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Todo empezó cuando Richard, una mañana despertó, y se dio cuenta del horror, al no encontrar sus zapatos de oficinista bajo su cama, y aún más fue su sorpresa, al no ver nada más, nada de lo que había puesto la noche anterior bajo la cama, estaba.  Ni sus cajas con pertenencias viejas, ni sus otros zapatos, ni muchas otras cosas que no podía ser posible, estuvieran en otro lugar de la casa.

Ah, pero lo que a cambio sí encontró bajo la cama, fue una nota que él no recordaba haber visto nunca. En efecto, nunca la había visto, la nota decía: “muchas gracias por la comida de esta noche”.

Richard, enloquecido, pensó al principio, y con razón, que alguien había entrado a su nueva casa, y que le había robado lo que se encontraba bajo la cama, y había dejado esa tal nota, jugándole una mala pasada. Pero no tenía sentido alguno que hubiesen robado lo menos importante y valioso de la casa, pues todo lo demás se encontraba en su lugar exacto, lo único que había desaparecido, fue lo que estaba bajo la cama.

No tenía sentido que alguien hubiese entrado a su hogar, pues además nunca escucho a su perro, Larry, ladrar o gruñir, algo raro de una mascota que era agresiva con las personas que no fueran su propio dueño.

Alguien en mi cama

Richard sin saber en qué pensar, decidió experimentar y dejar todo como estaba, ese día no pudo ir a trabajar. Al llegar la noche, se preparó para dormir, pero, no dejó sus nuevos zapatos bajo la cama, esta vez, dejó el espacio, completamente vacío, seguramente se estaba volviendo loco, pensaba él mismo, pero bebía asegurarse de que nada raro estuviese pasando.

Es en este punto donde lo verdaderamente extraño, comienza. Despertó a la mañana siguiente, y lo que descubrió, lo dejó sin dudas, helado y aún más confundido, pues nada había desaparecido esta vez, pero había aparecido una nota de nuevo bajo la cama, que decía lo siguiente: “esta noche no tuve comida, no rompas el juego, porque la próxima noche iré por ti”.

Esto, aterrorizó al hombre mucho, al punto de, a la noche, este decidiera poner un vaso, bajo la cama, y se propuso esperar toda la noche, sin dormir para poder saber qué es lo que estaba pasando, y aunque él no quería pensar en lo más ilógico, sabía que esto era lo único posible.

En esas horas nocturnas, Richard supo que todo esto era serio. Alrededor de las 3:00 de la mañana, mientras el hombre se encontraba acostado, comenzó a sentir una presencia con él, y de repente se sentó en la colcha, y al poner más atención a la presencia, se dio cuenta que provenía de debajo de la cama en la que estaba. Esto lo horrorizó mucho, pues no había visto a nadie entrar, era claro, que ese cuarto, ese lugar debajo suyo, ese lugar oscuro no era normal.

Aun así, el hombre decidió jamás bajar de la cama y esperar a que llegase el día. Y así fue, y ni bien la luz del sol abrió paso a la seguridad, Richard se bajó cauteloso y miró de bajo de su posada. Su sorpresa fue mayúscula cuando no pudo ver el vaso por ningún lado, pero sí una nota entre la oscuridad, que, al sacar a relucir, decía: “gracias por la comida de esta noche, aunque déjame ser franco, la próxima vez espero algún festín como el de la primera vez”.

Esto lleno de pánico al hombre, quien sudaba, temblaba por lo que había vivido, y se ponía paranoico cada vez que escuchaba cualquier sonido. Es entonces cuando supo que se estaba dejando llevar del miedo, e intentó calmarse, y seguir el “juego” con la extraña criatura de debajo de su cama.

Cada vez que Richard salía, aprovechaba ese tiempo de salida, para pasar vivencias por lo menos normales antes de volver a casa, la que ahora lo llenaba de inseguridad.

Fue cuando las noches consiguientes, se tornaron como un tipo de juego infernal para Richard, pues en cada una de estas noches, el hombre dejaba objetos, sea ropa, sea libros, sea hasta aparatos electrónicos, como su laptop, bajo su cama, en cada mañana, estos objetos ya no estaban. Y siempre recibía una nota, pero fue una mañana en la que recibió una de estas cartas que ya no supo que hacer más que seguir órdenes del ser raro.

La carta decía: “lo que me estas dejando es una miseria, mira, debes esforzarte más, porque de lo contrario, iré por ti”.

Richard, con mala salud, pues había estado durmiendo muy mal, decidió seguir la corriente, llevado por el terror, y comenzó a dejar el espacio de entre la cama y el suelo, abarrotado de objetos, para así poder saciar el hambre del ser. Richard había aplaneado irse lo más pronto posible de esa maldita casa, pero prácticamente no tenía nada, pues ya ni siquiera podía ir a trabajar con semejante locura ocurriéndole.

Fue cuando, una noche, llevado esta vez más por el enfado, que decidió subir la apuesta metiendo a su perro a que pudiera descansar debajo de su cama, y de esto, Richard, se arrepentiría más tarde. La mañana siguiente, no volvió a saber nada más de Larry.

Y es aquí cuando el pobre hombre ya sin cordura, comenzó a gritar al unísono:

-MALDITA SEA, ¿QUE QUIERES DE MI? ¿QUE DIABLOS ERES? DEJAME EN PAZ MALDITA SEA! -

Entonces, se le ocurrió algo, que era bastante osado, y peligroso, pero en lo único que podía recurrir en ese momento, esperaría la noche, para ver él mismo, a la su so dicha criatura, llevado, por el enojo y la paranoia.

Y así fue, cuando estaba seguro que era bien el tiempo nocturno, decidió acostarse en su cama, a esperar el momento indicado, estaba decidido. Despertó por el temblor de su posada, tras haberse dormido sin darse cuenta, y después de pensárselo mucho, tomó la decisión, y bajo muy lentamente de la cama, y luego, se agachó y acerco al lado oscuro de donde provenían aquellos sonidos y movimientos.

Al meter su cabeza por debajo de las cobijas que colgaban, alcanzó a distinguir un par de ojos enormes, unos huecos nasales como nariz, y una inmensa sonrisa llena de dientes desproporcionales y desprovistos, vio, a la cosa más horrenda que jamás hubiese imaginado, y se escuchó a sí mismo gritando, mientras sentía como sus huesos eran triturados y masacrados.

Debajo-de-tu-cama
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