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Virus creepypasta oc by ayano100-dcl548u

Oscuro...

Desperté y sólo pude ver eso, oscuridad. Sentía que me ahogaba pero no podía moverme, cómo si estuviese en un río. Mi cuerpo era pesado y yo no podía hacer nada, me hundía, estaba desesperado. Sólo logré ver hacía arriba y vi una luz, traté de ir hacía ella pero no lo lograba por más que trataba de llegar pero me era imposible. De repente, la oscuridad volvió.

Esto se me puede ir por las ramas y podría contar incluso las sensaciones de forma más descriptiva, pero eso por ahora no es lo más relevante. Iniciaré desde antes de todo éste enredo.

Yo nací un 18 de agosto de 1996 en Cataluña, España. Mi familia se formaba de mi padre y mi madre. Mi madre es una prostituta y mi padre un hombre de negocios reconocido y con mucho dinero. Se llevan por muchos muchos años, mamá apenas toca los treinta y papá ya está por los cincuenta. La razón por la cual nací es algo extraña; mi padre quería una hija mientras que mi madre no. Él la amenazó a ella con dejarla y así, me tuvieron a mí.

Y ahí comienza mi existencia y esta historia.

Como yo nací varón mi padre nunca me llevó a que me cortaran el cabello, así tomando un aspecto más femenino. Nunca me obligó a usar vestidos, faldas o cosas así si yo no quería, siempre me consentía y daba lo que deseaba, siempre decía que quería ver a su hijo feliz. A pesar de eso, me criaron cómo una niña así recibiendo el nombre de Venus Miller.

Por el lado de mi madre, era todo lo contrario; ella podía dejarme días sin comer cuando papá se iba de viaje por sus negocios, me insultaba e incluso quemaba mis brazos con sus estúpidos cigarros de los cuales ella era adicta, mi madre jamás tuvo un aroma agradable entre el alcohol y el cigarro, en realidad me daba asco estar cerca de ella. Usualmente me decía que yo había arruinado su vida y su cuerpo, que si yo no hubiera nacido ella estaría bien y tendría un cuerpo esbelto como el de hace años.

Blah blah blah...oír esas palabras son tan comunes en ella que es incluso raro no oír que me insultara o me dijera algo de ese estilo. A pesar del modo en que siempre me trataba, jamás fui capaz de odiarla.

En cuanto a mí, siempre fui alguien muy silencioso, no solía socializar con las personas más siempre tuve la suerte que hubieron unos cuantos que se acercaron a mí y se hicieron mis amigos. En la escuela jamás me fue mal, siempre tuve honores y era muy reconocido por los profesores; ellos decían que era un ejemplo a seguir. Nunca nadie supo de lo que era mi vida fuera de ese lugar. Aunque en la escuela era muy igual a estar con mi madre; siempre me terminaban tocando la moral de diversos modos, incluso llegaban a lo físico.

Pero...lo peor sucedió un 25 de octubre en 2011.

Ese día el abuso en la escuela fue peor que otros días; aquella vez me dejaron jodido. La sangre no paraba de escurrir por mi nariz y labio inferior, tenía un ojo morado y más moretones. Incluso abrieron las heridas en mis brazos que antes mi madre había hecho con sus cigarros.

- Hijos de puta...se meten conmigo sólo por que no sé defenderme...-

Aquel día iba hecho una furia. Papá no estaba en la ciudad y tenía que arreglar estas situaciones por mi cuenta. Después de un largo camino finalmente llegué a casa. Lamentablemente estaba ahí esa mujer a la que de hoy en día me refiero cómo madre. Sólo volteó a verme y comenzó a reírse. Levantó el trasero de aquel sillón del que parecía estar pegada y se aproximó a mí con otro cigarro entre los dedos, vaya que ella no conoce otro modo de suicidarse lento.

- ¿Otra vez te golpearon? -tomó un mechón de mi cabello y sólo lo jaló con fuerza, aparté su mano pero insistió- eres una marica que no sabe defenderse. Se supone que eres hombre, ¡actúa cómo uno! -

Dejó mi cabello y agarró mi brazo, yo ni siquiera hice un esfuerzo por retirarlo o me iría peor. Puso su apestoso cigarrillo en éste y comenzó a hacer presión sobre mi piel. Un pequeño quejido salió de lo más profundo de mí; no podía gritar o intentar defenderme si quería que terminara rápido.

- La próxima vez que llegues así y no te hayas defendido me encargaré de sacarte yo misma los dientes -finalmente quitó el cigarro de mi brazo, unas lágrimas amenazaban en salir y ella al ver eso sólo plantó una bofetada en mi mejilla- largo de mi vista, no quiero verte asquerosa peste -

Volvió a fusionarse con el sillón y yo sólo la miré alejarse. No podía odiarla, quería hacerlo pero algo no me lo permitía. Finalmente las lágrimas comenzaron a caer y yo simplemente me fui a "mi cueva". Una vez ahí me tendí en mi cama llorando a mares. No podía parar y sentía que podría morir ahogado por mis propias lágrimas. Pasaron las horas y mi día se consumió ahí, llorando.

Había anochecido y finalmente me levanté, estaba muy oscuro. Miré en dirección a mi televisor; tal vez un poco de distracción podría servir para olvidar el dolor de la carne viva en mis brazos. Me acerqué lo más que pude al televisor y la encendí; vaya que la programación era aburrida. Un rato después tomé mi celular, era media noche. Suspire y me volví a centrar en el aparato que ya había alejado mi sufrir de ese día. El hambre me distrajo después de unas cuantas horas, miré el reloj, eran las dos de la madrugada. Quería comer algo pero conociendo el ambiente aquella mujer seguiría abajo y yo me arriesgaría a volver a ser quemado vivo.

- No...puedo aguantar otro día -

Mi tiempo se consumió frente al televisor, había salido el sol y yo seguía despierto. Al darme cuenta miré la hora, era momento de prepararme para otro día de acoso. Me levanté con calma y caminé al baño; tanto mi ropa cómo mi rostro estaba bañado en sangre. No tenía con que atenderme así que sólo me resigne a lavarme la cara y cambiarme. Tomé rápido mis cosas y me fui de casa en dirección a la escuela, ese lugar aveces me había salvado.

En el transcurso miraba las casas que habían subido mi estado de ánimo, podía sentir la vibra de aquellos que celebraban el 31 de octubre; era mi época favorita y papá prometió estar aquí esos días para estar conmigo. Ese pensamiento me sacó una sonrisa y simplemente continué a la escuela. Un rato caminando después llegué. Había olvidado que tenía heridas en mi rostro por la emoción, tuve la suerte de poder poner mi cabello sobre mi cara. No faltó el gracioso que me gritó insultos de los cuales no conocía su significado o que me terminaran lanzando una que otra cosa.

Pasó el día y todo eso, estaba a punto de salir. Aquella vez estuve solo durante las clases pues "casualmente" a mis dos amigos los habían suspendido. Gran trabajo chicos, son expertos metiéndose en líos innecesarios. Me dirigía hacía el aula asignada a la última clase hasta sentir un jalón de cabello cuanto menos brusco; tanta fuerza fue que me hicieron voltear. No era de esperarse que fueran los de siempre. ¿Ni siquiera podían variar y turnarse para joder? siempre iban en manada, que tontos se veían.

- Venus Miller -habló aquel que aún sostenía mi cabello- ¿qué sucede maricón, aún no encuentras con qué suicidarte o quieres ayuda? -

Rió burlonamente e incluso escupió un poco sobre mí, ni siquiera sabía insultar, que maldito asco.

- Espero a que encuentres un mejor modo de molestar, venga, ha sido el mismo intento de insulto desde hace dos años -

Tomando en cuenta que yo tampoco era ningún maestro insultado igualmente se tomaba muy a pecho las cosas que decía. Antes de darme cuenta el pasillo se había vaciado totalmente y sólo quedábamos él, sus inútiles secuaces sin sentido del humor y yo. Creo que ese día no tuve nada de suerte. Recuerdo haberlo visto todo en cámara lenta; un puño aproximándose a mi y yo simplemente estaba paralizado. Que patético. Algo que se me quedó bien grabado fue el hecho de verlo todo del mismo modo, ellos golpeándome y yo no me defendía...una ola de emociones recorrió mi cuerpo en ese momento: desesperación, ira, tristeza. Necesitaba hacer algo, no podía dejarles ver que podían tratarme de a débil, no más. Ya estaba harto y esto debía parar. En ese momento la cámara lenta desapareció y ahora quien daba el golpe era yo. Los papeles se habían invertido; claramente los perros sedientos de atención que se hacían llamar amigos de mi agresor intentaron separarme de el chico debajo de mí y aunque fueran más, no pudieron detenerme.

Claramente de igual modo quedé en un estado deplorable; en ese momento pareciera que ningún maestro hubiera estado en los alrededores. ¡No estuvieron cuando más los necesité! no me importa. Yo sabía finalmente defenderme pero tenía una enorme desventaja; mi cabello. Recuerdo ese día haber corrido a casa como si estuviera escapando de algo o alguien, realmente escapaba de mí mismo. Odiaba al Venus Miller que en ese momento yo era y él debería morir, desaparecer para jamás volver.

Al llegar mi "madre" vio los moretones nuevos y me llamó a gritos; yo no respondí. El nuevo Venus no se dejaría humillar y sería el niño perfecto, aquel que nunca protestó a pesar de que él sabía lo que le hacía daño. Subí a mi espacio, mi cueva, mi lugar reconfortante, mi habitación. decidí encerrarme y una vez dentro me deslice por la puerta hasta llegar al suelo, pensando en que sería ahora. Aún llevaba mi mochila conmigo; de ahí saqué unas tijeras. Me levanté decidido, comenzaría el cambio conmigo. Hace años había oído, que si una mujer se cortaba el cabello tan drásticamente simbolizaba un nuevo inicio, era justo lo que necesitaba.

Me coloqué frente al espejo del baño y me miré. Un rostro ensangrentado tan maltratado que daba pena. Tomé las tijeras y sin pensarlo otra vez, comencé a cortar. Teniendo en cuenta que no soy ningún experto en eso del tema de cortes de cabello lo dejé despeinado, estaba en todas direcciones e incluso me dejé largos mechones. Volví a mirarme al espejo, era un cambio y uno enorme.

- Venga...que no está tan mal -

Dejé las tijeras a un lado y tomé una liga, reuní esos mechones y los junté todos en una pequeña trenza. Para ser honesto me gustaba éste modo en que me veía; era más de mi agrado y lucía más cómo un chico. Ese día no comí y mi tarde se basó en estar frente al televisor, otra vez. A pesar de que era un idiotizador muy eficaz siempre sentí que me sacó de muchos problemas e incluso que me había salvado de varios pensamientos, sin duda era un gran modo de entretenerme y hacerme perder el tiempo. Aveces creí que me llamaba o simplemente estaba alucinando por tanto tiempo frente viendo aquella estática de colores.

Sí...era lo más probable.

El amanecer llegó y era día de escuela otra vez, cómo si fuera un bucle del cual jamás podría salir y estuviera siempre destinado a la misma rutina.

Ese día fue totalmente la excepción. Aquel 27 de Octubre sería una fecha que jamás en la vida olvidaría.

Ese día tenía una sensación rara. No podía estar ni un segundo sin mirar a todos lados sin miedo, era cómo si me persiguieran a pesar de estar en mi habitación. Bajé las escaleras sin mucha prisa, hoy realmente tenía tiempo. Nuevamente esa "madre" me llamaba, parecía más molesta de lo usual. Me resigne a simplemente voltear a verle sin mucho interés, ella se sorprendió al verme y su expresión regresó a ser la misma de siempre, totalmente vacía.

- ¿Qué fue lo qué te hiciste? -me miró cómo le era costumbre, con arrogancia y desprecio- ¿intentabas ser hombre o qué? -

Esperando lo peor acercó su cigarro a mi cara. Hoy no mujer, no volvería a dejar que me hicieras daño. con ese pensamiento la alejé bruscamente de mi, tanto que incluso yo me sorprendí. Ella chocó contra una pared e incluso oí el golpe fuerte que se dio en la cabeza. Mi actitud normal volvió haciéndome ese niño que no protestaba a nada. Me acerqué a ella con miedo, ella despreció mi preocupación e imitó mi acción, entendía eso. No pasó mucho y se levantó, sólo me miró con más asco de lo normal. Simplemente se alejó y yo me quedé observando el rastro que había dejado con las cenizas.

«lo mejor será irme»

Me incorporé y simplemente salí de ahí. La sensación de antes volvió y ahora sentí que me ahogaba cada vez más. Y fue cuando pasó. No faltaba mucho para llegar a la escuela cuando comencé a oír pasos constantes. Y dirán, "Venus, es normal oír pisadas en la calle tremendo idiota". ¡A callar! esos pasos me seguían por que volteaba y siempre veía a las mismas personas.

Llegó un punto en el que me detuve. Me giré a verles; eran dos hombres. Antes de reaccionar uno de ellos me tomó del brazo, eran desconocidos y por obviedad comencé a gritar mientras forcejeaba. ¿Por qué los lugares dónde me agredían siempre estaban tan desolados? me lo voy a cuestionar hasta dejar de existir. Me llevaron a un lugar alejado que apestaba horrible, yo quiero pensar que era basura y sólo eso, pero era un olor tan fuerte que sigo dudando si era realmente esto. Me soltaron y dejaron que cayera en una bolsa que expulsaba ese pútrido aroma. Su consistencia...su consistencia jamás la olvidaré.

Se divirtieron un largo rato esos cabrones conmigo; lo más que recuerdo es que fue golpeado, drogado, sedado, agredido, entre otras cosas que no puedo recordar. Mi cuerpo estaba en su limite y yo no me podía mover. El Venus inútil había regresado, el indefenso e incapaz Venus.

«Ya me he aburrido. ¿Podemos colgarlo ya?»

<<Que pesado eres. Va, trae la cuerda y busca donde amarrarlo>>

Fueron las ultimas palabras que escuché. Uno de los sujetos me levantó con fuerza y me hizo caminar hacía un poste de luz donde una cuerda colgaba, la ató tan fuerte alrededor de mi cuello que fue rápido el modo en que el aire se escapaba de mis pulmones. El dolor era insoportable. Lo fue más aún cuando comenzaron a jalar la cuerda y esta se elevó desde el poste. Me ahogaba y no podía hacer nada, sólo intentaba gritar pero ni siquiera los sonidos salían. Sus horribles risas se oían fuertemente en mi cabeza, la sangre comenzó a brotar de mi nariz y boca por la fuerza que ejercían. De un momento a otro fue cuando dejé de oírles, de sentir, de ver, de existir.

Virus

Y así volvemos al inicio de esto...

Y ahora, ¿de qué modo es esto relevante?

Pues, os contaré lo sucedido después de eso.

La luz se escapó de mis manos, lo había visto. Me había ahogado, y de repente todo estaba oscuro...pero ahora, estoy consciente, pero no veo. Oigo voces, patrullas, fuertes gritos e incluso llanto. ¿A quién le lloran? ¿qué sucede?...en serio no puedo abrir los ojos, todo está oscuro y frío, es una horrible sensación de congelamiento pero siento algo en mi cuello que hace el aire escapar de mis pulmones, pero aún así respiro.

El tiempo pasa; las voces y el ruido disminuyen, sólo escucho las patrullas que no se van y el constante murmuro de los policías.

De repente soy capaz de abrir los ojos y puedo mover mi cuerpo. Lo primero que logra captar mi atención es la soga que sigue sosteniendo mi cuello, ¡no me habían bajado!...tendría que hacerlo por mi cuenta.

Intento deshacer el nudo, pero está muy apretado, me está lastimando. Pienso en rendirme y veo hacía abajo logrando notar que había un cadáver en el suelo.

Era yo.

Recuerdo haberme asustado, ¿cómo era posible el seguir colgado si estaba tirado en el suelo también?.

Comienzo a moverme desesperado, tratando de gritar pero la voz simplemente no salía. Finalmente del esfuerzo la cuerda se rompe y yo caigo al suelo, curiosamente encima...de mí. Eso fue tan extraño que a día de hoy me perturba.

Quité el cabello de mi cara; notando finalmente los moretones y heridas. Esas no las tenía; eran recientes y sabía quien las había hecho. También tenía un corte en la yugular, aún no sé si lo hicieron antes de que me diera cuenta o la misma soga lo hizo.

Estoy sucio, mojado y totalmente golpeado. Finalmente veo a alguien acercarse a mi cuerpo y simplemente me alejo antes de que me vea, aunque no tenía la certeza de si realmente me notarían.

Observo mis manos, igualmente llenas de cortes que arden. Varios estaban ahora infectados, pero no creo que eso importe ahora. ¿Qué más me queda? irme, ¿pero a dónde?. Miró al cielo, es de noche. La mujer que inhala no estaba en casa, era su hora de trabajo.

Resulta que mi "madre" o aquella mujer que vivía ahí decidió mandar a sus tan queridos amigos a que me hicieran esto. Les pidió que mi muerte pareciera un accidente y en cambio ella les haría "favores". Por parte de mi padre, él al volver se enteró de mi muerte. No esperó mucho y terminó investigando, por lo visto se enteró de lo que sucedió realmente y abandonó a la mujer joven volviendo a ser un hombre solitario y abatido por la culpa. Desearía que supiera que estoy bien. Y de mí, pues hay mucho que contar. Mi cuerpo fue encontrado un día después, estaba llenó de sangre y moretones. Aún seguía colgado de aquel lugar, se nota que muchas personas dejaron pasar el hecho de encontrar a un adolescente en un poste de luz.

Recuerdo que al despertar estaba confundido y temeroso...había muerto y ahora regresaba a la vida. ¿Cómo era eso posible?.

Me pasé días, semanas o meses...no recuerdo exactamente, buscando aquella mujer que en lugar de respirar inhalaba. No iba a dejar las cosas aquí; yo tenía tanto por vivir y ella sin más, me arrebató la vida que antes fue obligada a darme. Se había mudado a otro lugar e incluso cambió su nombre para evitar ser perseguida por la ley después de lo que hizo. Claramente, no se libraría de mí. Ahí estaba...era un asco su modo de vida. Cada día llevaba un hombre nuevo a su hogar.

Era de noche, ella se levantaba para ir por una bebida y yo le seguí a paso lento. Finalmente después de tanto tiempo la tenía ahí...pude tal vez perdonarla, pero no. No lo merecía para nada.

«veo que no dejas el vicio...»

Mi voz resonó en su cabeza. Ella se alejó del refrigerador y miró a todos lados. Que ingenua, jamás iba a encontrarme. Suspiró y volvió a mirar hacía los alimentos. Realmente parecía que no ingería nada bueno.

«No me ignores. No estoy aquí por querer saludar»

Nuevamente miró a todas partes. En su gesto se notaba el miedo o la culpa, no sé que era pero eso la alteraba y me gustaba ese hecho.

- ¿qué...quién anda ahí? -preguntó comenzando a caminar de espaldas- tranquila...estás ebria, eso debe ser...-

«Siempre lo estás. Sólo que ahora, no es ningún sueño».

Recuerdo su rostro de miedo al verme. Su pálida cara de la cual caían lágrimas no tenía precio. Ella cayó de espaldas contra una pared y me acerqué sin miedo hasta estar frente a frente. Me iba a divertir.

- Hola...madre -

Ella, en respuesta parecía sonreír. ¿Qué le pasaba? iba a morir y parecía feliz. Jamás la iba a entender. Extendió sus brazos a mí mientras que se acercaba con duda, ahora quedando a escasos centímetros. Me estaba abrazando, en verdad me abrazaba. Durante todos estos años, ella sólo parecía odiarme, nunca me demostró cariño y ahora se le ocurría tremenda cosa... Exploté.

- Mi hermoso bebé Venus...te he echado tanto de menos...-sollozó aferrándose cada vez más a mí. En verdad me sorprendía mi propio autocontrol- no sabes cuanto te extraño. Te veo cada noche y me siento terrible por lo que hice...mi vida, lo siento tanto -

Y obviamente no iba a perdonarla después de todo lo que me hizo pasar e incluso por quitarme la vida. Ella no merecía piedad de ningún tipo. Alejé con delicadeza su cuerpo de mí y sus brazos. Me levanté y miré a mi alrededor, si encontraba una toma corriente sería perfecto.

- Susan...-

Dije su tono en voz baja, asegurándome de que sólo ella me escuchara. Logré encontrar un muy pequeño bisturí en uno de los muebles de la cocina. ¿Qué hacía ahí?. Me giré a verla, detallando su cuerpo. Las partes que mostraba de éste parecían tener pequeños cortes, unos abiertos y otros ya cicatrizados. ¿Acaso realmente se arrepentía? ¡claro que no! ella no siente nada. Lo tomé sin más dudas, pasando el filo por las yemas de mis dedos lastimados. Una tortura y la muerte no me vendría mal. Me acerqué de nuevo a ella, no parecía asustada en realidad. Al ponerme de cuclillas volví a mirar su cuerpo herido y de nuevo el bisturí. Tan idiota, lastimarse así es de cobardes. Puse una mano sobre su boca para que ni siquiera intentase gritar. Me miró exaltada, sin entender la situación. Una sonrisa se formó en mi rostro y comencé a pasar el filo por sus piernas.

- no hagas nada brusco o esto te dolerá aún más -

Declaré viendo sus fallidos intentos por hacer algo. Mi paciencia se colmaba, pero realmente necesitaba acabar con ella. Aún haciendo aquellos movimientos alejé mi vista de sus desesperados ojos, busqué un algo que me sirviera. Entre tanta utilería acumulada en sus trajes de noche logre visualizar un mazo. No uno falso, parecía y era real. Sus gritos me hicieron mirarla con enojo. Si ella no cooperaba, yo tampoco sería bueno.

- ¡Silencio! -

Grité enfadado llevando el bisturí a uno de sus ojos. Sólo comenzó a alterarse más y los gritos aumentaban. Debía admitir que eran un verdadero deleite, pero sus suplicas no ayudaban. Dejé el bisturí en el mismo lugar y me levanté. Tomé el mazo, aquel que tanto me estaba tentando apenas lo vi. Me fijé en mi madre, la cual estaba quitando con desesperación el bisturí de su cuerpo. Si tan sólo supiera que eso puede lastimarla mucho más.

- ¡No dije que podrías moverte! -llevé con fuerza el mazo hasta su espalda, golpeándola sin piedad un par de veces hasta que cayó al suelo. Me parece que la lastimé de más, pero me daba igual- aquí, quien da las ordenes seré yo.

Carraspeé después de darme cuenta que perdí el control. Pero debía admitir que, lo había disfrutado totalmente. Después de tantos años de dolor, ella sentía exactamente lo mismo o aún más. Abrí un cajón sin prisa, encontrando curiosamente más de un cuchillo. No parecía que podía moverse, así que tampoco podría escapar de lo inevitable. Coloqué uno de estos sobre sus piernas, justo la que sangraba gracias a los cortes antes hechos. Lo posicioné con el filo sobre su piel y sin dudar más, lo golpeé con el mazo haciendo que éste se clavará en la extremidad. Brotó sangre que ahora ensuciaba el suelo y a mí mismo, sin embargo seguía adorando cada segundo que pasaba.

Sus gritos no iban a cesar y de esto estaba seguro. Debía acabar ahora. Tomé otro cuchillo del mismo cajón y me dirigí a un cable que parecía conectado. Lo observé detenidamente, me convenció. Terminé por cortarlo a la mitad dejándolo expuesto a un verdadero peligro. Si cualquier humano lo tocaba, podría morir al instante...era perfecto. Me puse delante de ella mientras pedía piedad. La sangre caía por su cuenca y del otro lado, caían lágrimas de arrepentimiento y dolor.

- ¿ves esto? -cuestioné mostrándole el cable. Ella sólo asintió y yo volví a sonreír- esto, nos hará un favor a ambos.

Lo dejé frente a ella mientras que me incorporaba, busqué con la mirada alguna fuente de agua lo cual, no tardé en encontrar. Un simple vaso hacía la diferencia. Sujetándolo con fuerza regresé a la posición de antes, ahora tomando el cable con mi otra mano. Suspire, finalmente terminaría con esta pesadilla.

- a pesar de lo que me hiciste jamás pude odiarte. Sólo quería cariño -

Mi voz sonaba quebrada. No me dolía lo que había hecho recién, me dolía recordar esos momentos en los cuales hacía mi esfuerzo por que ella me demostrase algo de amor por una sola vez, pero claramente eso fue imposible. Estiró su mano hacía mi rostro y acarició mi mejilla. Se sentía tan extraño.

- Hijo...-habló con un tono de voz bajo, estaba afónica por gritar tanto y también por hacer sus grandes intentos de que su vida no se fuese tan rápidamente- sé....que fui la peor madre...p-pero me arrepiento tanto d-de lo que te hice...-

Su mano libre se dirigió a mi antebrazo y remango mi sudadera. Pasó con delicadeza sus dedos sobre las heridas que ella me había hecho tiempo atrás. Sollozó y me miró a los ojos, sus palabras parecían no estar vacías.

- Espero me puedas perdonar...-

Una muy diminuta sonrisa se hizo presente en su rostro. Vertí el liquido del vaso sobre ella y lo lancé lejos de mí, observando cómo moría con lentitud.

- Sólo queda decir que no me arrepiento de esto -

Y, con estas últimas palabras, acerque el cable hacía una parte mojada del cuerpo de la mujer. Cómo era esperado, comenzó a electrocutarse pero yo sólo me levanté mirando la escena con satisfacción. Sólo tomé el mazo entre mis manos y suspire. Me acerqué a una ventana para salir por esta, alejándome del lugar, librándome de toda culpa. Al día siguiente la muerte fue noticia. Los que decían haber visto algo simplemente eran ignorados pues, ante el publico sólo hablaban disparates.

Ese día, al momento de cumplir con mi gran deseo de cobrar lo que me hizo, junto con ella murió lo que quedaba de Venus Miller. El niño temeroso y agredido había dejado de existir en su totalidad, ahora estaba yo. Aquel ser el cual disfruta los baños de sangre, el que ama perturbar mentes y electrocutar personas. Ese soy yo. Alguien que se propaga a través de la electricidad del cual es casi imposible escapar. Cuando me veas, huye si te es posible. Pues sino, antes de que puedas hacer algo, yo me habré metido en tu cabeza, cómo un virus.

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