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Esta leyenda me la contó mi padre al igual que a el se la habían contado antes. Se trata de una leyenda que ha ido pasando de generación en generación. No es una historia tergiversada, modificada ni inventada a pesar del tiempo que ha pasado desde que ocurrió pues fue mi propio padre el que la sufrió.

Mi padre tendría unos 14 años, por aquel entonces vivía con mis abuelos en una de las casas de la C/Los Hornos, calle repleta de casitas pegadas unas con las otras, en el pueblo de Antequera que forma parte de la provincia de Málaga. En esta casa, había una de esas alacenas antiguas, donde se guardaba comida y donde además de la comida mis abuelos tenían un reloj de manecillas al que si todo quedaba en silencio, podía escucharse claramente su tic-tac. Una noche ese tic-tac, empezó a oírse con tal fuerza que llegaba a cualquier rincón de la casa.

Mis abuelos al día siguiente, fueron a la alacena para observar el reloj, porque creían que se le había roto algo y que por eso sonaba tan fuerte. Entonces mi abuelo, cogió el reloj que descansaba sobre una de los estantes de la alacena, se lo llevó al salón y lo desarmó por completo. Cual fue su sorpresa ,que en la casa, próximo a la alacena, seguía escuchándose el ruido del reloj. Entonces empezaron a buscar relojes por toda la casa. Desconectaron todos los que encontraron y aun así, seguía escuchándose el tic-tac. Preguntaron a los vecinos que tenían a ambos lados , pero ninguno de ellos tenían relojes que pudieran sonar tan fuerte como decían mis abuelos, pidiéndoles al tiempo que desconectaran los suyos, pero el sonido del reloj seguía sin parar.

Transcurrió una semana y ya casi que se acostumbraron a oírlo. A la semana siguiente el sonido del reloj se extinguió de golpe y por completo, al instante de haber parado, mi abuela recibió una mala noticia, un coche había atropellado a mi padre ocasionándole casi la muerte. Fue milagro que se salvara. Todos quedaron perplejos de lo ocurrido y se dieron cuenta entonces de que la leyenda que se comentaba desde hace generaciones era en realidad, una cuenta atrás de una desgracia que ocurriría cuando dejara de sonar El Reloj de San Marcos.

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