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La salida del hospital para mí fue eterna, mi madre estaba furiosa con mi padre por darle un hijo enfermo. En esos momentos yo estaba asustado, no sabia que hacer.

Recordaba que toda mi vida había sido una mierda. Los niños del preescolar se burlaban de mi físico, mi madre jamás me quiso como su hijo y siempre me vio como la escoria del mundo. Los chicos del bario me odiaban a tal punto, que cuando me veían, me apedreaban o me daban una golpiza. En la primaria me ponían apodos que no soportaba, tales como: "ahí viene el zombie, el esqueleto se aproxima", etc.

También me empujaban, me quitaban el almuerzo y me tiraban al bote de basura. Ellos siempre me culpaban de todo: "Alex me pegó, Alex me insultó". Cuando me molestaban o cuando me defendía, el profesor se acercaba y ellos alegaban que yo había comenzado la riña. En secundaria tenía un problema grave con el síndrome, me cansaba mucho. Mi padre tubo que llevarme al hospital para que me revisaran.

Ahora estoy aquí, en medio de esta discusión. Él es el único que se preocupa por mí, él es el único que vería por mí, o eso pensé hasta que llegó ese día.

Mi padre tuvo que irse en un viaje de negocios, mientras mi madre tenía que cuidarme como siempre. Al entrar a casa, ella empezó a insultarme y me golpeó fuertemente. Con lágrimas en los ojos, fui rápidamente a mi habitación; al entrar, pude escuchar a mi mamá bebiendo, segundos después fui a llorar sobre mi cama.

Cuando decidí ver por la ventana, lo que encontré fue algo muy anormal, casi como algo paranormal. Era un maniquí vestido para ir a un funeral. De inmediato escuché un fuerte sonido de estática. Me arrodillé, el sonido paraba lentamente. Cerré los ojos; cuando los abrí, esa cosa no estaba. En esos momentos sentía pasar los recuerdos de la primaria en mi cabeza, escuchaba voces que me decían que los liberase.

Pasó 1 semana desde que escuché esas voces, mi madre aún sigue bebiendo, no lo puedo soportar. Cada día esos recuerdos me atacan y cada vez más. Quisiera suicidarme pero no puedo y no quiero darle un infarto a mi padre; si no fuera por él, yo no estaría aquí.

Han pasado 2 semanas y mi padre no llega, se supone que llegaría en una semana y no lo ha hecho. Estoy preocupado, mi madre ya me ha pegado e insultado más de lo normal. He intentado calmarla, pero solo consigo que se enoje más conmigo y empeora todo.

Ya son 3 semanas y no hay señales de que mi padre vuelva. Decido ir a un psicólogo porque esas voces me siguen molestando. Y antes de que me pueda dar cuenta, ya han pasado 4 semanas. Me enteré que mi papá tuvo un accidente de tránsito.

Tenía una gran tristeza y no sabía qué hacer. Entré a mi cuarto y no salí por 1 día, solo lloraba en silencio. No podía creer que estaba muerto. A mi mamá no le causó nada, parecía como si no hubiese pasado nada. No sé si llamarla mamá, ya que ella jamás me dio el calor de su amor o me protegió.

Me levanto y veo por la ventana, era esa cosa de nuevo. Esta vez no me afectaba el sonido, y creo que intentó hablarme; me pareció que me decía iba matar a mi madre. Esa cosa revelaba sus tentáculos emergiendo de su espalda. Decidí decirle a mamá y fui corriendo a verla, aún con miedo; ella sostenía una cerveza en su mano izquierda, le dije lo que vi, pero me ignoró dándome la orden de no fastidiarla.

Insistí, pero tomó su botella y la lanzó contra mi mejilla. Se sentía como si un piedra se incrustara en mi rostro.

"DEJA DE JODER", dijo. Al oír esas palabras entré a mi habitación. Ahí estaba esa cosa, se encontraba en el borde de la pared, no sabia que hacer; pero esa cosa me dio la mano y sin pensarlo.

En ese instante entró mi madre, furiosa. Al momento que puso un pie en mi habitación, ese ser desapareció.

"Maldito engendro, es por tu culpa que murió mi César". Cuando dijo esas palabras, recordé una frase de mi padre: "Sin importar lo que pase, sonríe al mundo".

Me llené con con tanta furia que lancé a mi madre sobre la cama, después de eso corrí hacia la cocina. No sabía lo que hacía, sentía que alguien me controlaba; lo primero que hice fue tomar dos cuchillos carniceros. Mi madre ya había entrado a la cocina y la apuñalé con ambos cuchillos enterrándolos en su pecho. Era liberador. Saqué ambas armas envueltas en sangre y, con una patada en el estómago, la arrojé sobre el suelo.

Le dije: "Yo no soy tu hijo", y una pequeña sonrisa se dibujó en mi cara.

Enterré el cuchillo, que sostenía con mi mano izquierda, dentro de su cabeza, al momento en que le ordenaba: "Sonríe al mundo."

Después de ese espectáculo de sangre, fui al sótano para tomar un tanque de gasolina, un encendedor y las tijeras de 8 cm. Regresé y lo primero que hice fue romper el depósito tirándolo al suelo. Activé el encendedor, dejándolo al contacto con la gasolina, desatando el infierno. Intenté salir por la puerta de atrás, pero estaba cerrada. Sentí esa presencia de nuevo, giré para mirar detrás.

Estaba él, me dio la mano y la tomé. El fuego consumió todo allí. Alex murió, resurgiendo The Smiling Boy.

Dijo alguien por ahí que se han encontrado 3 cabezas decapitadas en la escena del crimen, y un escrito con la sangre de las víctimas:

"Sonríe al mundo."