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Estoy en un extraño sueño. Todo me da vueltas.  Parece que dentro de mi cerebro tengo un  taladrado. Me duele mucho la cabeza. Abro los  ojos. La luz de la luna resplandece con intensidad sobre la oscura noche. Me levanto poco a poco. Miro a mi alrededor. No hay nadie más. ¿Dónde demonios se abran metido los otros? Estoy rodeada de árboles altos. Una enorme cantidad de ramas me cosquillean la piel.  La luz de la luna ilumina un camino que esta en mi lado derecho. Decido encaminarme por él. El bosque esta  silencioso. Comienzo a caminar y me doy cuenta de que  los pies los tengo completamente desnudos. Ramas diminutas se me clavan y hojas húmedas se me pegan en los talones. Sigo  andando por un camino que está entre árboles que parece que  con sus hojas y ramas en movimiento me intenta guiar por el bosque. Algo me dice que siga a mi instinto. Y mi instinto dice que me haga caso de aquellos árboles que parecen salidos de  El señor de los anillos. Al final del camino veo un inmenso  castillo. Pero, por más que parece que me acerco se aleja. El camino se me hace interminable. Parece que no tiene fin. Cada paso que doy es un infierno para mi. Ya que, las ramas se me  clavan como espinas puntiagudas. Los pies me empiezan a  sangrar. Unas gotas de lágrimas se me desliza lentamente como la tinta negra en una pluma por las mejillas. La vista se me va  nublando y los ojos me lloran cada vez más. De repente, un golpe  seco en mi cabeza hace que caiga en un vacío que ni siquiera soy capaz de ver. Y una voz lejana suena en mi cabeza como un eco…

Alguien me zarandea mientras voy recuperando el sentido poco a poco. Al recuperar la vista, veo el rostro del tal Jeremiah ése. Me sujeta con el brazo para mantenerme sujeta sin que roce el suelo. Tras haber recuperado la vista del todo, me incorporo lentamente y con los ojos entrecerrados miro a Jeremiah. Él, como si estuviera en estado de shock, me mira fijamente a los ojos. Me ayuda a levantarme. -¿Te sientes mejor? -me pregunta con voz dulce. -Eh… sí. Bueno, en realidad no sé. -sonrío.  -¿Puedes andar?  Tras hacerme esa pregunta tonta, le miro como diciendo: “¿Y esa pregunta tan tonta a qué viene? Claro que puedo andar”. pero al intentarlo, me tambaleo y él me agarra tan rápidamente que apenas he podido ver su movimiento. -¿Qué me pasa?¿Por qué coño no puedo andar? Él suelta una suave carcajada. -Porque este tipo de viajes, suele dejar a los humanos algo débiles. Sobre todo si son novatos en ello. -su voz es como una cálida brisa de verano. También es tranquilizadora.  Me incorporo del todo. Estoy en un salón muy amplio e iluminoso. Él apoya su mano en mi espalda. -Vamos.  Me guía a paso ligero por un pasillo. Más tarde, me hace entrar en un cuarto con decoración antigua. Una enorme cama en mitad de la habitación. Varios armarios y cómodas. Una enorme lámpara araña colgando del techo. La cual ilumina toda la habitación. -Este es tu dormitorio. -confirma Jeremiah. -Espero que no te importe que tengamos que compartirlo. -termina de añadir con la ceja derecha levantada y una mirada algo fuera de lugar.  -¿No hay más habitaciones? -se me escapa. Él sonríe bajando la mirada. -Me temo que no quedan más. -responde al fin. `-Pero… si te resulta tan incómodo, haré que lo pueda.  -¡No! -grito sorprendiéndolo a él y sorprendiéndome a mí misma. -Quiero decir… eh… que no hace falta. Bueno si te soy sincera es muy raro dormir en la misma cama con un completo desconocido. Es que yo no acostumbre a ir por ahí durmiendo cada noche con alguien diferente. No sé si me explico. -rectifico. Jeremiah me mira con aire divertido. Bastante divertido para mi gusto.  -La verdad es que no tenía planeado dormir en la misma cama. -contesta aún con una sonrisa en la boca.  Mis mejillas, cosa que en la vida me ha pasado, se encienden lentamente. Pues lo que me faltaba. Meto la pata asta el fondo y quedando como el culo, y ahora voy y me pongo colorada. ¡Qué palo! -Iré a que traigan otra cama más, si a ti no te importa.  -En absoluto. -le digo de inmediato. -Ha sido un completo mal entendido. No suelo ser tan acelerada con este tipo de cosas.  Jeremiah asiente suavemente con la cabeza y con la sonrisa todavía en la cara se marcha de la estancia. Puff. Menos mal. Me siento suavemente en el borde de la cama y me pongo a pensar en todo lo que me ha pasado en tan poco tiempo. Asta me parece todo una pesadilla. O, quizás, un sueño. Entonces me coje, me folla contra la pared y me parte en dos.