operación-

- ¡Pero eso resultará carísimo!, ¡Además pueden lastimarla!-

El doctor comenzaba a perder la paciencia ante las actitudes que presentaba la abuela de April.

- Señora, la operación no será tan costosa, e incluso hay hospitales que ofrecen cirugías gratuitas para casos como el de su nieta-

- ¡Cirugías gratuitas!-

Exclamó indignada la señora mientras miraba con desconfianza al joven psicólogo.

- ¡No pienso arriesgar a mi más grande tesoro a una operación para pobres en la que podrían empeorar su problema en lugar de tratarlo!-

Harto de la terquedad de aquella señora de avanzada edad, decidió dejárselo más claro:

- Bueno señora, entonces deje que su nieta crezca insegura y aislada a causa de un problema que tiene solución-

Ante esta tosca respuesta, a la abuela no le quedó más que callar y pensarlo. Salió del consultorio junto con la pequeña April, después de haber pagado de mala gana al psicólogo que aunque había ofrecido una solución, no terminó de agradarle.

- Querida, tu cumpleaños está muy cerca ¿qué quisieras para ese día?-

La niña miró en silencio a su alrededor por unos segundos, y luego miró a los ojos de su abuela con una sonrisa de oreja a oreja.

- ¡Una fiesta con mis amigas!-

Desde luego la señora miró con desilusión a April, y le propuso un regalo que le pareció más conveniente, siguiendo el consejo del doctor:

- Cariño, ¿No preferirías dejar el problema de tu labio? -

-¡Por supuesto que si!-

Exclamó la pequeña denotando genuina felicidad ante la propuesta de su regalo de cumpleaños. Pero de repente, empezó a mirar nuevamente a su alrededor, y al poco tiempo su sonrisa se desvaneció convirtiéndose en una triste expresión que mostraba gran angustia. La abuela no tardó en percatarse de esto. - April ¿te encuentras bien? -

-¡Si abuela, si!-

Afirmó, intentando disimular su temor con una forzada sonrisa que no lograba esconder nada.

- Dime la verdad querida ¿Qué te sucede?-

April bajó la mirada mientras procuraba aguantar el llanto y le dijo:

- Si dejo de ser un monstruo, mis amigas ya no querrán jugar conmigo...-

La abuela acarició con cariño la cabellera castaña de la niña y mirándola con dulzura, tomó una de sus pequeñas y cálidas manos.

- Cariño, tu no eres un monstruo, nunca lo fuiste, y no te preocupes, siempre hay nuevos amigos por hacer-

Pero a pesar de ello, April aún tenía miedo, y veía las miradas amenazantes de sus "amigas" en todas partes. Tanta era su angustia que ni siquiera conseguía dormir por las noches. En una de esas largas y obscuras noches de insomnio, April se levantó de su cama y empezó a hablarle... A la nada. Al principio eran murmullos casi inaudibles, pero poco a poco empezó a elevar la voz cada vez más, hasta que terminó en gritos fuertes y desesperados que despertaron a la abuela, la cual se levantó sobresaltada de la cama y fue a ver que sucedía. Entre más se acercaba a la habitación de April, podía notar la presencia de otras voces, cuyas palabras eran opacadas por el llanto desesperado de la niña. Cuando entró al cuarto, encontró a su nieta parada en medio de la habitación en plena oscuridad, llorando como si se hubiese lastimado de una forma verdaderamente dolorosa. Encendió la luz y apresuradamente la abrazó y consoló intentando tranquilizarla. Revisó su cabeza, sus manitas, sus pies, su espalda y todo su cuerpo para asegurarse de que no estuviese herida.

- ¿Qué ocurrió cariño?-

April no respondía, sólo lloraba cabizbaja y en silencio. Al cabo de unos segundos abrazó a su abuela y le pidió dormir en su cama por esa noche. Desde luego que ella accedió, no podía negárselo después de hallarla tan asustada y sola en su habitación. A la mañana siguiente era el gran día, el cumpleaños de April. La abuela la despertó con una linda sorpresa: Una hermosa muñeca de porcelana que había sido su fiel compañera de juegos cuando era niña. April recibió la muñeca con gran felicidad, pues era una niña que sabía apreciar los detalles y estaba consciente de que esta muñeca era diferente a todas las que tenía, ya que era una parte de la niñez de su abuela. Ese mismo día por la tarde, fueron a una de las mejores clínicas de la cuidad para la operación de la pequeña cumpleañera, April estaba nerviosa, y muy asustada. Apretaba sus labios y sus pequeñas manitas a la vez que procuraba no mirar a nada ni a nadie. Antes de la operación puso un poco de resistencia, pero al poco rato fue dócil aunque con bastante miedo. La cirugía se llevó a cabo de una manera estrictamente higiénica y minuciosa, pues eran los mejores cirujanos de la cuidad. La abuela esperó durante bastante tiempo, hasta que por fin, April salió con una nueva imagen. Sus labios ahora lucían sin ninguna imperfección, lo cual sería para ella una gran ventaja. De ahora en adelante, las cosas serían mucho mejor en la vida de April, o al menos, eso pensó su abuela. Por la noche, ambas dormían en total tranquilidad. Aunque en realidad, April estaba despierta, mirando el techo de su habitación apenas iluminado por la luna y la luz de la cuidad. Estaba tan preocupada y tan angustiada. Ahora por fin se veía como siempre quiso verse y podría llevarse mejor con sus compañeros de escuela, pero... Todo esto significaba renunciar a sus amigas. Entonces, no lo pensó más, y con determinación tomó una decisión. Encendió la lámpara de su mesa de noche y empezó a buscar en su mochila, halló su estuche de lápices y en este sus tijeras. Una tijera pequeña de plástico y con punta Roma, definitivamente no le serviría. Salió con sigilo de su habitación y se dirigió a la sala. Sobre la mesa estaban los materiales que su abuela había utilizado en el último mantel en el que trabajaba. Telas de colores, hilos, hebras, palillos, agujas y... Tijeras. Justo como las quería April: Grandes, metálicas, puntiagudas, y sobre todo bien afiladas.

Un grito ensordecedor resonó en toda la casa, en toda la cuadra. Pero la única persona a la que logró despertar fue a la abuela, que al oír tal grito seguido de gemidos, llantos y risas demenciales en su sala, corrió a ver de que se trataba. Encendió las luces y vio su hermosa alfombra manchada, con lo que parecía ser, un caminito de gotas de sangre, pero a medida, que avanzaba, las gotas se hacían más grandes cada vez y terminaban por ser manchas guindas y oscuras. Las manchas llevaban hasta la habitación de April, pero esta estaba vacía. Un gran temor le recorrió el cuerpo a la señora, cuando oyó las risas burlonas de April provenir del baño. La puerta estaba entreabierta y la luz estaba encendida, todo indicaba que allí estaba ella. Se asomó cuidadosamente y vio a la niña de espaldas intentando mirarse al espejo que se encontraba demasiado alto para ella. Alrededor de sus pies habían pequeños charcos de sangre y el rostro parecía gotearle.

- ¿April?-

Susurró con temor la abuela. De pronto, su nieta se volteó hacia ella. Pero lo que sus ojos vieron, no era menos que la peor de sus pesadillas. April se había desfigurado toda la boca. Se había cortado los labios reiteradas veces, hasta convertirlos en algo similar a la carne molida. Se había cortado ambos costados de la boca, uno mucho más que el otro. La sangre de sus heridas caía de su rostro sobre su pijama rosa. Tal fue el susto de la abuela al ver esta escena, que en lugar de gritar, se quedó pasmada y sin aliento por el miedo. Retrocedió espantada, mientras April le ofrecía las tijeras ensangrentadas, como si quisiera devolvérselas. La abuela cayó de espaldas, estaba a punto de desmayarse de miedo.

A partir de aquella terrible noche las cosas jamás volvieron a ser iguales. Han pasado muchos años desde la niñez de April, y ella es ahora una joven de 20 años, a la cual todos temen. Muchas cosas cambiaron desde que ella decidió "seguir siendo un monstruo". Su abuela era muy desamorada desde que ella se deformó la boca, le daba un trato de loca y trastornada. Por su parte, entre esta más envejecía, menos le importaba a April, hasta que finalmente la abuela falleció cuando su nieta cumplió los 17 años. En ningún lugar se volvieron a burlar de ella, a pesar de que su deformación era mucho peor al labio leporino que tuvo en su infancia. No se burlaban porque le temían, sabían que si la molestaban, ella los golpearía hasta el cansancio. April era ahora una muchacha solitaria, agresiva, y en ocasiones hasta bravucona. Sin embargo, lo que la hacía verdaderamente intimidante no era ninguna de estas características, sino el hecho de que se consideraba que April estaba "loca".

A pesar del tiempo, ella aún hablaba "sola" y siempre llevaba consigo un misterioso cuaderno con tapas de cuero muy gastadas. Este cuaderno, que para todos aquellos que la conocían era un gran misterio, era el diario en el que April escribía acerca de sus amigas. Escribía siempre, todo sobre sus amigas; las actividades que hacía con ellas, las describía con detalle, sus personalidades, sus apariencias... Incluso cuantas eran. Para nuestra gran sorpresa, entre más pasaban los años, más "amigas" tenía April. La joven que vivía sola en un departamento pequeño, era el tipo de inquilino que nadie quisiera tener. Fuera donde fuera los vecinos siempre se quejaban de que invitaba mucha gente, y de que era muy bulliciosa, pero lo curioso es... Que ella siempre estaba sola. Nunca faltaba aquel que al verla con la boca destrozada y llena de cicatrices se espantara, y por lo mismo nadie esperaba que una chica así pudiese tener amigos.

Era así que April tenía que buscar techo por lo menos una vez cada dos meses. Para su suerte, su rostro atroz y su extraña forma de ser no eran lo suficientemente espantosos como para que la despidieran de su trabajo, el cual se llevaba a cabo en una inmensa juguetería en la que April, era una de las tantas vendedoras que ofrecían los juguetes a los clientes, y aunque no ganaba mucho, le alcanzaba para comer y para pagar el alquiler de su departamento.

Una noche, mientras April regresaba a casa después del trabajo, se encontró con un par de ebrios, de los cuales uno no tomó atención, pero el otro al verla empezó a silbarle y lanzarle piropos desagradables, y consecuentemente su compañero también lo hizo. Pero cuando ella se volteó, y vieron su boca desfigurada, sé callaron. April siguió su camino sin prestarles demasiada importancia, hasta que uno de ellos, le arrojó una lata vacía de cerveza que le llegó a la cabeza:

- ¡Largo de aquí monstruo!

Vociferó mientras arrojaba su segunda lata, la cual no llegó a golpear a April, quien molesta por estas conductas, se quedó quieta por un par de segundos. El agresor ya tenía la tercera lata y estaba a punto de arrojarla, pero se detuvo cuando la joven volteó lentamente. Su mirada furiosa era espeluznante y su sonrisa psicópata se asimilaba a la de un demonio. Los dos muchachos ebrios corrieron en dirección opuesta a April al ver tan aterradora escena, pero ella fue más rápida y se abalanzó violentamente sobre uno de ellos, sobre aquel que le había arrojado las latas. Lo empezó a golpear con furia, y a rasguñar su rostro con rabia incontrolable. El amigo de este, corrió en su ayuda e intentó alejar a April poniéndole la mano en el rostro para alejarla, pero ella lo mordió con tal fuerza, que le arrancó parte de los dedos, logrando que este se alejara muy asustado. Totalmente sólo, el joven ebrio fue víctima de una brutal golpiza. Sin embargo las suplicas del muchacho fueron escuchadas y llamaron la atención de un par de policías que corrieron a su rescate. Esposaron a April, quien furiosa aseguraba que el había sido el culpable al provocarla.

April estuvo unos días tras las rejas, pero al ver sus rarísimas actitudes y lo peligrosa que era aún para los presos de la cárcel, se decidió que lo mejor sería llevarla a un manicomio. Tanto en la cárcel como en el manicomio, April exigía a cuánta persona viera, el cuaderno de tapas gastadas en el que escribía sobre sus amigas. Desde luego, nadie le prestó atención. April permaneció en el manicomio por lo menos durante 5 largos meses, que para ella fueron un suplicio, hasta que una mañana, fue encontrada sin vida, pero sin ninguna lesión presentada. El misterio de su muerte causó revuelo en el lugar y sigue siendo hasta la actualidad una gran incógnita. Se vio a varios involucrados como sospechosos aunque jamás se pudiera comprobar nada. La teoría más aceptada por muchos es que ella misma se haya suicidado.

En cuanto se refiere al diario de April, fue encontrado por los dueños del departamento que se le alquiló a ella. Al enterarse de que su inquilina había ido a parar al manicomio, desecharon gran parte de los objetos personales de ella, aunque dispusieron de una minoría para venderla junto con otras pertenencias suyas en una venta de garaje. En esa venta, una niñita caprichosa, insistió a su padre que le comprara el diario pensando que se trataba de un cuaderno cualquiera el cual pretendía utilizar para llenar con sus dibujos. Su padre sé lo negó, pues el diario se veía demasiado avejentado, y pensó que no valdría la pena gastar en algo así. Pero fue tanta la insistencia de la niña, que finalmente el hombre accedió a comprarlo. Los dueños de la venta, ignorantes del significado y contenido de este, se lo vendieron por tan sólo un dólar.

Ya en casa, la niña preparó sus crayones, y cuando se disponía a rayar en las hojas del cuaderno, sin tomar en cuenta lo que estaba escrito en ellas, su padre llegó y sé lo arrebató de repente. La niña hizo un berrinche terrible exigiendo a su padre que se lo devolviera. El padre en su sabiduría, prefirió darle una vieja agenda, con lo que su hija se quedó por fin tranquila. El hombre empezó a hojear el diario, y notó que estaba todo escrito, con una letra carta de pésima caligrafía, pero con una ortografía impecable. Interesado en esto, terminó leyendo todo el diario de principio a fin. No le tomó mucho tiempo darse cuenta de que su autor, desde luego no era una persona que poseyera cordura alguna. Intentó buscar a la persona a quien le perteneciera el diario, con la poca información que tenía, pero jamás se hubiera imaginado que buscaba a una difunta.

Afortunadamente, el diario tuvo un muy buen paradero en las manos de este hombre, puesto que el era un trabajador de la compañía Mattel. Carecía de experiencia en el mundo de los juguetes, y al no aportar nada útil, estuvo muy cerca de perder su trabajo. Tuvo mucha suerte al ser el quien tuviera el diario, pues por más tétrico y morboso fuera el contenido de este, le había dado una gran idea.

¿Qué tal una escuela secundaria? ¿En la que estudiaran estas criaturas mencionadas en el diario?, ¿qué tal si estas "amigas" de las que escribe el dueño del diario protagonizan esta historia?, ¿una historia divertida en la que actuarán como si fuesen adolescentes comunes? Seguro que a los niños les llamaría mucho la atención. Cuando presentó y propuso esta idea como su propia inversión a la compañía, el gerente general de Mattel quedó encantado con la propuesta. La planificación de la nueva línea se tomó su tiempo, ya que hubieron bastantes detalles que modificar. Los artistas de Mattel, se encargaron de darles a los "monstruos" una apariencia que fuera agradable y atractiva para el público. Se pensó en ponerles nombres divertidos como "Lagoona Blue", "Frankie Stein", "Clawdeen Wolf", etc. Años más tarde, la nueva y exitosa línea se vendía en todo el mundo. Dada la demanda de los juguetes, se agotaron las ideas escritas en el diario, y se tuvieron que ingeniar nuevas para la creación de más personajes.

Es así, que Monster High tiene una historia y un origen muy triste y oscuro, que la gran mayoría de sus consumidores ignora por completo. Sólo ten presente que cada vez que las veas en la juguetería, en sus cajitas cuya ventana de plástico emula un ataúd, son ellas las mejores amigas de April Christensen, y que si alguna vez sientes que te observan e incluso que te sonríen, es porque también, quieren ser tus amigas, por favor, no rechaces su amistad.