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Era un tiempo de lluvia, las gotas recorrían la ventana donde una niña contemplaba la lluvia a través del vidrio. El nombre de aquella niña es Elizabeth. Elizabeth Abigail Vazquez una  pequeña de tan solo 9 años de edad. Ella era educada y amigable, pero era tímida y algo miedosa, su vida fue totalmente tranquila como cualquier niño que son amados por sus padres, sus padres le daban el amor suficiente para que ella sea feliz, ella era la pequeña princesa de papá y mamá, sobre todo por parte de su padre, Simon.

Sus ojos eran de color verdes esmeralda, su cabello era oscuro y largo que le llegaba por toda su espalda hasta la cintura. Su padre Simon la trataba como su hermosa princesa, la protegía y siempre intentaba hacerla reír con sus tonterías, no se imaginaba un mundo sin su hermosa niña. Su madre Caroline, era igual que Simon solo que no exageraba tanto como él, pero le divertía mucho como trataba a Elizabeth. Aunque tristemente no iba a durar por mucho tiempo. 
Elizabeth by CristinaMedrano

Todo comenzó cuando su padre invitó a su hermana Silvia a vivir en su casa, Silvia acabó peleando con su marido y tuvo que irse de la casa por unos cuantos días, la situación le deprimía demasiado a aquella mujer. Silvia solía actuar extraño cerca de la pequeña Elizabeth, Eliza no podía entender porque su tía actuaba de esa manera tan particular con ella, su tía siempre se notaba nerviosa cada vez que hablaba con ella, le daba escalofríos.  Cuando su tía se alejó de ella por un rato, luego su padre se le acercó.

– Nunca te he dicho, pero es que tu tía no puede tener hijos. Le atormenta el hecho de que yo tenga a una hermosa hija a quien amar y cuidar. No pienses que tu tía es extraña cariño, solo es algo paranoica por la situación que está pasando, ella siempre quiso ser madre. – Dijo su padre con un  tono calmado y amigable, estaba acariciando el cabello de la pequeña mientras sonreía.

Elizabeth sonrió tranquila y confiando las palabras de su padre. Ella volteó para seguir viendo la lluvia y las gotas de agua que acariciaban el vidrio de la ventana, sin mencionar el cielo gris y las nubes que ocultaban el sol, se quedaría ahí viendo hasta que escampara.  

Pasaron días y aún Silvia vivía con ellos. Era de noche, Elizabeth no podía dormir solo se quedó viendo televisión en la sala, era normal que no pudiera dormir en algunas cuantas noches. Ahí la pequeña sintió pasos que se escuchaban desde las escaleras, ella giró su cabeza para poder ver quien caminaba por allí, era su tía. Un día después, la pequeña ya no estaba en la casa ni tampoco Silvia.

Simon y Caroline estaban asustados, desesperados, Simon llamó a emergencias para que lo ayuden a encontrar a su niña. Simon no podía mantener la calma, quería encontrar a su hija lo antes posible. Simon decidió llamar a su hermana, ya que sabía con exactitud que ella tendría a su hija secuestrada. 
Legless Elizabeth

–  ¡Silvia!, ¡sé que tienes a Eliza, devuélvela! – Dijo aquel padre desesperado en el teléfono amenazando a su hermana para que  devolviera a su niña. No sabía que decir, no podía creer que ella fuera capaz de ello.

Aun así su hermana no le respondió, ella cortó la llamada y volteó a mirar a su pequeña sobrina  abrazando una almohada. Ella tenía miedo, no sabía cómo reaccionar, temblaba, intentaba evitar mirar a Silvia ya que sentía pánico con solo verla, aquella mujer se acercó a la pequeña niña acariciando su mejilla, ella sonreía. Al igual que ella, temblaba y se notaba nerviosa cuando veía a Eliza.

– Si no puedo tenerte por completo. . . Supongo que mi hermano y yo tenemos que compartir. – Habló su tía mientras aún seguía sonriendo, comenzó alejarse de ella y subió a las escaleras, del sótano donde estaban.

Pasaron minutos. Aún la pequeña estaba en el mismo lugar donde la dejaron, una mesa de madera, intentaba aguantar las ganas de llorar. Luego de esperar un tiempo, su tía bajó, bajó con una cierra eléctrica. – Solo quiero compartir cariño. – Habló la mujer.  Encendió la cierra y ahí comenzó el infierno para la pequeña. Se oían gritos, llantos de agonía cada minuto que pasaba era un completo infierno para ella, le estaban cortando las piernas con esa máquina.

La policía descubrieron que Silvia Vazquez estaba en la casa donde vive con su marido, el marido de Silvia fue el primero quién vio la terrible escena cuando llegó a casa después de trabajar, él fue quien llamó a emergencias. El grupo policial observó el cuerpo sin vida de la niña de 9 años abrazando fuertemente una almohada de color blanco, sus piernas fueron desmembradas y horas después había muerto por pérdida de sangre, después  que sus piernas hayan sido cortadas. Mientras que en otra esquina del sótano vieron a Silvia abrazando y acariciando las piernas desmembradas de su sobrina,  estaba sonriendo.

– ¡Buenas noches mamá! – Dijo la joven universitaria que deseaba las buenas noches a su madre. Después de apagar todas las luces de la casa, comenzó a oír un pequeño llanto que cada vez se hacía más fuerte cada segundo que pasaba, también podía oír a esa persona tosiendo mientras lloraba, estaba detrás de ella. 
Dont look under your bed commish by akuma niuk-db8hckc

La universitaria tragó saliva y giró su cabeza con lentitud para poder mirar atrás, tenía escalofríos, sentía miedo. Cuando terminó de girarse su cuerpo quedó congelado. Observó a una pequeña niña,  tenía un lazo de color blanco que se sostenía en su cabello, el iris de sus ojos eran de color blancos y el color de sus cuencas eran de color gris, la niña abrazaba con fuerzas una almohada de color blanco que al igual que su ropa estaba manchada de sangre. Lo que le llamaba la atención a la chica es que la niña no tenía piernas, estaban cortadas, ella dejaba un hilo de sangre por parte de su falta de piernas.

La pequeña de cabello oscuro comenzó a mirar a la universitaria mientras que las lágrimas acariciaban sus mejillas. Comenzó arrastrarse y estiraba su brazo hacía la chica mientras sostenía la almohada con su otro brazo, la pequeña temblaba y la miraba fijamente con un rostro de pánico, cada gota de sus lágrimas caían al suelo. Intentaba hablar pero se veía muy débil para hacerlo, pero pudo decir algunas palabras.

–  ¿Dónde están mis piernas? Ayúdame. . . Por favor. . .–