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Max era un payaso especial. Desde pequeño siempre había sido el gracioso en los grupos sociales y a quien, por encima de todo, le encantaba hacer reír a los niños. Pero a los adultos no les caía nada bien; ya fuera en la escuela con los profesores o incluso cuando sus amigos crecieron, no era capaz de simpatizar con estos.

Cuando logró que lo contrataran en el circo "María de Oro", pudo conectarse rápidamente, como es obvio, con el público infantil. Tanto era el beneficio que aportaba Max al circo, que el director lo convirtió en el plato principal del menú.

Un día, Max propuso un espectáculo con una piscina de juguete en la que el payaso saltaría desde un trampolín a 10 metros de altura. El director, aunque lo vio peligroso, confió ciegamente en él y le consiguió todos los materiales.

El día de la inauguración del espectáculo, el payaso pidió a un niño voluntario entre el público para ello. Todos los infantes y adolescentes pedían ser escogidos, pero de entre todos, Max eligió a un niño con síndrome de Down. Aunque esto no lo había acordado con el director, pensó que probablemente el payaso improvisaría; no era la primera vez que elegía voluntarios del público sin consultar.

Pero ninguno, a pesar de lo retorcidas que puedan llegar a ser las personas, jamás se imaginó lo que ocurriría a continuación: Max subió junto al niño al trampolín, y ya en lo alto, el payaso sacó un cuchillo y lo degolló. Del cuello del niño empezó a salir sangre bermellón a presión como si se tratara de una manguera. Cuando el cuello del muchacho dejó de expulsar sangre, Max le dio una patada y este cayó de cabeza contra el suelo. Al impactar, su cráneo explotó y sus sesos se repartieron.

Todos quedaron boquiabiertos ante ello. Entonces Max se lanzó de lleno a la piscina, y cayó de pie en ella como si fuera un pétalo de flor.

-¡Vaya, me he tirado con los zapatos!-después levantó un pie descalzo y dijo-: Es broma, me los he quitado.

Sin embargo nadie rió esa vez.

El dueño sacó una escopeta y disparó lo que parecía un dardo tranquilizante al cuello del payaso.

Cuando Max recuperó la conciencia, vio que estaba encerrado en una jaula para animales, encadenado a una de las barras de metal.

Desde el principio, Max jamás entendió la diferencia entre el bien y el mal, no podía entender por qué su último espectáculo no había causado gracia, sino que había generado odio e indignación en toda la comunidad. Durante las semanas siguientes, el calor era más fuerte y Max empezó a delirar a delirar a raíz de las insolaciones constantes.

Entonces un día, por descuido, el dueño y el domador metieron a los leones en la jaula de Max; el olor del sudor del payaso les atrajo y se lo comieron.

Payaso

Cinco años después del accidente, el circo abandonó los espectáculos por la grandes pérdidas debido a la mala fama del lugar y cerró. Justo después, empezaron varios asesinatos por la zona. Hubo un testigo el cual afirmó ver a un payaso al que parecía que le hubiera atacado una bestia.

Al mes, dos agentes de policía fueron al circo; los empleados seguían viviendo en las carpas a la espera de decidir un lugar al que ir. Pero no hubo indicios ni señales que confirmasen complicidad o conocimiento del presunto payaso.

Cuando ya se estaban yendo, uno de los agentes vio que dentro de la jaula de leones había un payaso. No logró identificarlo a simple vista, así que optó por acercarse. Cada vez que se acercaba escuchaba más fuerte la palabra:

-Ven.

El policía se fue acercando. A medida que avanzaba se dio cuenta que a los leones les faltaban partes del cuerpo y todos ellos tenían las tripas reventadas. Para cuando estaba en frente del payaso, el agente sacó el arma y le ordenó que saliera de la jaula. Max fue corriendo hasta los barrotes y gritó:

-¿¡Quieres jugar a polis y muertos!?

El agente no pudo evitar salir corriendo lo más rápido que pudo. El aspecto de ese payaso infernal era abominable; su cara llena de mordiscos que dejaban expuestos los huesos y carne en descomposición con los gusanos saliéndole, sus dientes eran colmillos como los del león, sus dedos eran una horrible mezcla entre humano y bestia y su torso desgarrado mostraba las tripas y órganos expuestos de todas sus victimas.

Justamente cuando el agente iba a ir hacia el coche policíaco, Max lo atrapó cogiéndolo de los dos brazos. Empezó a hacer fuerza poniendo su pie en la espalda del agente. El policía empezó a sentir cómo sus hombros se dislocaban mientras sus músculos se tensaban. Cuando los hombros se dislocaron, el policía gritó tan fuerte que el dueño del circo y su compañero corrieron a por él, y este último empezó a disparar al payaso. Max soltó al policía.

El payaso sonrió y se llevó las manos a la cabeza, hizo fuerza y, ante la sorpresa de todos, aplastó y reventó su propio cráneo. Los presentes se quedaron inmóviles: vieron al cuerpo sin cabeza correr hacia la carpa y la carpa desaparecer en un extraño torbellino de luz púrpura...

Desde entonces, se dice que hay un circo ambulante, el "María de Oro", que es regentado por un solo payaso, y que ofrece un único espectáculo: elige a un voluntario entre el público y en uno de sus muchos actos, lo mata. Se cuenta que hasta que no haya alguien entre el público que ría con sinceridad, todos los presentes serán devorados por leones.

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