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Yo, como profesora de la pequeña Adriana podría decir que, esa niña tenía problemas, pero en un principio pensé que no era nada grave puesto que no era muy notorio y si soy sincera me arrepiento de no haber puesto atención a esa pequeña niña al fondo de la clase.

Todo comenzó con la transferencia de Adriana, una niña de ocho años que a simple vista se veía sana y enérgica. El primer día todos sus compañeros se acercaban e intentaban entablar conversaciones con ella, pero ella no hablaba, solo miraba seria a las personas que le dirigían la palabra. Como profesora era mi trabajo averiguar el por qué de su actitud en su primer día, pero no tuve la oportunidad de hablar con ella por estar sancionando a los pequeños traviesos de salón. Al día siguiente estaba preparada para tener una pequeña charla con ella, cuando tuve la oportunidad la llamé y le pregunté el por qué de su actitud, a lo que ella me respondió moviendo sus hombros en señal de des entendimiento, dicho esto se retiró a su pupitre a mirar por la ventana.

Así los días pasando y la pequeña no se integraba a nada y tampoco es que ella quisiera hacerlo. Yo estaba decidida a hablar con sus padres sobre la pequeña. Al llamar a los padres de Adriana solo se presentó su madre, a la cual le conté la situación escolar de la pequeña "Señora su hija no se relaciona con el grupo siempre está sola". La madre solo me miró con desinterés y respondió "sí, sí, hablaré con ella pero ahora me tengo que ir", claramente a la mujer no le interesaba lo que decía. La mujer se fue, en ese momento me di cuenta de que en parte su actitud era culpa de sus padres. Al tiempo de haber soportado la situación me rendí y decidí mirarla desde lejos y restarle atención.

Un día lluvioso durante la clase logra divisar, ligeramente en medio del dictado, una ligera sonrisa de parte de Adriana, quien miraba por la ventana. Al dejar que los niños salieran del salón a su descanso en el patio Adriana se acercó a un cachorro, con el cual estuvo jugando hasta la hora de regresar el salón. Al notar esos comportamientos me alivié de saber que por lo menos sí encontraba felicidad en un sitio.

Paso un año desde lo acontecido y los alumnos serían llevados a una excursión por un bosque donde había un río, el cual podía ser atravesado por un puente. Mientras regañaba a algunos niños por separarse del grupo luego de cruzar el puente, descuidé a los otros por un segundo. Al regresar mi mirada a los demás, los conté para ver si estaban completos, pero al terminar la cuenta noté que faltaba la pequeña Adriana, rápido los fui a buscar con la esperanza de que se halla quedado en la parte del bosque y no haya caído, pero no la encontré. Entré en pánico y llamé un equipo de búsqueda para que la buscaran. Así pasaron las horas, solo para que el equipo de búsqueda me notificara que no había rastró de ella y lo más probable es que se hubiera caído del puente.

Después de eso al regresar a la escuela le notifiqué a los padres lo sucedido, ellos montaron un drama a mitad del portón de salida donde toda la gente los veía, pero yo me di cuenta de que en realidad a ellos no les afectó aquella noticia. Al llegar a mi casa recibí un mensaje de los mayores rangos el cual decía que me habían despedido. Esa noticia no me afectó. Lo que me preocupaba era Adriana, quería estar segura de que no estaba perdida, aunque preferiría que así fuera.

Al día siguiente llovía mucho como si el cielo quisiera decirnos algo, esperé a que cesara la lluvia, pero no pasó nada y ya había anochecido así que contacté con la policía para que iniciaran una búsqueda. Mientras los policías usaban a perros de rastreo, yo estaba recibiendo preguntas tales como, “dónde fue la última vez que la vio”, “ella estaba sola o acompañada”. Mientras ella seguía preguntando llegamos al puente, por aquello desvié mi mirada hacia él, pero lo que vi me dejo helada, uno de los perros usados en la búsqueda salto del puente, al ver esto, los demás policías soltaron a los perros que tenían en manos. Cuando estos fueron soltados también saltaron. Mientras un rayo caía por un momento detrás de los policías divisé a Adriana con el uniforme rasgado y mojado, y en su frente y pierna izquierda la piel rasgada y cortada con sangre saliendo, sonriéndome y soltando carcajada silenciosa. Después de haberla visto desapareció, yo pensé que lo de los perros era solo casualidad y lo que vi una mala jugada de mi mente por el susto, pero me di cuenta de que no era así porque junto unos momentos después de desaparecer una vos infantil comenzó a cantar una canción sobre un puente y perros que saltaban de él a causa de que debían hacerle compañía en su soledad. A medida que escuchabas la canción podía notar que a la mitad su vos se va distorsionando hasta hacer parecer que son dos al mismo tiempo, cuando la voz se distorsionó noté que un guardia se desmayó, seguido de otros, al ver aquello yo corrí y me alejé lo más que pude de ese puente, me adentré al bosque y regresé al estacionamiento allí note que otros guardia habían seguido  mis pasos, cuando estuve en mi auto me disponía a mañana por la mañana salir a la comisaría a avisar lo del incidente del puente.

Ya al día siguiente temprano durante el día llegamos al puente, pero no estaban los guardias si no que estaba el cuerpo de Adriana mojado con la piel rasgada en la frente y pierna izquierda, y el uniforme también rasgado, a su alrededor los perros de la comisaría masacrados seguramente por la caída y golpes entre las piernas. Los policías en presencia de aquello dijeron que estaba loca y no prohibirían el paso al puente, yo Furiosa respondí, “Yo sé lo que vi y se los digo, este lugar es peligroso ellos solo se rieron, pero de todos modos qué más da, es su problema si no me hacen caso.

Han pasado 2 dos meses desde aquello, con mucha frecuencia en las noticias se reportan gente desaparecida y suicidios caninos en ese puente. Yo sé que no debo ir allí, yo sé que estoy en su lista, porque lo sé, la mayoría de los casos fueron personas que ella conocía, por ejemplo sus padres, la mayoría de los niños con los cuales veía clases y una que otra persona que pasa por el puente, lo más curioso de todo es que todos los desparecidos venían acompañados de un perro. Lo bueno es que no tengo perro, me volteo hacia la ventana y logro divisar un cachorro y digo, “Pero que lindo”, me levanto y llevo al perro dentro y digo, “bienvenido a tu nuevo hogar”.

Solo me gustaría haber volteado a tiempo, tal vez así Adriana con el tiempo se hubiera vuelto mas abierta, y nada de esto habría pasado, así que, si algo me ocurre, merecido lo tengo.