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Era época de elecciones y el joven Lion estaba contento pues debía resguardar la seguridad de un colegio, lo cual le correspondía por encontrarse haciendo su Servicio Militar. Ya había ido tres veces al mismo lugar a diferencia de sus otros dos camaradas y sentía algo de nostalgia pues sabía que éstas serían sus ultimas elecciones como militar.

Nada más llegar comenzó a mostrarle a los demás los salones que debían custodiar, las oficinas, los comedores y el lugar donde dormirían ignorando,y no por casualidad, el viejo sótano en la parte trasera del colegio al cual el director se había referido la primera vez como “ese lugar que siempre ha estado cerrado” y que lucía un enorme candado puesto en una puerta de madera. Así pasaron los primeros días sin nada fuera de lo común, vigilar la entrada del recinto haciendo turnos de 2 horas, solo de día pues la guardia de noche se llevaba a cabo al concluir las elecciones.

Fue en su último turno por la tarde, antes de las elecciones, que un sonido familiar lo inquietó, era imposible no recordarlo pues las veces anteriores cuando le correspondió el turno nocturno, tanto a él como otros camaradas (los cuales, por cierto, pidieron no ir al mismo colegio otra vez) habían escuchado, un extraño gruñido que parecía venir del único lugar del colegio que no conocía por dentro, el sótano.

Intentando ignorarlo terminó su turno, guardó el fusil en el armerillo y fue a cenar con los demás, acostumbraban a cenar a las 9 de la noche pues era la hora acordada para comer antes de pasar al reposo. Para evitar las burlas de los demás no quiso comentar nada sobre lo que había escuchado -solo nos queda mañana por la noche- pensó, -no tienen que molestarse en saberlo-. La cena acabó rápido pues el plato de papas fritas y bistec estaba delicioso, se dirigió al salón donde estaban las camas, junto al comedor se puso su pijama y se metió a la cama para descansar tras un agotador día.

Y su reconfortante sueño se vio interrumpido por el mismo intrigante gruñido, a pesar de que el sótano estaba en el otro extremo del colegio podía sentirlo, él de alguna manera sabía que venía de allí -definitivamente voy a dejar las Creepypastas- se dijo a si mismo para luego continuar durmiendo.

La mañana de las elecciones transcurrió tranquila y a las 12 del día, como tenían acordado, sortearon a quien le tocaría el turno nocturno, Lion de alguna manera sabía que el tendría la mala suerte, pues nunca ganaba en ese tipo de sorteos, tomó la pequeña tira de papel de la mano del soldado que había hecho el turno de la mañana (6 horas a partir de las 6AM) y lo leyó con resignación

-Turno nocturno, genial no?- le dijo a su camarada el cual sonreía aliviado al saber que podría dormir tranquilamente esa noche.

Cenó a las 6PM, como le correspondía al guardia de horario 7PM a 6AM, bastante molesto ante la idea de 11 horas vigilando la entrada que irónicamente se mantenía cerrada por la noche, fue a la oficina de profesores, tomó el fusil, su linterna y un cargador, asegurándose de que tenía balas, y se dirigió al pequeño cuarto junto a la entrada el cual tenía una ventana que daba justo a la puerta principal -Al menos no estaré de pié- murmuró sonriendo mientras acomodaba una silla.

A las 9 y 30PM el resto pasó al reposo, y Lion se quedó en el cuarto de guardia contando la munición del cargador (no había nada mejor que hacer) hasta que sintió un repentino golpe que le hizo saltar de su silla -Genial, justo en mi turno de guardia tiene que haber líos- regañó mientras tomaba el fusil y se dirigía hacia el lugar de donde vino el ruido, decidió ir con la linterna apagada pues la luz del alumbrado público entraba por los ventanales del colegio, y vio como una de las pequeñas puertas del patio se abría y cerraba gracias al viento. Bastante mosqueado tomó una silla de uno de los salones y la apoyó en la puerta para mantenerla cerrada, solucionado el problema miró a su alrededor para darse cuenta que estaba solo en medio del colegio, desde su posición a unos 80 metros al fondo estaba la puerta del sótano, tan impasible como siempre.

Giró en dirección al cuarto de guardia y mientras caminaba de regreso escuchó, más claro que nunca, tanto que sintió un escalofrío recorrer su cuerpo,el mismo gruñido lento y grave. Se volteó para mirar nuevamente en dirección al sótano, encendió su linterna, la cual iba adherida bajo el cañón del fusil y pudo notar algo que, con la linterna apagada, fue imposible detectar

-No tiene el candado…- Susurró como intentando convencerse de que, de alguna manera, el candado de la puerta del sótano no estaba. ¿Sería alguna broma de sus camaradas? era poco probable, pues nadie sabía donde estaba la llave de aquél candado.

Se armó de valor y recordó todo lo que había pasado en la montaña, a oscuras, nevando, en las instrucciones durante el servicio militar, un simple sótano en un lugar que pasaba la mayor parte del tiempo lleno de críos no podía asustarle -Mi arma es mi compañera, nunca me abandona- se dijo con confianza, y avanzó lento pero seguro en dirección al sótano, tomó la vieja y curiosamente fría manilla y entró.

El lugar estaba lleno de polvo y tenía un olor bastante extraño y desagradable, bajó por la escalera para llegar a un pasillo de unos 10 metros hacia delante, angosto,alto y con una curva a la derecha.Las viejas botas de combate no hacían ruido en el piso con centímetros de polvo acumulado, a medida que se acercaba a la curva del pasillo notaba un olor cada vez más desagradable, lo conocía, lo había sentido antes ¿quizás en un cementerio? al girar su corazón dio un salto. El pasillo solo daba a una especie de salón en el sótano, no era tan grande como los salones normales, pero aún tenía algunas mesas, sillas y lo que él identificó al instante, al fondo del lugar, como un cadáver, medio sumido en el polvo bajo el pizarrón puesto en la pared.

Un sudor frío bajaba por su cara mientras se acercaba a quien debió ser un niño de unos 12 años, a juzgar por la estatura, vigilaba su espalda nervioso pues cada vez estaba más seguro de que no estaba solo en aquél lugar -Tengo que avisar de esto- Pensó mientras se dirigía a la puerta del sótano cuando escuchó una voz lenta y grave -No… no lo harás- Apenas lo escuchó tiró de la palanca del fusil con la cual alojó uno de los tiros de 5.56mm en la recámara -Ah no? pues ve buscando la forma de detenerme, porque no pienso quedarme aquí ni un segundo más- dijo desafiante a lo que parecía ser un cuarto lleno de sillas y mesas amontonadas, enfrentando a una voz que no estaba seguro de donde venía, si es que venía de algún lugar siquiera

-Una propuesta aceptable- salió de detrás de un par de altos libreros en la esquina opuesta al cadáver que había visto, era alto, de una piel grisácea y sus alas arrugadas evidenciaban que no era humano,tenía unos rojos como la sangre y lo que parecían cuchillos por dientes -Ha pasado mucho tiempo desde la ultima vez que un curioso vino aquí- le dijo a Lion mientras miraba los empolvados huesos, Lion sostenía con fuerza el fusil apuntando a la cara del extraño ser, su boina verde, la cual se había ganado luego de llegar arrastrándose a la cima de la montaña, entre la nieve y espinas, bajo el humo de gas lacrimógeno, estaba ahora empapada en sudor, pero no tenía miedo, estaba dispuesto a todo. -Quién…. qué eres ? por qué me hiciste venir aquí?- le preguntó desafiante, Lion medía 1.65 metros y aquella cosa, como mínimo unos 2 metros de alto. -Te lo advierto- Giró el seguro del fusil a la posición “Disparo en ráfaga”-No suelo fallar-.

-Yo tampoco- Le respondió aquella cosa, mientras se dirigía hacia él a una velocidad increíble, y estaba a 10 metros….. 5 metros.

Jaló del gatillo y los 15 tiros se incrustaron en la cabeza y el torso de aquella cosa, a la vez que sus grotescos dientes se hundían en el cuello de Lion, lo ultimo que vio fue aquellos ojos rojos, ahora carentes de vida, justo en frente de él, sentía correr la sangre mientras intentaba ponerse de pié para abrir la puerta del sótano, se desplomó sobre ella y vio las luces de las calles entrando por las ventanas del colegio, la ultima vez que vería ese colegio….