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Me llamo Marcos y vengo a contarles mi historia, si no lo hago creo que me voy a volver loco...

Soy una persona común y corriente, la cual tiene una afición por las artes culinarias. En específico la comida picante, le encuentro una sensación revitalizante cada vez que ese picor entra a mi boca. Me rodee de amigos con gustos similares al mío, con los cuales argumentábamos que ingrediente era el más poderoso. Llegamos a la conclusión que el elemento más picante conocido era el Pimiento Fantasma, al cual se le atribuían rumores difíciles de creer. Especialmente los que tienen que ver con la muerte del que lo ingiere. Pensaba que eran mentiras...

Llegó el día en el que me armé de valor y fui a adquirir un espécimen de Pimiento Fantasma a mi mercado más cercano. Mi búsqueda no dio frutos y recurrí a mi círculo de amigos. Carlos, la primer persona que conocí en este grupo, tenía un contacto, el cual me podía traer un pimiento, a un costo un poco alto para mi gusto, pero accedí.

Días después, una pequeña caja llegó a mi casa y su contenido era el preciado pimiento por el que tanto esperé. A la hora del almuerzo, quise hacerme un sándwich de pollo junto con el pimiento, pero me ganó la curiosidad y le di una mordida considerable a ese vegetal que parecía hipnotizarme.

Mujer fantasma artistico

De un segundo a otro, sentí la adrenalina corriendo por mis venas, junto a un ardor familiar en mi boca. Pensé: "¿Este es el pimiento más picante del mundo?", hasta que me di cuenta que cada musculo de mi cuerpo quedó paralizado, junto a todo a mi alrededor. Entré en pánico, aunque segundos después vi materializarse una mujer de una belleza indescriptible, con un vestido blanco sobre su pálida y delicada piel y me comencé a tranquilizarme poco a poco.

Al cabo de unos segundos la aparición extendió su mano, cegado por su belleza pensaba que esa mujer era sólo capaz del bien. Hasta que comprobé lo contrario. Metió su mano en mi pecho, sentí su mano fría atravesarme y momentos después detuvo mi corazón. Mi visión se estaba oscureciendo y sólo podía pensar en lo estúpido que fui al comer este fruto maldito. Imágenes de mis seres queridos pasaron velozmente frente a mis ojos, justo antes de que quedara inconsciente.

Momentos después desperté con dolor de estómago y un ardor indescriptible. Consideré el hecho de que esta experiencia haya sido real, pero no podía aceptarlo, no quería. Intenté dejar este hecho atrás y asumí que fue una alucinación producida por el pimiento. Tomé lo que quedaba del mismo y lo quemé con mi encendedor. Una llama tenue de color azul emanó de él y, cuando terminó de quemarse, tiré las cenizas lejos de mi casa.

Por mi bien, sigo pensando que fueron alucinaciones, pero a veces, cuando las luces se apagan veo a la mujer que me visitó aquel día...