FANDOM


Jonathan era el típico hombre de hoy en día. Medía 5'7, pesaba 150 libras y su cabello era castaño oscuro. Era dueño de un vado y vivía en un pequeño apartamento. Como las personas normales, no tenía intenciones de vivir aventuras -o sufrirlas-, no tenía ilusiones o sueños. Él no sabía que pronto su vida cambiaría, que nunca sería la misma persona, y mucho menos que se suicidaría.

180px-Eyemonn

Jonathan amaba el aire libre y siempre estaba buscando un nuevo camino para recorrer en su vehículo. Y una noche, encontró uno. Desolado, abandonado en el medio de la nada, perdido, pero que parecía conducir a casa. Dust in the Wind, de Kansas, sonaba desde la radio.

La oscuridad nos hace ver cosas, y Jonathan sabía eso. Por eso, cuando vio a su padre -fallecido cuatro años atrás a causa del mortal enemigo norteamericano; un ataque al corazón repentino- se sintió confundido y, sin saberlo, aterrado. Desaceleró, bajó la ventanilla, y gritó a la aparición de su progenitor. Sin embargo, este saltó sobre el parabrisas, y su rostro se destrozó. O al menos eso pensó Jonathan. Hasta que comprendió que la cara de su padre se estaba convirtiendo en algo espantoso, abominable.

Sus dientes se tornaron verdes y largos, sus ojos estaban rajados por la mitad, sus piel adoptó la misma tonalidad que sus dientes, su pelo comenzó a caerse a velocidades anormales, y todo en su insana forma tenía el aspecto infeliz de la muerte y los muertos. Y la cosa podía haber terminado ahí pero no, esto es un relato de terror; su torso se tornó musculado, sus manos eran garras pesadillescas, y desde la cintura para abajo, se convirtió en un arácnido. Y su voz -o mejor dicho rugido- era el unísono de tres personas; un anciano, una mujer joven, y un niño.

- ¡Dale un beso de buenas noches a papi, Johny!

Jonathan cerró los ojos.

Despertó en una habitación lúgubre con mensajes en las paredes. Todos escritos con sangre. Y sin voltearse, supo que la horrible criatura se encontraba sobre él. Podía oír su respiración cortada, oler su aliento hediondo, y sentir su hambre. Entonces, todo se volvió negro.

Jonathan dijo a los psiquiatras y detectives que todos sus recuerdos de ahí en adelante eran sobre un páramo oscuro, asolado por la muerte, donde parecía que la Luna parpadeaba. Criaturas inhumanas caminando, oyendo gritos imposibles y la respiración de las bestias. Los monstruos también dominaban el cielo rojizo, excretando sangre desde asquerosos orificios. Parecían -en palabras de Jonathan- humanos cosidos a otros humanos por heridas abiertas, dejando rastros de sangre a su paso. Uno cayó y se despedazó produciendo el llanto de un bebé, para luego callar y morir.

Y entonces Jonathan despertó. Esta vez en su casa, con un hermoso sol entrando por la ventana, y con el no tan hermoso cadáver de su padre sobre su cama. Asegura que salió de su hogar, y que el mundo ya no estaba; una profunda oscuridad había consumido lo existente, destruyendo todo. Y con ello, la cordura de Jonathan.

Algunos testigos nos cuentan que Jonathan salió de casa turbado. Se quedó quieto unos minutos, gritó, lloró, golpeó el suelo, y cargó con locura contra unos niños que jugaban en la calle. Con fuerza descomunal, los asesinó a golpes. La policía llegó poco después, y Jonathan fue llevado directamente a una institución mental, donde lo interrogaron.

Algunos doctores concluyeron en un episodio de estrés post-traumático; pero, ¿de qué? Lo que llevó a pensar en un episodio de esquizofrenia, donde Jonathan se desconectó del mundo conocido y sufrió un profundo trauma. Y sin embargo, Jonathan aseguraba la realidad de lo sucedido.

Lo trasladaron a un asilo, viendo que un juicio contra él no sería justo. Y pocas horas más tarde, rogó un lápiz. Los residentes -idiotas e ignorantes- se lo entregaron; con un golpe, Jonathan introdujo el lápiz en su boca y dio fin a su vida luego de unos segundos de espasmos y profundo dolor.

La historia es popularizó, y con ella las preguntas; ¿dónde fue Jonathan luego de su accidente en auto? ¿Cómo una persona que no tenía deseos, un ciudadano normal a fin de cuentas, podía sufrir un episodio de locura? ¿Había algo de real en su historia?

Algunos -principalmente creyentes y supersticiosos- opinan que Jonathan conoció el Infierno en persona. Y otros, no tan creyentes y más reducidos, hablan de una Tierra de los Desterrados. Almas que ni el Diablo aceptaba, que no merecían estar en el Infierno. Se cuenta que es peor que el Infierno; allí van todos los demonios rechazados por Satán.

Infinitos horrores acechan. Decapitados, animales con millares de dientes, fetos andantes.

La Muerte misma tiembla al pensar en los males inefables que residen allí.

Y adivine; ¡no hay nadie que vigile la entrada a esta Tierra! Algunas veces, algún "desterrado" logra encontrar la salida de su mundo y la entrada al nuestro. Y llegan hambrientas; su mundo es infértil, desierto sin vida ni muerte. Y si te ven, lector amigo, considérate abandonado por Dios.

Los niños son mutilados y cosidos en esa tierra. Las sombras abandonan a sus dueños. La Muerte teme, llora.

Males inefables residen allí.