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«Nada perturba tanto la vida humana como la ignorancia del bien y el mal»


1895 ¡Ah! bendito año en el que comenzó mi nefasta existencia, como una forma de El Creador para expulsar toda esa miseria que contenía en su mundo trágico y fatal, construido a base de tormentos y un puñado de polvo de nada, memorias, eones perdidos. Desde aquel remoto año, he visto el pasar del tiempo, he observado cautelosamente los actos de la vida humana, sus demonios, su ignorancia. Sutíl y terrible ignorancia humana, un veneno y una cura, una paradoja de su ser.

Como veneno: Ponzoña mental que destruye los sueños y los convierte en remedos de conocimiento pútrido y vacío, carcomiendo con la arrogancia de ese saber vano que hace sentir tan superiores a las mentes enervadas por triunfos inexistentes. Miedo a no saber...

Como cura: Engañoso refugio para las mentes mas dóciles, esperanza incierta hacía un mundo que cada día pierde mas su razón de ser. Conforte piadoso de innumerables dolores y sufrimientos. Miedo a saber...

He presenciado el miedo en sus mas intimas facetas. Guerras, homicidios, suicidios, violaciones, robos; actos de filantropía. Todo movido por el miedo, el miedo a dejar de existir...

Cuán equivocada está la humanidad al temerle a tan piadosa opción, el verdadero terror, lo verdaderamente hórrido radica en la existencia misma. Como el bebé que nace indefenso ante las innumerables atrocidades del porvenir, marcado ya desde su primer día de vida por el sino de los errores del pasado...

Fui creado para esto, para ser el testigo de la decadencia del mundo, observando el ir y venir de las eternidades, observando desde las sombras de lo inanimado, de lo material y arcaico. Condenado a ser un reflejo de la humanidad...

«"Paseaba por un sendero con dos amigos - el sol se puso - de repente el cielo se tiñó de rojo sangre, me detuve y me apoyé en una valla muerto de cansancio - sangre y lenguas de fuego acechaban sobre el azul oscuro del fiordo y de la ciudad - mis amigos continuaron y yo me quedé quieto, temblando de ansiedad, sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza."»

~ -Edvard Munch, Mi Creador.


El Grito