FANDOM


Hoy es lunes. Qué divertido. Ni siquiera en los mundos fantásticos estos o como se llamen a fiestas los lunes. ¿Os lo podéis creer? Bueno, para que lo sepáis, me encuentro en clase de entrenamiento de tiro con arco. No se para que se necesitan hoy en día los arcos cuando existen las pistolas y esas cosas. Durante una semana he estado dando teoría. Menos mal que aquí los exámenes por escrito no existen. Bueno, mientras mi querido tutor Jeremy prepara lo del tiro con arco, yo estoy sentada en un banco fumándome un cigarrillo. La verdad es que hace mucho que no fumaba, pero esta vez lo necesito. En fin, que son las 5:30 de la mañana. Y yo aquí, despierta, cuando debería estar durmiendo tan a gusto en la cama. Madre mía. Un leve silbido me me arranca de mis pensamientos. Es Jeremy. Que ya lo tiene todo preparado. Me termino el cigarro y lo tiro apagandolo con el pie. Me acerco a él andando tranquilamente. Sin prisa alguna. Cuando llego, me pasa el arco y una flecha.  -Ven, ponte justo aquí.  Le obedezco y me pongo detrás de la raya.  -Bien. Ahora, coge el arco así. Estira el brazo hacia atrás `para que la flecha coja velocidad y después la lanzas.  -Vale. Hago todos los pasos que me pide. Al echar el brazo hacia atrás, me tiembla como un motor encendido. Después de cerrar un ojo para coger puntería,lanzo la flecha. Bien... menudo desastre. Ni siquiera he dado a la diana del fondo. Ni rozarle siquiera.  -Vaya... la has mandado bien lejos. -comenta Jeremy.  Yo me giro hacia mi izquierda para mirarle. Después vuelvo a dirigir la mirada al fondo. Como si intentara ver dónde ha caído la flecha.  -Es que... estoy dormida.  -Claro, claro. Será eso. -dice burlón. -¿Perdona?  Él, sin hacerme caso, coge otro arco y una flecha. Se pone en posición de tiro. -Esto, se hace simplemente así. -me dice mirándome a los ojos lanzando la  flecha. Yo me sorprendo por la puntería que tiene. ¡Ha dado al blanco! Y sin ni siquiera mirar al blanco. Así que para no afirmar lo bueno que parece ser en esto, prefiero decirle: -Vaya, así que al parecer eres descendiente de Robin Hood. -¿De quién? -pregunta frunciendo el ceño.  -Nadie, déjalo. -contesto yo con un gesto de mano.  -Esta bien, sigámos con el circuito de pruebas. -Pero... ¿no voy a seguir practicando? -Sí. Lo practicarás día a día. Pero el entrenamiento de hoy es para evaluarte. Para saber qué es lo que sabes hacer. "Teniendo en cuenta que no tengo ni zorra idea de este tipo de cosas. Pero bueno", pienso. Asiento con la cabeza. -Sigamos. -dice él.  El siguiente circuito me parece que consiste en correr. Pero no estoy segura.  -¿No tendré que correr verdad?  -Efectivamente. Veo que eres muy atenta con las cosas. -Gracias. -respondo indiferentemente.  -Bien. Lo que voy a hacer va a ser cronometrarte mientras corres este pequeño circuito. ¿De acuerdo? ¿Pequeño circuito? Estará de guasa.  -Vale, ponte en la salida.  Me pongo donde él me indica. En posición de salida. -¡Corre! -exclama en alto. Yo sin perder más tiempo, comienzo a correr a toda prisa. En un principio, voy a un ritmo bastante bueno. Sin cansarme siquiera. Sigo manteniendo el ritmo unos metros más. Ah, que no lo he dicho. ¡El circuito es de 1 km! Mis oídos empiezan a zumbarme. Puedo escuchar perfectamente cada latido que da mi corazón. Empiezo a notar cómo el sudor resbala por mi frente y va cayendo hacia a bajo. Los ojos empiezan a llorarme por el frío de la humedad de las mañanas. Noto que la vista se me nubla poco a poco. La respiración es demasiado agitada. Las piernas se me debilitan. De pronto me tropiezo y me caigo hacia delante. Mi respiración es entrecortada. Me cuesta mucho coger aire. ¡Mierda! El inhalador. ¡No lo tengo! Jeremiah viene a donde mi corriendo. Se arrodilla rápidamente. -Tranquila. He avisado a Margarita. Es médico. Me lo tendrías que haber dicho.