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Una pareja joven, sin hijos, dormía plácidamente en la madrugada, recién habían adquirido la casa de sus sueños, una más grande que la anterior, donde por fin podrían pensar en formar una familia. Aquella noche, unos ruidos provenientes de la cocina despertó a la joven, la cual algo nerviosa, despertó enseguida a su joven pareja.

—Juliana… Juliana… despierta, escuché algo… unos ruidos que vienen de abajo, tal vez de la cocina…

—Patricia… ¿Estás segura…? No escucho nada.

—Te lo aseguro mi amor, no creo que sea ningún animal... Así no podré dormir…

Juliana resopló, como símbolo de cansancio, pero aun así decidió bajar a verificar.

—Está bien… Está bien, iré a revisar, ¿sí?

—Ten cuidado cariño.

Juliana fue con una linterna, bajando las escaleras con cuidado, ya que estaba muy oscuro, él realmente no estaba nervioso ni nada por el estilo, por su cabeza solo pasaba la idea de bajar y subir rápidamente para seguir durmiendo, así que alumbrando el piso sin ningún sentido de búsqueda ni precaución, no divisó nada peculiar, todo parecía normal, mientras tanto, Patricia seguía parada en la entrada de la habitación mordiéndose las uñas esperando impaciente el retorno de su amado.

Al llegar Juliana al área de la cocina donde Patricia decía haber escuchado el ruido, su linterna le mostró un pequeño charco de sangre, y la puerta del refrigerador ligeramente abierta.

—Patricia… ¿Dejaste el refrigerador abierto?

—¿Qué…? No, Juliana… ¡Jamás!

Juliana abrió la puerta de su bóveda de alimentos, y quedo asqueado al encontrar el cuerpo muerto de una rata dentro del mismo, la cual parecía estar completa, pero con todos los huesos rotos, como comprimida o aplastada. Patricia desde arriba logro escuchar la expresión de Juliana.

—¡Puah! ¡Que asco! ¡Patricia, encontré la razón de tus ruidos, una maldita rata muerta!

—¿Ves...? Te dije que había escuchado un ruido… Tira esa asquerosidad y regresa a dormir.

El joven estaba muy cansado para salir, así que la dejó en la basura con la idea de tirarla al día siguiente, Juliana tomó camino a las escaleras, para regresar a su habitación y seguir durmiendo, sin embargo al llegar al borde de la entrada, Patricia que aún estaba allí parada, ya más calmada, vio una silueta que paso en el área de abajo, en dirección a la cocina, y no parecía ser una rata.

—Oh por Dios, ¡por Dios! ¡Juliana… Juliana, hay alguien en la casa, lo vi… lo vi…!

—¿Qué dices? Cálmate… ¿Qué viste?

—Una silueta en la oscuridad, en dirección a la cocina…

En ese instante de nerviosismo, nuevamente se empezaron a escuchar los ruidos, esta vez ambos los escucharon, convirtiendo su apacible noche en una desconcertante.

—Tranquila Patricia, ya lo he escuchado… No llores, cálmate, voy a bajar, pásame el bate que tengo debajo de la cama, si es un delincuente se va a arrepentir… Espérame aquí, y llama a la policía.

Juliana bajó las escaleras, bate en mano y linterna en la otra, Patricia desde la entrada del cuarto, estiró el cuello lo más que pudo para ver el camino que llevaba Juliana. Al bajar y llegar al refrigerador, Juliana vio que estaba nuevamente abierto, y la rata, había sido puesta nuevamente dentro, algo que la perturbó y asustó mucho.

Pasaron algunos minutos, minutos que fueron una eternidad para Patricia, ya que no se escuchaba nada, ningún ruido que viniera de la cocina, así que ella ingresó al cuarto, levantó el auricular para llamar a la policía, cuando de repente… un solo grito desgarrador proveniente de la inconfundible voz de Juliana, hizo que la chica quedara petrificada, dejando caer el teléfono sin poder hacer la llamada, luego de aquel espantoso alarido de terror, unos ruidos más estremecedores se escucharon, parecían golpes, como si algo se golpeara repetidamente contra un objeto firme, luego como si algo crujiera y fuera compactado.

Después… silencio, silencio en toda la casa. La aterrorizada Patricia no podía pensar claramente, así que su mejor idea fue bajar a ver, sus piernas apenas si le respondían, pero su mente estaba en blanco, ella solo caminaba de forma automática, seguramente deseando ver sano y salvo a Juliana. Sin embargo, sus pasos la llevaron hasta pasar un enorme charco de sangre, el cual se derramaba desde dentro del refrigerador, Patricia, prácticamente, sin cambiar su expresión de terror, abrió la puerta, y fue cuando vio a Juliana introducido dentro, pero de una forma tan brutal, que solo alguien o algo con una fuerza sobrehumana hubiera podido comprimir su cuerpo quebrando todas sus extremidades y huesos, hasta hacerlo caber dentro, justo como la rata antes que él.

Patricia trató de gritar al ver aquella escena tan horrorosa, sin embargo de su boca no salía sonido alguno, la impresión fue demasiado grande para ella, pero… Juliana aún no había muerto, y en su último aliento de vida, le dio tiempo de levantar su cabeza desde adentro, lo suficiente como para mirar por última vez a los ojos a su amada Patricia, ambos se miraron fijamente, como despidiéndose, sin embargo, Patricia sufría, mientras sus lágrimas y su dolor le permitieron soportar.

Juliana, quien seguía mirándola a los ojos, tuvo un cambio en su mirada, pasó a una mirada de horror y pánico desmedido, y antes de morir, puso su mirada levemente por encima del hombro de Patricia, indicándole, con el mayor pavor posible, que alguien, o algo estaba justo detrás de ella y murió.

Patricia quedó congelada, sentía una presencia detrás de ella, pero antes de cualquier cosa su cuerpo fue levantado del suelo, tal vez apenas unos cuantos centímetros, y fue azotado con violencia contra el refrigerador, una y otra, y otra vez, fuerte, más y más fuerte, hasta que su cuerpo se fue quebrando por completo, se fue comprimiendo, haciendo que finalmente pudiera entrar en el artefacto.

Al menos ambos murieron mucho antes de ver cómo algo o alguien, que la oscuridad de la noche no permitía ver, acomodaba sus cuerpos dentro de aquel refrigerador, para luego retirarse y merodear dentro de la casa.